domingo, 22 de enero de 2017

El Código hitita (6)

Aspectos relacionados con la Historia de las mentalidades
La configuración de la familia

Entre los aspectos más llamativos del Código cabe destacar el relativo al matrimonio, siendo uno de los pocos apartados donde podemos tener una imagen aproximada sobre la configuración de la familia hitita. La serie comprendida entre los artículos 26 y 36 [1] de la Tablilla I (a los que se añade el artículo 175 que habla sobre el matrimonio irregular) inciden tanto en la cuestión de la dote como en las formas en las que debían establecerse las uniones (compra de la novia o rapto), así como su disolución. El anteriormente citado artículo 37 trata también sobre el rapto de una mujer a manos de un hombre pero, al matar este a aquellos que parten tras su busca y ser declarado enemigo de la sociedad, el epígrafe queda englobado dentro de la categoría de Homicidios no castigados [2]. Pese a todo, resulta interesante comprobar hasta qué punto la cuestión del matrimonio podía desembocar en hechos tan trágicos.

En los últimos epígrafes correspondientes a la Tablilla II, encontraremos cuestiones como la viudedad (artículo 193), las relaciones sexuales entre parientes cercanos y esclavos (artículos 189, 190, 191, 194 y 195) y la infidelidad (artículos 197 y 198). Encontramos también algunas cuestiones que hablan sobre el papel desempeñado por los hijos: mientras que el artículo 175 trata sobre la condición que tendrían los niños nacidos de la unión entre una mujer libre y un hombre de baja extracción social, el artículo 171 versará sobre la capacidad de una madre para desheredar a un hijo. La cuestión de los hijos también planeará en los artículos 31, 32 y 33, estando vinculada con la separación de la pareja.

El matrimonio

En lo que respecta al matrimonio, y a semejanza de lo que ocurría en otras sociedades, tanto el padre como el esposo hititas eran los dueños de la casa familiar y los bienes. De ahí que la unión entre un hombre y una mujer dependiera exclusivamente del primero y fuera un acto unilateral. Así, el matrimonio se llevaba a cabo mediante la compra de la novia o bien recurriendo a la fuga o al rapto, conceptos de los que ya hemos hablado en el apartado anterior. Que haya dos artículos dedicados a  este delito (concretamente, los correspondientes al 28 y el 37) ya nos hace pensar que, si bien no era un práctica común, sí es cierto que era preciso limitarla y sancionar a los culpables (así como “indemnizar” a los perjudicados, entre los que se incluiría el novio).  
Sobre este último punto, quizá los esclavos fueran el colectivo más propenso a la hora de efectuar estas prácticas, ya que no siempre podían efectuar el pago de la novia. La mayoría de los artículos tratan precisamente de la regulación de las uniones entre esclavos e individuos libres.
Para Alonso Royano [3], el hecho de que la sociedad hitita fuera tan heterogénea (algo motivado por el contacto que mantuvieron con otros pueblos de su entorno), permitió las uniones entre individuos de diferente extracción social. Este planteamiento es compatible con la baja densidad de población que sufrió el imperio durante el Reino Nuevo (asediado por una permanente epidemia que se inició con el reinado de Shuppiluluima I y que se prolongó durante el mandato de sus sucesores), la cual era paliada con las incursiones militares que los hititas organizaban hacia los reinos limítrofes y que incluían la captura de prisioneros de guerra

De todos modos, resulta llamativo observar cómo los esclavos podía contraer matrimonio con mujeres libres y cómo el Código trataba de regular cómo debían establecerse esas uniones, así como la condición social en la que se encontraría la mujer una vez casada. La cuestión de cómo debían llevarse a cabo los esponsales es muy importante, puesto que todo debía hacerse según lo establecido. En caso contrario, la aplicación de la ley podía tener serias consecuencias para la pareja. El caso de los artículos 34 y 35 es muy elocuente:

34. Si un siervo paga el precio de la novia por una mujer (libre) y la toma como esposa, nadie cambie su estado social.
35. Si un administrador o un pastor rapta a una mujer libre y no paga por ella el precio de la novia, ella se hace sierva por tres años.
A primera vista, vemos que existe una contradicción entre ambos epígrafes, puesto que en los dos casos una mujer es desposada por un esclavo (artículo 34) o bien por un individuo perteneciente a un grupo inferior (tal y como reza el artículo 35, deducimos que el oficio de pastor no estaba bien considerado). La clave que diferencia a ambos enunciados se encuentra en el siempre presente pago de la dote (llamada kusata por los hititas). Un esclavo podía casarse con una mujer libre siempre y cuando pagase su precio correspondiente. De ser así, la esposa seguiría manteniendo la libertad. En caso contrario, quedaría reducida a la categoría de esclava durante un período de tres años. La misma idea se repite en el artículo 175:

175. Si un ovejero o un administrador toma a una mujer libre, ella se vuelve sierva, en el segundo o cuarto año (respectivamente) […].
Ante casos así, debemos incidir en la importancia que tenía la dote para los hititas (es preciso distinguir entre la propia kusata y la tradicional dote que la familia de la novia proporcionaba al novio). La entrega de la kusata se hacía al cabeza de familia o, en ausencia de este, al hermano varón de mayor edad. La kusata garantizaría el compromiso y salvaguardaría los intereses de ambas partes, aun cuando la ceremonia no llegase a celebrarse [4]. En todo caso, los progenitores de la novia podían anular el contrato matrimonial para otorgar la mano de su hija a otro hombre. Para ello, estaban en la obligación de devolver el doble de la kusata, tal y como dice el artículo 29 (“Si una joven se compromete con un hombre y él ha pagado por ella el precio de la novia y luego los padres rompen el compromiso, entonces la separan del hombre pero le indemnizan el doble del precio de la novia”). Por su parte, el novio perdería la kusata si era él quien optaba por romper el compromiso, quedándose la familia con la dote (Artículo 30: “Y si el hombre aún no ha tomado a la joven y por su parte la rechaza, entonces renuncia al precio de la novia que había pagado”).

Si tenemos en cuenta el celo que guardaban los hititas para los rituales, resulta extraño no encontrar ninguna referencia en el texto a cómo debía de hacerse la ceremonia. No obstante, sí nos han llegado evidencias arqueológicas e iconográficas. Tal es el caso de los restos hallados en Bitik, entre los cuales destaca un vaso de cerámica. Con una antigüedad que se remonta en torno al 1600-1400 a. C., uno de los relieves que componen la pieza nos muestra a una pareja en actitud ceremonial. Pese a que desconocemos el contexto de la escena [5], para Alonso podría tratarse de una pareja que está a punto de contraer matrimonio, si bien también nos ofrece la posibilidad de que se tratase de un padre bendiciendo a su hija y ungiendo su frente con aceites perfumados. En cualquier caso, esta escena nos deja claro que, al igual que otros aspectos de la vida cotidiana hitita, el matrimonio también estaba ritualizado [6].

Una vez casada, la mujer podía marcharse a vivir a la casa de su marido o bien quedarse en la de sus padres. De optar por esta posibilidad, los hijos de la pareja heredarían el apellido de la madre, lo cual ha servido de base a algunos autores para explicar el creciente poder de la mujer en la sociedad hitita [7], algo que puede verse tanto en su panteón de dioses (donde las entidades femeninas era muy numerosas) como en ciertos aspectos del Código (el hecho de que en los artículos 28 y 29 se haga referencia a ambos progenitores -utilizando el término “padres” en plural- puede implicar que la figura de la madre tuviera una gran relevancia dentro del hogar [8]).
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1. Bernabé y Álvarez Pedrosa catalogan esta serie dentro de un apartado que denominan “Derecho de familia”.
2. “El rapto se producía a veces con muchas complicaciones, a menudo sangrientas” (CONDOMINAS, 1972, p. 369).
3. ALONSO ROYANO, Félix, El régimen matrimonial en el Código de Hattusas, Espacio, Tiempo y Forma (Serie II, Historia Antigua), 1993, nº 6, 47-58 páginas.
4. ALONSO ROYANO, 1993, pp. 52-53.
5. Alonso Royano cita a Bittel y no descarta de que se trate de una escena mítica protagonizada por dioses.
6. ALONSO ROYANO, 1993, p. 53.
7. CONDOMINAS, 1972, p. 369.
8. Lo que entra en contradicción con lo que anteriormente expuesto. Como ya hemos comentado, en cuestiones como el pago de la kusata solo participaban los hombres. Al igual que había sucedido en otras sociedades del mundo antiguo, las mujeres continuaron supeditadas a la figura masculina.

sábado, 21 de enero de 2017

El Código hitita (5)

Robos y daños a la propiedad

Las leyes que regulaban y castigaban el delito de robo y daños hacia las propiedades aparecen mayormente en el segundo bloque. Comienza con los robos de ganado, sigue con los incendios de propiedades y el robo de productos agrícolas y termina con el robo de arcilla, siendo este último castigado por sentencia del rey, ya que esa arcilla puede ser utilizada para fabricar figuras (consideradas en esta sociedad como brujería, uno de los delitos más graves). 

Las penas para el culpable consistían en compensaciones hacia la víctima, teniendo el infractor que entregar una cantidad superior a la que robó (ya fuera una compensación monetaria, en especie, en animales, etc.). Normalmente la multa solía ser pagada con el mismo objeto que originó el robo. Si el delincuente robaba arcilla, la multa sería pagada en arcilla.

Las leyes sobre el robo de ganado tienen una clasificación gradual descendente en referencia al tipo de ganado (bovino, equino, ovino, hasta terminar con las abejas) y una estructura para el tipo de delito, la cual comienza con el robo, el hallazgo, la muerte, las lesiones, la fuga y las indemnizaciones. 

57. Si alguno roba un toro, si es recién nacido no es un toro; si tiene un año, no es un toro; si tiene 2 años es un toro. Antaño debería dar 30 (cabezas de) ganado. Ahora dará 15 cabezas de ganado: 5 de dos años, 5 de un año y 5 crías; y así restituirá.
67. Si alguno roba una vaca, antaño debía dar 12 reses; ahora debe dar 6: 2 de dos años, 2 de un año y 2 crías; y así restituirá.
73. Si alguno mata y descuartiza a un buey vivo [1] ese hombre es en justicia un ladrón.
74. Si alguno quiebra el cuerno o las patas de un buey, debe tomar a ese animal y dar al dueño del buey otro en buen estado. Pero si el dueño del buey dice: "Prefiero mi propio buey", podrá tomarlo y el otro hombre pagará al dueño 2 siclos de plata.
81. Si alguno roba un cerdo cebado, antaño debía dar 1 mina de plata. Ahora debe dar 12 siclos de plata; y así restituirá.

En el caso de que un hombre hallase un animal, y si este no era requerido por su dueño, podía quedárselo con una autorización anterior. No obstante, si el dueño lo reconocía no tenía más remedio que devolverlo. 

71. Si alguno encuentra un buey o una mula, debe conducirlo a la Puerta del rey. Si se lo encuentra en el campo, los ancianos pueden dejarlo bajo su custodia y él puede ungirlo para trabajar. Cuando el dueño lo encuentre, puede tomar su animal con todo derecho, pero no puede detenerlo por ladrón. Si los ancianos no lo habían dejado bajo su custodia, sí se hace ladrón.
Los daños en propiedades privadas abarcaban el robo y los incendios, principalmente en casas y graneros. Se repite la misma diferenciación entre hombres libres y esclavos vista en leyes anteriores aplicándose, en este caso, la amputación de la nariz y las orejas al esclavo. La pena para el asaltante era normalmente reponer lo robado más una cantidad determinada, así como reconstruir la propiedad si esta era destruida o reponer lo que había dentro más otra cantidad.

94. Si un hombre libre asalta una casa, debe devolver los bienes según la ley. Por el robo antaño pagaba 1 mina de plata; ahora sólo pagará 12 siclos de plata. Si él roba mucho, se lo impondrá pena más cuantiosa, si roba poco se le impondrá pena más ligera; y así restituirá.
95. Si un esclavo asalta una casa, devolverá los bienes según la ley. Por el robo pagará 6 siclos de plata. También se cortarán las orejas y nariz del esclavo y se le devolverá a su dueño. Si él roba mucho, se lo impondrá pena más cuantiosa, si roba poco se le impondrá pena más ligera. Si el dueño dice: 'Yo compensaré por él', puede hacer compensación; si él rehúsa, perderá el esclavo.
100. Si alguno prende fuego a un henar, alimentará al ganado del dueño y repondrá en la siguiente primavera, debe también reformar el cobertizo. Si no había nada en él sólo debe reconstruirlo.

También existían leyes sobre robos de objetos particulares o de casos concretos como, por ejemplo, el robo de banderas y armas que eran propiedad del estado. Para este último caso la pena era la muerte. Tenemos constancia de que también se robaban piedras para la construcción y herramientas de artesanos.

126. Si alguno roba una bandera de guerra de la Puerta del Palacio, pagará 6 siclos de plata. Si alguno roba una lanza de bronce en las puertas del Palacio, será muerto. Si alguno roba un alfiler de cobre, debe dar medio parisu de grano. Si alguno roba el hilo para un traje, debe dar un traje de lana.

La ley sobre robos y daños en huertas y cultivos tienen la misma estructura que la anterior, aunque aquí no existen diferencias entre esclavos y hombres libres y las multas son monetarias o de reposición.

102. Si alguno roba madera de un embalse, si es por un talento de madera, pagará 3 siclos de plata, si es por 2 talentos de madera, 6 siclos de plata; si es por 3 talentos de madera, es un caso para el tribunal del rey.
103. Si alguno roba plantas en cultivo, si es por valor de una vara de plantas, las replantará y pagará un siclo de plata; si son por dos varas de plantas, las replantará y pagará dos siclos de plata.
106. Si alguno hace fuego en un campo y deja que pase al campo cultivado de su vecino y se prende fuego ese campo; el que prendió el fuego debe tomar el campo quemado y dar a cambio un campo bueno al dueño dañado y la siguiente cosecha será para éste.

Existía una ley concreta que determinaba el hecho de que si una persona encontraba algo y no era reclamado, podía quedárselo; sin embargo, si lo encontraba y no buscaba a su dueño y este lo descubría, el primero se convertía en un ladrón.

45. Si alguno encuentra herramientas, debe devolverlas a su dueño y éste le recompensará. Si no las devuelve, se hace ladrón. Si alguno encuentra herramientas o un buey, oveja, caballo o asno, debe llevar lo hallado a su amo y devolverlo. Si no puede hallar al dueño y lo acredita con testigos y luego el dueño ve lo hallado en poder del hallador, habrá perdido lo que extravió, de acuerdo con la ley. Pero si el hallador no aseguró con testigos su intento de hallar al dueño y, luego, el dueño lo halla, se hace ladrón y debe hacer compensación de tres reses.

El agua es un recurso clave para la economía para cualquier estado, por lo que estaba penado cualquier acto de contaminación o alteración de su curso. La multa solía tener un carácter monetario.
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1. Se entiende que no es suyo.

viernes, 20 de enero de 2017

El Código hitita (4)

Violencia y lesiones

Los delitos que legislaban las lesiones producidas por violencia, tenían una clasificación descendente según su gravedad, siendo el más grave el cegar a un oponente, seguidos de la pérdida de dientes, los golpes en la nariz y el aborto provocado. Esta clasificación la entendemos según el grado de discapacidad en el que quedaba el afectado (si quedaba ciego no podía trabajar, con lo que se convertiría en un individuo improductivo; la rotura de dientes, por su parte, disminuía su capacidad de alimentación; entre otros). Si el afectado era un cabeza de familia, el agresor debía cuidar de él y su familia hasta que este se recuperara.

7. Si alguno deja ciega a una persona libre o rompe sus dientes, antaño pagaba una mina de plata, pero ahora pagará veinte siclos de plata; y así restituirá.
7b. Si alguno deja ciego a un hombre en una pelea, pagará una mina de plata. Si ello ocurre sólo por azar, pagará veinte siclos de plata.
8. Si alguno deja ciego a un hombre o mujer esclavos o arranca sus dientes pagará diez siclos de plata; y así restituirá.
10. Si alguno golpea en la cabeza a una persona y resulta enferma, debe cuidarla. En su lugar debe proveer a un hombre, que trabajará a su costa en la casa hasta que se recupere, deberá pagarle seis siclos de plata y pagar los servicios del médico.

Pese a todo, si la lesión era provocada en una pelea, la pena sería menor. Las compensaciones solían ser monetarias, siempre diferenciando si la víctima y el ejecutor eran un hombre libre o un esclavo, o si el acto era premeditado o involuntario.

15 y 15 b. Si alguno desgarra la oreja de un hombre libre, pagará doce siclos de plata.
16. Si alguno desgarra la oreja de un esclavo, hombre o mujer, pagará tres siclos de plata.
En el caso particular del aborto provocado, existe una diferencia entre los meses de gestación, siendo la pena considerablemente mayor si el embarazo estaba muy avanzado. También había que tener en cuenta si la madre era libre o esclava.

17. Si alguno causa aborto a una mujer libre; si estaba en el décimo mes [1] de embarazo pagará diez siclos de plata; si estaba en el quinto mes, pagará 5 siclos de plata; y así restituirá.

Sobre el rapto

Tras el asesinato y las agresiones, las leyes que regulaban el rapto o el secuestro ocupan el tercer puesto entre los delitos que conforman el Código. En este caso nos encontramos con una novedad, puesto que, aparte de las diferencias en la pena que podría haber entre hombres libres y esclavos, vemos que la amonestación depende de si el secuestrador o el secuestrado proceden de Hattusa, la capital, teniendo estos más privilegios que los demás habitantes del imperio.

19. Si un luvita secuestra a una persona libre, hombre o mujer, de Hattusa y la saca a Arzawa, cuando su dueño lo persiga y lo encuentre, el secuestrador debe darle su fortuna entera. 
19b. Si aquí en Hattusa un hitita secuestra a un luvita libre y lo saca a Luwiya, antaño daba doce cabezas, pero ahora dará 6 cabezas y así restituirá.

Sobre las fugas

La legislación sobre la huida de esclavos trataba básicamente las compensaciones que recibía quien encontraba al esclavo y lo devolvía. Con respecto a las compensaciones, estas variaban según la distancia en la que se hallara al esclavo, siendo la recompensa mayor cuanto más lejos se encontraba el fugitivo de la casa de su dueño. La compensación podía incluir la adquisición del propio esclavo. También existía una diferencia dependiendo de su procedencia.

22. Si un esclavo escapa y alguno lo devuelve: si fue hallado en las cercanías, el dueño debe darle un par de zapatos. Si lo halló a este lado del río [2] debe darle dos siclos de plata; y si lo halló más allá del río, debe darle tres siclos de plata.
23. Si un esclavo escapa y va a la tierra de Luwiya, el dueño debe dar a quien lo devuelva seis siclos de plata. Si un esclavo escapa y va a un país enemigo, el que lo recupere tomará el esclavo para sí.

Sobre la pena que recibía el esclavo debido a su insubordinación, derivada o no de la fuga, no está del todo clara. Según la redacción más antigua, la pena consistía en una especie de acto de purificación, pero recientemente se plantea que el esclavo era introducido en un caldero o recipiente de arcilla [3] para ser ejecutado, lo cual entraría en conflicto con la artículo 23, ya que si el esclavo huía (es un acto de rebeldía hacia su amo) y era reclamado por su dueño, resultaba muy complicado que fuera condenado a muerte, ya que cambiaba de amo.

Posteriormente, y con respecto a las relaciones exteriores desarrolladas por los monarcas hititas, se firmaron tratados con los reinos limítrofes para establecer así unas mejores relaciones entre un reino y otro, los cuales incluían aspectos relativos al vasallaje, los pactos de no agresión, las alianzas, etc. En algunos documentos se pueden observar apartados que tratan sobre individuos que cometen un delito y huyen al país vecino. En tales acuerdos, los monarcas pedían la devolución del fugitivo a su país de origen o bien al lugar donde hubiera cometido el delito para que fuera juzgado. No obstante, no todos los tratados siguen la misma estructura: por un lado tenemos el tratado de alianza entre Hattušili III y Ramsés II de Egipto [4], donde la entrega de los fugitivos, independientemente de su condición, es recíproca; por otro lado, tenemos el tratado de vasallaje entre Suppiluliuma I y Aziru de Amuru [5], donde su devolución solo es llevada a cabo por parte del vasallo (posiblemente debido a que el rey hitita era señor del rey amorreo y no tenía la obligación de rendir cuentas a este último). Este caso concreto presenta diferencias con respecto al anterior tratado, donde los dos monarcas eran independientes y poseían la misma condición al ser los máximos dirigentes de sus estados.
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1. Lunar.
2. Según las notas tomadas por Álvarez Pedrosa y Bernabé, se supone que es el río Halys.
3. En la edición de Álvarez Pedrosa y Bernabé.
4. Bernabé y Álvarez-Pedrosa, 2004, pp. 228-237.
5. Bernabé y Álvarez-Pedrosa 2004, pp. 88-91.

jueves, 19 de enero de 2017

El Código hitita (3)

Leyes contra todo tipo de delitos: el hurto, el asesinato, actos violentos... 

Asesinatos y homicidios

Los primeros artículos del Código están relacionados con delitos tan graves como el homicidio. Los epígrafes aparecen clasificados con una gradación descendente en referencia a si el que comete el delito es un hombre o un esclavo, si la víctima es un hombre libre o un esclavo (ya que no era igual la pena si el culpable era un hombre libre y la víctima era un esclavo u otro hombre libre y viceversa). Se hace hincapié en la devolución del cuerpo a su familia por parte del agresor. También existe una diferencia bastante notable: si el acto es voluntario o involuntario. Si nos atenemos a la traducción, los artículos siempre terminan con la fórmula “y así restituirá”, que quiere expresar el derecho de los afectados a hacer cumplir la pena. Si el homicidio ocurría durante una pelea, la pena impuesta sería menor.

1. Si alguno mata a un hombre o a una mujer en una disputa, el homicida debe devolver su cuerpo a su descendiente, o heredero y darle cuatro cabezas [1], hombres o mujeres; y así restituirá [2].
2. Si alguno asesina a un hombre o a una mujer esclavos en una disputa, el homicida debe devolver su cuerpo a su descendiente o heredero y dar dos cabezas hombres o mujeres, y así restituirá.
3. Si alguno golpea a un hombre o a una mujer libres de forma que ella muere y ello ocurre solamente por error [3], el agresor debe devolver el cuerpo a su descendiente o heredero y darle dos cabezas como compensación.
174. Si un hombre lucha con otro y uno de ellos es muerto, el homicida debe dar una cabeza al heredero.

Si la víctima era un mercader, la multa era considerable (más adelante se verá la importancia que tenían los mercaderes en la cultura hitita). También dependía del lugar donde se cometía el delito, pues era lógico que el cuerpo no se devolviera si estaba muy lejos de su lugar de origen, ya que podía pudrirse durante el viaje de regreso. Lo mismo ocurría cuando era un hombre libre el que estaba lejos de su hogar. En este caso, en vez de una compensación monetaria, el heredero de la víctima recibía tierras. 

5. Si alguno asesina a un comerciante hitita, pagará cien minas de plata; y así restituirá. Si el crimen se comete en el país de Luwiya o en el país de Pala, el asesino pagará cien minas de plata y hacer compensación por sus bienes. Si el crimen se cometiera en el país de Hatti, debe [4] devolver él mismo el cuerpo del comerciante a su descendiente o heredero.

En el artículo 37 se nos dice que no había una compensación para aquellos que saliesen en búsqueda de una mujer en apuros y sufrieran una agresión por parte de su secuestrador (que también podría ser su amante, tal como veremos en el apartado correspondiente a las fórmulas matrimoniales). Ocurría lo mismo si en una pelea un tercero entraba en la discusión y caía muerto. Todo nos lleva a pensar que las intromisiones en los asuntos de la Justicia no estaban bien considerados, puesto que era la Justicia la que debía aplicar el castigo consecuente.

37. Si alguien se fuga con una mujer y un grupo va tras ellos; si dos o tres hombres mueren en la persecución no habrá compensación. Se le dirá al fugado: te has convertido en un lobo [5]. 
38. Si varios hombres están en una pelea y uno va a ellos para ayudar a uno de ellos; si el rival irritado en la pelea golpea al llegado y éste muere, no habrá compensación.

Existen casos particulares de homicidios que parece que fueron añadidos inmediatamente después de haber sucedido, ya que no tienen una legislación clara sobre el procedimiento que debía  llevarse a cabo.

43. Si un hombre vadea un río con su buey y otro hombre le hiere con un instrumento afilado y aquél se coge a la cola del buey y cruza el río, pero el río se lo lleva aguas abajo, las autoridades tomarán al asesino.

Por último estaban las ejecuciones legales, directamente ordenadas por el rey. Las leyes de ejecución eran raras en el código hitita, siendo los únicos delitos castigados con la muerte la desobediencia y el incumplimiento de las decisiones de un dignatario (especialmente si era al rey al que se desobedecía). La pena también incluía la ejecución de la familia del culpable.

173a. Si alguien incumple la decisión del rey en un juicio, su casa se convierte en escombros6. Si alguien incumple la decisión de un dignatario, se le corta la cabeza.
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1. No está claro a que se refiere, pero posiblemente se trataría de esclavos.
2. También aparece traducido como “y por ello él mira a su casa”.
3. Sin premeditación.
4. Además de lo anterior.
5. Se convierte en enemigo público.

miércoles, 18 de enero de 2017

El Código hitita (2)

Características del Código

A la hora de redactar sus documentos, los hititas recurrían a los más variados soportes. La mayoría de los textos hallados en el registro arqueológico fueron redactados en barro cocido, si bien es cierto que hay referencias a documentos escritos sobre oro, plata y bronce (como es el caso de los tratados internacionales). Por otro lado, los hititas practicaban una escritura tanto cuneiforme como jeroglífica, siendo esta última empleada sobre soportes de piedra [1]. En cualquier caso, los textos que han llegado hasta nosotros son copias destinadas al archivo estatal ubicado en Hattusa, la capital del reino. 

Las primeras referencias que tenemos sobre la documentación hitita se las debemos a Hugo Winckler (1863-1913), arqueólogo de origen alemán que en 1906 descubrió entre las ruinas de Hattusa el archivo real, compuesto por aproximadamente 13.000 tablillas escritas en diferentes lenguas. Si bien parte de las tablillas estaban redactadas en babilonio, la mayoría lo estaban en un idioma desconocido hasta entonces. Lamentablemente, Winckler moriría sin haber descifrado el contenido de aquellos documentos, siendo Bedřich Hrozný (1879-1953) quien continuaría su legado. Durante los siguientes años Hrozný no solo sentaría las bases de la gramática hitita, sino que además se encargaría de traducir las tablillas descubiertas por Winckler, entre las que figuraría el propio Código.

Bedřich Hrozný.

El Código hitita no solo es uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX, sino que además es una de las fuentes más destacadas para el estudio de la Historia de Derecho. Está dividido en dos tablillas, si bien algunos historiadores utilizan el término “serie” [2]. A estas dos piezas se les añade una tercera muy fragmentada y de la que carecemos de información. Compuesto por un total de doscientos artículos, el Código trata cuestiones tan dispares como el robo, el asesinato, la forma en la que debía instituirse el matrimonio o cómo debía regularse el comercio. A través de su estudio podemos conocer determinadas características de la sociedad hitita, como las diferencias existentes entre hombres libres y siervos. 

Resulta llamativo ver cómo las penas que se imponían a los individuos que infringían la ley eran mucho más leves si se comparan con otros documentos legislativos de Oriente Próximo. La pena de muerte solo era aplicada en casos muy concretos, entre los que se contaban las relaciones incestuosas y la infidelidad femenina (si bien es cierto que el marido podía perdonarle la vida a su esposa). En esta misma línea, la ley del Talión que contempla el Código de Hammurabi era sustituida en la legislación hitita por una serie de compensaciones económicas que el infractor debía pagar, tal y como veremos en el epígrafe dedicado a la violencia y las lesiones.

La estructura de los artículos suele seguir el mismo esquema: a la conjunción condicional “Si” se le añade el delito cometido por el individuo y la pena que se le debe imponer. Llama la atención que se haga referencia tanto a temas trascendentales como a otros de carácter nimio. Según Bernabé y Álvarez-Pedrosa, el texto tendría un carácter ceremonial, lo que haría que algunas de sus leyes se leyesen en voz alta a la hora de dictar la sentencia. A eso se le añade lo reiterativo de algunas de sus fórmulas, lo cual facilitaba su memorización. Cabe destacar también el carácter desordenado de su redacción. Si bien los artículos de la primera tablilla siguen un orden lógico, hacia mitad de la segunda tablilla nos encontramos con otros artículos a modo de apéndices (es el caso del artículo 174 y su relación con las penas comprendidas entre el artículo 1 y el 6, las cuales versan sobre el homicidio; o el artículo 175, que perfectamente podría incorporarse a los de la serie correspondiente al Derecho de Familia de la serie 26-36) y que rompen la uniformidad del conjunto.
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1. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, pp. 20-21.
2. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 166.

martes, 17 de enero de 2017

El Código hitita (1)

Planteamientos y objetivos. Metodología de trabajo

Mediante la bibliografía recomendada por el profesor (entre la que destacan los manuales de Trevor Bryce [1] y el recopilatorio legislativo de Alberto Bernabé y Juan Antonio Álvarez-Pedrosa [2]) nuestra intención es realizar una aproximación al mundo hitita a partir del análisis de su Código legislativo para, posteriormente, ser capaces de reconstruir las particularidades de su sociedad. Para ello también hemos contado con otros manuales [3] y textos de apoyo [4] que nos han servido para comprender mejor el contexto histórico en el que se enmarca el documento, así como para familiarizarnos con conceptos propios del Derecho y de nuestra disciplina. Del resultado de tales lecturas y su puesta en común (previo análisis crítico) ha nacido este trabajo.

Con el fin de facilitar nuestra labor, hemos dividido los epígrafes que aparecen en el Código en tres áreas de estudio: 1) las leyes que abarcan el asesinato, las agresiones y el robo, dentro de las cuales hemos incluido aquellas que afectaban a los fugitivos que huían del reino (un delito muy común en la época debido a las responsabilidades fiscales que los súbditos tenían con los monarcas [5]); 2) las leyes relacionadas con la Historia de las Mentalidades y que comprenden desde la configuración del matrimonio hasta la forma en la que debía regularse el divorcio, pasando por el tabú del sexo y el poder de la religión; y 3) las leyes relacionadas con el apartado económico, que incluyen los precios que debían fijarse por el ganado (especialmente los animales de tiro) y cómo debía regularse el alquiler de las propiedades. Todo ello nos llevará a entender cómo concebían los hititas la servidumbre, qué papel ocupaba la mujer en su sociedad (si bien los pueblos indoeuropeos conservaban un sustrato matriarcal, el Código relegaba a las mujeres a una posición de subordinación) y qué importancia implicaban las obligaciones feudales para la administración del reino y el mantenimiento del orden social.

Contexto histórico. El Reino Antiguo hitita (ss. XVII-XV a. C.)

Los hititas poblaron la zona de la Península de Anatolia a comienzos del II Milenio a. C., donde convivieron con otras poblaciones locales que llevaban establecidas en la región desde el Calcolítico. Sabemos que las relaciones entre ambas comunidades no siempre fueron fáciles, puesto que hay evidencias de que en los años que marcaron el final del Calcolítico hubo episodios de violencia [6] entre estas comunidades y las que tradicionalmente se han asociado a las poblaciones indoeuropeas que se instalaron en la región. Entre estas últimas se encontraban los hititas.

Gracias al Edicto de Telepinu, redactado en torno al siglo XVI a. C., disponemos de una crónica aproximada de los primeros años del Reino Antiguo. En su crónica, Telepinu nos ofrecerá una imagen idealizada del reinado de Hattusili I (considerado como el fundador del llamado Reino Antiguo), con la cual buscará afianzar su poder y fortalecer la monarquía.

No obstante, para conocer los precedentes de la monarquía hitita, debemos remontarnos a los hechos protagonizados por Labarna, término, por otra parte, bastante ambiguo. Si bien por un lado puede hacer referencia al primer monarca que unifica a todos los hititas bajo una entidad política común, la mayoría de los autores utilizan el término como sinónimo de rey. Los datos de los que disponemos son muy fragmentarios y están sujetos a interpretación (Liverani se refiere al vocablo como la “representación ideal de la realeza”[7]). Disponemos también de referencias literarias y arqueológicas correspondientes al monarca Anitta, pero no será hasta el reinado de Hattusili I cuando empecemos a tener una información verdaderamente fiable de los primeros años de existencia del reino [8].

Como monarca de los hititas, Hattusili iniciará una serie de campañas militares contra las poblaciones hurritas y Siria. Su campaña expansionista no solo se apoyará en la guerra. Con el fin de pacificar a las ciudades vencidas, llevará a la práctica una política de pactos y matrimonios que supondrán el acercamiento de las poblaciones locales a la causa hitita, algo que no siempre tendrá el éxito esperado [9].

Desengañado por la luchas de poder que habían estallado para sucederle, Hattusili legará el reino a Mursili I, quien continuará las campañas militares de su abuelo, fortaleciendo su obra y realizando expediciones contra Babilonia.

Tras la muerte de Mursili I, el reino cayó en un período de anarquía que concluye con la llegada al poder de Telepinu, bajo cuyo reinado se estableció cómo debía ser la sucesión al trono (poniendo así fin a las disensiones internas) y se redactó el Código. 
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1. BRYCE, T., El Reino de los hititas, Cátedra, Madrid, 1998, 494 páginas.
2. ÁLVAREZ-PEDROSA, J. A. y BERNABÉ, A., Historia y leyes de los hititas: Textos del Imperio Antiguo. El Código, Ediciones Akal, Madrid, 2000, 255 páginas.
3. Pese a su notable antigüedad y a su carácter eminentemente didáctico, el manual del profesor Arias Condominas nos ha resultado de gran utilidad a la hora de afrontar la lectura de los artículos que conforman el Código (véase BIBLIOGRAFÍA).
4. De especial interés nos ha resultado el artículo de Félix Alonso y Royano sobre el matrimonio hitita (véase BIBLIOGRAFÍA).
5. El hecho de que estos artículos figuren en el Código no es algo anecdótico. Sabemos que el Estado entregaba a cada ciudadano una propiedad a cambio de que ejerciera como soldado, de ahí que el incumplimiento y las deserciones fueran algo común y que era preciso detener.
6. BRYCE, T., 1998, p. 34.
7. LIVERANI, 1995, p. 340.
8. LIVERANI, 1995, p. 339.
9. Si bien Hattusili contraerá matrimonio con las hijas de los señores derrotados, el hecho de nombrar a sus hijos como gobernadores de los reinos ocupados no siempre era visto con buenos ojos por los poderes locales, que veían en esta actitud una usurpación y una pérdida de su autonomía (LIVERANI, 1995, p. 342).

lunes, 16 de enero de 2017

Geografía: Centros y áreas turísticas de la Península y Canarias (1)

El crecimiento del turismo a partir de los años sesenta se explica por causas externas e internas. Entre las causas externas destacan los cabos demográficos, sociales y económicos ocurridos en Europa después de la Segunda Guerra Mundial: la consolidación de la clase media, que mejora su poder adquisitivo y puede destinar parte de sus ingresos a las vacaciones; la generalización del automóvil, los avances de la aviación comercial y la aparición de los vuelos charter.

En cuanto a las causas internas destacan: la proximidad geográfica de España al resto de Europa; las características del clima español, seco y solead; la abundancia de playas; la diversidad del paisaje y el atractivo cultural (monumentos históricos, muesos, tradiciones populares, gastronomía, etc); el bajo valor de la moneda española frente a las divisas europeas, que hacía barata la estancia de turistas de poco poder adquisitivo; el interés del estado español por diversificar la economía, hasta entonces orientada casi exclusivamente a la producción agrícola.

El turismo nació en el siglo XVIII como una actividad económica marginal realizada por aristócratas movidos por el placer de viajar o por razones culturales (fascinación por la civilización grecolatina o la cultura medieval). La importancia del turismo en la economía española comenzó a ser significativa a partir de los años sesenta del siglo XX, en que dejó de ser elitista para ser practicado por amplos sectores de la población. El turismo propició el despegue económico de España, compensando sus ingresos el déficit tradicional de la balanza comercial española. El desarrollo del turismo de masas se apoya en una abundante demanda del medio y medio-bajo poder adquisitivo, a a que se oferta hoteles y apartamentos de categoría intermedia situados en la playa.

Es España, dado el modelo turístico imperante desde los años sesenta basado en el consumo de sol y playa, los espacios que cuentan con mayor afluencia de visitantes son aquellos que reúnen las mejores condiciones climáticas. Se trata de las zonas turísticas de alta densidad, situadas en la costa mediterránea, Canarias y Baleares. Junto a ellas están las zonas turísticas de media y baja densidad, generalmente en el interior del país, con una oferta de servicios más variada: capitales culturales y comerciales, ciudades monumentales, estaciones de esquí, turismo rural, entre otras.

1. Regiones de densidad turística alta. Son regiones costeras donde el turismo tiene una gran participación en la economía y la urbanización turística domina el paisaje litoral, dando lugar a un continuo de apartamentos y hoteles de decenas de kilómetros. Son las áreas turísticas de sol y playa. La excepción la constituye Madrid, capital administrativa y financiera del Estado, que posee una importante oferta hotelera destinada al turismo cultural y de congresos y convenciones.

- Baleares. Es el núcleo más importante en hostelería, destinada a una clientela de tipo medio. Elevada proporción de turismo extranjero y acusada estacionalidad.

- Canarias. Predominio del turismo en invierno, por sus características climáticas es casi inexistente la estacionalidad, presencia mayoritaria de hoteles de categoría superior.

- Cataluña. La principal área turística es la Costa Brava gerudense (fuerte estacionalidad), seguida de municipios como Salou y Cambrils en Tarragona.

- Comunidad Valenciana. Tiene como zona turística principal la Costa Blanca o litoral alicantino, con tradición del turismo de invierno para visitantes del norte de España. Consta de dos tramos: el Norte (La Marina), especializado en turismo extranjero (Javea, Calpe, Altea, Benidorm) y el tramo Sur, hasta Torrevieja, área de residencia de la clase media madrileña, Menor densidad presentan la costa de Castellón, de turismo nacional (Vinaroz, Benicarló, Peñíscola, Oropesa, Benicasim) y la costa valenciana (Sueca, Cullera, Gandía).

- Andalucía. Importancia tanto de las zonas consolidadas (Costa del Sol), como de áreas más recientes del litoral almeriense, granadino y atlántico. La Costa del Sol se divide en dos tramos: desde el cabo de Gata hasta Málaga (Agua Dulce y Roquetas en Almería, Almuñécar en Granada), presenta una ocupación discontinua por la presencia de la agricultura tecnificada en la zona llana. Turismo sobre todo nacional. A partir de Málaga, se inician las grandes concentraciones hoteleras y de apartamentos (Torremolinos, Benalmádena, Fuengirola, Mijas y Marbella). Turismo extranjero de invierno. En la costa atlántica andaluza destacan los enclaves de Puerto de Santa María y de Sanlúcar de Barrameda.

2. Regiones de densidad turística media. Se trata tanto de regiones costeras como situadas en el interior, alejadas de las motivaciones del turismo masivo, que ofrecen al visitante paisajes naturales, rurales y una oferta cultural y comercial variada. Destacan:

- El litoral cantábrico y gallego. El litoral gallego cuenta con el atractivo de las Rías Bajas (El Grove, La Toja, Sangenjo), las Rías Altas (A Coruña) y el centro de peregrinación de Santiago de Compostela. El litoral cantábrico, ofrece áreas costeras no saturadas (Castropol, Luarca, Llanes, Ribadesella, San Vicente de la Barquera, Santillana del Mar, Santander, Laredo, San Sebastián, Zarauz, Irún), con variada oferta cultural y comercial, y áreas interiores con el atractivo de su paisaje natural y rural.