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miércoles, 13 de septiembre de 2017

G.I. Joe: La película (1987)

Si bien hoy en día es de buen tono poner de vuelta y media a Estados Unidos y su papel de "gendarme mundial", hubo una época en la que las bravuconadas de las producciones norteamericanas nos divertían, al tiempo que también nos hacían pensar que, por muy mal que fueran las cosas, alguien velaría por nuestra seguridad, pondría en su sitio a los "malos" y llevaría la paz y la libertad allí donde fuesen necesarias.

Haciendo a la Tierra de las Hamburguesas grande de nuevo.

Los 80 fueron quizá los años dorados de esta reducción al absurdo donde, en el colmo de la perversidad, Estados Unidos pasaba por ser un país pacifista y respetuoso con el Derecho Internacional (independientemente de que la Guerra de Vietnam hubiese acabado en 1975 y la Administración Reagan se dedicase a financiar dictaduras en América Latina). Para los niños de aquel entonces, palabras como "Paz", "Libertad" o "Justicia" eran conceptos absolutos que no admitían réplica y que siempre estaban en el discurso de los "buenos". Estos, como todos los héroes, eran incorruptibles y jamás de los jamases harían un mal uso de su poder. Hizo falta que Superman se convirtiese al comunismo ("Red Son") para que el kriptoniano hiciese de sus omnipotentes poderes una horrible distopía que incluía, como no podía ser menos, la dominación mundial. Lo más increíble de todo es que "Red Son" fue publicado en 2003, el mismo año que Estados Unidos invadía Iraq en un terrible ejercicio de irresponsabilidad y megalomanía. Y sin embargo, los malos seguían siendo los "rojos". La democracia y el liberalismo, las unidades de destino en lo universal de Estados Unidos, continuaban estando a salvo.

Y tampoco hace falta irse demasiado lejos en el tiempo... Ahí están "Los Vengadores" y sus rencillas internas. ¿O es que nadie se acuerda del Capitán América negándose a acatar las órdenes de la ONU para seguir yendo por libre y hacer lo que ÉL cree correcto y necesario? Porque no olvidemos que es un héroe. Y como todo buen héroe (y debo insistir en ello) es incorruptible y no siente sed de poder. Hemos cambiado muy poco desde las pelis de Rambo y las fanfarronadas de Chuck Norris.

Con la intención de destruir a Conan de una vez por todas, Wrath-Amon se vio obligado a pluriemplearse.

Muy bien. Una vez que he satisfecho al pequeño marxista que domina mi día a día, voy a pasar a enumerar las razones por las que esta peli mola más que el pan de molde. Porque sí, los G.I. Joe y su proselitismo yanki molaban un huevo. Hasta su logo llevaba incorporados los colores de la bandera de EE.UU. Debo reconocer que mis motivos obedecen más a la nostalgia que me inspiran estas figuras (me niego a emplear un término tan denigrante como el de "muñeco"... son "figuras de acción" y punto) que a la propia calidad de la cinta, cuestionable y tonta a niveles asesinables... pero endiabladamente divertida. ¿Os he dicho que hay un tío que agarra un misil con las manos y lo arroja contra un vehículo enemigo? Pues eso.

Típico entrenamiento de un ertzaina. La siguiente lección se titula "Cómo utilizar torpedos como mondadientes".

Porque los G.I. Joe fueron una parte muy importante de mi primera infancia (entre los 5 y 8 años, momento en que fueron desbancados por los dinosaurios), ofreciéndonos a mi hermano y a mí incontables horas de diversión. Nuestra colección no fue excesivamente abundante, pero sí contábamos con una pequeña flota de vehículos (entre los que se incluía el Cobra Wolf, del que fui flamante propietario; el Warthog, que traía consigo una figura del sargento Slaughter; un helicóptero Tomahawk; un lanzamisiles de COBRA, cuyos proyectiles llevaban minas incorporadas... un detalle que habría agradado a George Bush; y otros tantos más) y varios personajes (el Sargento Láser, Ranger Viper, Toxo Viper, Voltar, Raptor, Croc Master, Airtight , Stretcher, Tripwire... y así podría pasarme toda la tarde).

"Bueno, ¿qué? ¿Quién se apunta a ir esta noche a la orgía que organiza Barbie en su casa?".

Conforme fui creciendo, los vehículos fueron los primeros en desaparecer y las pocas figuras que quedaron (ya os he dicho que ni de coña voy a utilizar la palabra "muñeco") o bien no resistieron el embiste de mis dinosaurios (todavía recuerdo la tarde en la que recreé el trailer de "El Mundo Perdido" y cómo a partir de él desarrollé una historia mucho mejor que la de la película original) o bien quedaron olvidados en una caja de zapatos que mi hermano todavía conserva en la cómoda de su cuarto. No hace mucho mi madre me dijo que se había desecho de unos pocos que estaban despiezados... Porque precisamente ese era uno de los grandes problemas que tenían los G.I. Joe: el elástico que unía el torso con las piernas se desgastaba con el tiempo y la figura terminaba como si le hubiese caído encima un misil de verdad. En ese sentido, eran más endebles que los muñecos (¡MIERDA!) de otras franquicias, como los de "La Guerra de las Galaxias" o "Parque Jurásico" (ambas producidas por Kenner hasta su absorción por Hasbro y de una calidad sobresaliente). Curiosamente, todavía conservo en buen estado varias de las armas que traían las figuras. Es más, hace muchos años, rodando uno de los muebles de mi habitación, encontré el rifle de asalto de Beach Head (véase más abajo). Lo que se dice un auténtico ejercicio de arqueología y Memoria Histórica.

Nathan Explosion poco antes de abandonar su primera banda para fundar Dethklok.

Supongo que ya os habréis dado cuenta de que esta entrada es para hablar más de mis juguetes favoritos que de la película en la que están basados. Pero ya os digo que hay cosas muy llamativas de este mondongo que merecen nuestra atención, entre las que destacan:

1. LOS CRÉDITOS DE INICIO

Los créditos de inicio tienen lugar en la Estatua de la Libertad mientras vemos a la peña de COBRA y a los G.I. Joe zurrándose con ganas. Los neoyorquinos están celebrando lo que parece ser el 4 de Julio cuando una amenaza se cierne sobre la noche. El tema de la serie es remezclado con una letra que nos dice lo malo que es el Comandante Cobra y termina recordándonos que, por muy mal que vayan las cosas, el comando G.I. Joe siempre estará ahí... así te hayan quedado cinco para siempre o se te haya caído la pizza al suelo.


Aunque la batalla es encarnizada y hay explosiones por doquier (la nave de los malos revienta y todo), nadie muere. En toda la saga, lo más parecido que podíamos ver a una muerte eran las explosiones de los Bat Android Trooper, los soldados robóticos de COBRA a los que se les fundían los plomos cada dos por tres cuando se les disparaba. Con eso nos bastaba y sobraba. La imaginación hacía el resto.

2. UN EJÉRCITO MULTICULTURAL

El comando G.I. Joe, aunque lucha bajo el paraguas de Estados Unidos, está compuesto por un conglomerado multicultural que haría las delicias de Benetton y Los Fruittis. Esto era algo que se veía en la serie y que volvería a repetirse en la película.

Los ángeles existen y tienen el rostro de Ana Morgade.

Mucho antes de que los petardos de la incorrección política cargasen contra la igualdad de género o la discriminación positiva, los dibujos de los 80 ya nos enseñaban auténticos valores de convivencia: en esta peli en concreto hay una chica que practica artes marciales y tumba al temible Beach Head, el instructor más despiadado del otro lado de Alabama; un negrazo que nos enseña que, incluso estando ciego, uno puede salvar el mundo de una raza de reptilianos mutantes; y los clásicos rostros femeninos de la serie que, lejos de ser objetos de adorno, también saben cómo repartir estopa y destacar en lo suyo (hasta COBRA se adelantó a organizaciones hermanas como VOX o Ciudadanos y situó en su organigrama a un mujeres tan importantes como la Baronesa).

3. LOS ORÍGENES DEL COMANDANTE COBRA

Sí, se nos muestran los orígenes del Comandante Cobra. No sé si esta película forma parte del canon oficial o no (hay poquísimas referencias de ella en español, razón por la que me he animado a dedicarle una entrada), pero este personaje se sale por todos lados y siempre fue mi favorito, por lo que cualquier dato sobre él siempre es bienvenido. En la película nos lo presentan como un prometedor científico intraterrestre cuyo rostro quedó desfigurado después de sufrir un accidente en su laboratorio. Como castigo a su incompetencia, y por si no fuera poco tener como jefe al cantamañanas de Serpentor, Golobulus, el todopoderoso líder de Cobra-La, termina por convertirle en un mutante sin conciencia (igual que un votante del PP, vaya).

"Así que esto es lo que pasa cuando mezclas Mentos y Coca Cola... ¡Joder, cómo escuece!".

Honestamente, la idea de que sea un científico de una raza humanoide antediluviana no termina de convencerme (tampoco lo hace que en su juventud fuera un vendedor de coches usados), pero me da igual. Más allá de su marcado acento (sin el doblaje latino esta serie no sería lo mismo) y sus rabietas con el gilipollas de Serpentor, el Comandante Cobra es un personaje muy bien definido y con un trágico pasado a sus espaldas. Con Cobra pasamos de la risa al llanto en pocos segundos. Y eso es algo que muy pocos villanos pueden hacer.

4. MERCHANDISING A PORRILLO

La serie era un derroche de merchandising, vale, pero... ¿Y qué? ¿Acaso no éramos felices con la mierda que nos vendía? Con semejantes antecedentes, está claro que la película no iba a ser menos. A los G.I. Joe y COBRA de toda la vida se ha sumado en esta ocasión la perversa Cobra-La, una siniestra raza de humanoides que dominaba el mundo antes de la aparición de la Humanidad y que, tras el comienzo de las glaciaciones, tuvo que retirarse al interior de la Tierra a la espera de tiempos mejores (¡Chúpate esa, Lovecraft!).

"Enhorabuena. Se ha licenciado en la universidad más cara y, por tanto, la mejor que existe".

Para la franquicia, aquello implicaba seguir sacando más y más juguetes que representaran a los nuevos personajes. Y a fe mía que lo hicieron. Mi hermano y yo seguimos recibiendo figuras de la serie hasta los Reyes de 1993, lo que explica el éxito de unos personajes que habían comenzado su andadura diez años antes. Decir también que en la peli sale el famoso Conquest X-30, uno de mis juguetes favoritos de siempre (yo lo llamaba el "Avión-Tiburón"). Verlo volar y disparar sus misiles es, aún a mis 31 años, una maravilla. En mi fuero interno, siempre fantaseé con que me regalasen uno de los chismes voladores de COBRA, pero no pudo ser. La vida puede ser muy perra.

5. HAY "COSAS" QUE MUEREN

Como ya comenté, si bien la serie seguía los patrones del "Equipo A" donde, por muchas explosiones que hubiera, nadie sufría el más mínimo rasguño, aquí hay gente que muere, ya sea despeñándose por un barranco (algo que ocurre con Pythona y  Nemesis Enforcer, los lugartenientes de Golobulus) o bien a golpe de láser... Evidentemente, las víctimas de los disparos no son otra cosa que insectos y gusanos gigantes a las órdenes del maloso. No es mucho y casi no se ve sangre, pero peor es nada.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Ya habréis notado que apenas hago hincapié en la trama de película, pero es que tampoco hay demasiado que contar. Me atrevería a decir que es un capítulo bastante largo de la serie original, salvo que aquí se saltan los relamidos consejos que, a modo de servicio público, los protagonistas daban a los niños al final de cada episodio ("Si os invitan a participar en una violación grupal, recordad llevar siempre encima protección, niños"). Valores como la responsabilidad y la confianza en uno mismo (representados por el joven Teniente Falcon, un incompetente soldado de los Joe que busca su lugar en el equipo) están presentes a lo largo de toda la aventura, pero en ningún momento llegan a ser un estorbo para su desarrollo. Es más, yo hasta diría que ayudan a enriquecer la trama principal. Algo de moralina en mitad de un tiroteo nunca viene mal, aunque os aseguro que lo último a lo que prestaba atención cuando veía la serie era al discursito del capitán Duke sobre la importancia de lavarse las manos.

Serpentor emocionado ante la perspectiva de echar un polvo.

Ignoro si la película tuvo una continuidad en las series de la franquicia que aparecieron después de su estreno, dado que termina con el Comandante Cobra convertido en una serpiente mutante y con Golobulus escapando en el último momento. Que yo recuerde, en la serie de 1989 no se hizo referencia a estos hechos... O puede que sí, no lo sé. Teniendo en cuenta que la franquicia también continuó en los cómics, es bastante probable que encontremos algunas referencias a la peli ahí (según he leído, hay una relación entre Cobra-La y la historia de los Transformers... la madre que me parió). De todas formas, no sería raro que en posteriores entregas se hiciera borrón y cuenta nueva. Una prueba de ello la encontramos en la espantosa "G.I. Joe Extreme" estrenada en 1995, la cual se pasaba la historia de COBRA por los mismísimos cojones de Destro.

Y poco más. Lo cierto es que, para bien o para mal, G.I. Joe marcó un antes y un después tanto en el entretenimiento como en la comercialización de juguetes. Me atrevería a decir que su influencia llevó incluso a la creación de otras sagas igual de emblemáticas, como fue el caso de "Command and Conquer", donde el control del mundo era disputado por una fuerza multinacional, la GDI (Global Defense Iniciative) y un grupo terrorista cuya estética recordaba enormemente a la de COBRA (la Hermandad del NOD). ¿Casualidad? No lo sé, pero lo cierto es que tanto la historia como la parafernalia que la rodeaba era sospechosamente parecida a la de los muñequitos de Hasbro. Aunque solo sea por eso, G.I. Joe ya se ha ganado un lugar en nuestros corazones. Y sí, de haber podido elegir, me habría alistado en COBRA sin dudarlo.

jueves, 31 de agosto de 2017

Rescaten el Titanic (Jerry Jameson)

¡Bah! Paso de fichas técnicas y pollas en vinagre. Es la primera vez que escribo en el blog desde hace cuatro meses y tengo el mono. Hoy, materia pura y dura.

Jódete, James Cameron.

Hacía tiempo que le tenía ganas a esta película, porque mira que el cartel prometía: el Titanic emergiendo de las frías aguas del Atlántico enterito y sin haber tenido que echar mano de “La Gotita”... Porque ya saben ustedes que lo que “La Gotita pega, nada-nada lo despega”. Supongo que solo los lectores mayores de treinta (así como mi único lector argentino) podrán pillar esta referencia. El caso es que, tras haber reseñado hace eones “Titanic II” y “El musical animado del Titanic” (ya saben, aquella de “Éranse dos tetas pegadas a una mujer”) hablar de esta peli, así hayan pasado más de cinco años, era una obligación. Estar sin trabajo y con una depresión de caballo es lo que tiene. ¡Pero atentos al cartel, me cago en Dios!

El Titanic reflotado... Madre mía... Ni en sus sueños más húmedos, las crías que compartieron pupitre conmigo en una fecha tan lejana como 1997 y que tanto desearon que Di Caprio les metiera la mano en las bragas podrían haber soñado con algo mejor. No es coña. En un cuestionario que venía en la Superpop o en la Minnie Disney, una de las preguntas era si dejarías que Jack te pintase en porretas y ese tipo de cosas. Este anécdota contrasta con la de un colega cuyo padre le escondió un álbum de monstruos porque “temía que se terminase obsesionando con el tema”... o el de ese otro que venía a jugar al GoldenEye a casa porque en la suya no le dejaban andar con “juegos violentos” (“¡Esos juegos no son educativos!” dijo el fulano escandalizado un día que nos pilló a mitad de partida). En ambos casos, eran hijos de militares. Su puta madre. Iba a hacer una coña con ETA, pero no quiero ir a la cárcel. Me ha dicho mi cuñado, que sabe un montón de Venezuela, que allí se come bastante mal. Será mejor que volvamos al Titanic.

Sí, tengo esta basura en VHS, pero la felicidad está más allá de cosas como esta... Está en el porno y en la sonrisa de Lady Rox.

Hay que admitir que, nos guste o no (yo debo reconocer que todavía no la he visto entera... Sí, ¿qué pasa? ¿Habéis visto vosotros “El rayo destructor del Planeta Desconocido”? Pues entonces a callar), la película de James Cameron fue un absoluto éxito de taquilla. La historia del buque se reavivó y las expediciones que se organizaban para contemplar sus restos se multiplicaron. Hoy todo el mundo sabe que el barco fue hallado en 1986 por un equipo comandado por Robert Ballard (quien más tarde también encontraría los restos del Bismarck), utilizando para ello una tecnología de exploración submarina hasta entonces impensable (circunstancia a la que habría que añadir la consulta de fuentes y testimonios de la época en la que el barco fue botado). Ballard descendió hasta el fondo del océano y recorrió los restos del naufragio, confirmando así la idea de que el barco se había partido por la mitad en el momento del hundimiento. Las imágenes que tomó de los vestigios y el trabajo que realizó para reconstruir los momentos previos y posteriores de la tragedia fueron impresionantes.

La comida de rabo que le estoy haciendo a Ballard no es casual, porque un par de años antes que él, otros expertos y organizaciones trataron de dar con los restos del barco sin conseguirlo. Coincidencia o no, “Rescaten el Titanic” se estrenó precisamente en la época en la que se llevaron a cabo estos intentos, y los medios que emplean sus protagonistas poco difieren (salvo por los avances tecnológicos de rigor) de los que utilizaron los científicos en la vida real. 

Os cuento de qué va la cosa: resulta que el Pentágono ha descubierto que a bordo del Titanic viajaba un cargamento de un mineral más raro que un votante de Democracia Nacional con titulación universitaria. Son los tiempos de la Guerra Fría y los estadounidenses han creado un sistema antimisiles que haría de Hamburguesalandia una nación completamente invencible en el plano militar. El mineral fue descubierto por un contrabandista de nombre impronunciable (os daréis cuenta de que no doy ninguno en esta reseña) en el Ártico ruso allá por 1911. Los rusos, con comunismo o sin él, siempre están dispuestos a hincharle las pelotas a Estados Unidos, de manera que el contrabandista de los cojones tiene que huir con el mineral a cuestas mientras los abuelos de Putin le dan caza. Que digo yo que qué pintan los rusos en todo esto cuando en aquella época los malos eran los alemanes, pero bueno... El tío esconde la carga en el Titanic y se hace a la mar con el resultado que todos conocemos.

El meollo es que el mineral, como ya comentamos, es tan escaso que la única opción que tiene los gringos es bajar a buscarlo al fondo del mar matarile-rile-rile... pero como la zona de carga está en un lugar inaccesible, no les queda más remedio que reflotar el barco a base de un par de flotadores de “Mi pequeño Pony” y explosivos (si los rusos no van a mear sin tener un plan, en Estados Unidos no se solucionan los resfriados si no se tienen a mano un par de bombardas de trinitrotolueno). A grandes rasgos, este es el argumento de la peli. Está basada en una novela, por cierto.

La movida tendría encanto de no ser porque la película es un tostón inaguantable de dos horas y pico en la que NUNCA pasa nada. Insisto: NUNCA ocurre NADA. Las tres cuartas partes de este mondongo es una aburridísima trama de espías que no va a ninguna parte y que no le recomendaría ni a mi peor enemigo. El protagonismo de este coñazo recae en dos actores conocidos en su casa  a la hora de comer (he visto que uno de ellos era una de las estrellas de “Falcon Crest”... vamos, la bomba) y cuya rivalidad el espectador no llega a entender muy bien. Uno de ellos es algo así como un agente secreto más chulo que un gitano con unas alpargatas nuevas y el otro es un imbécil relamido que está a cargo de diseñar el escudo antimisiles de marras. Se llevan a matar de inmediato. Se sabe que hay por ahí una pollita de muy buen ver y que estuvo con ambos fulanos en sus años locos, pero el hilo no está nada bien desarrollado y las relaciones que se forjan entre los personajes (al menos en este aspecto) llegan a resultar muy apresuradas, casi artificiales. También hay un pavo de sesenta largos que es amigo personal de ambos y que trata de hacer que se lleven bien con el mismo éxito que la ONU con palestinos e israelíes, pero este tío en realidad no aporta mucho.

Qué ganas tengo de hacer un chiste sobre maricones y ser tan políticamente incorrecto como el batracio de Íker Jiménez.

Luego están los soviéticos, cuyo papel en la trama se reduce a hacer el congrio y a sentirse acomplejados al ver lo grandes y flexibles que son las pollas norteamericanas (con permiso de México y Canadá). La noticia de la creación del escudo antimisiles llega a sus oídos y está claro que no piensan quedarse con las manos quietas.  Tras mandar un barco científico a la zona donde los gringos están realizando las operaciones, se descubre que hay toda una subtrama de espionaje (otra más) donde uno de los marinos yankis está pasando información a los rojos porque el tío regresó tronado de Vietnam y se casó con una malaya. Todo esto se resuelve, afortunadamente, fuera de cámara. En caso contrario, la película hubiera durado otros cuarenta minutos.

Lo del complejo de pene viene por una escena final que es tan patriotera (y eso que esta chorrada es inglesa) y tan profundamente subnormal que da vergüenza ajena. Una vez que el mostrenco es reflotado, el embajador ruso se planta allí solo con un helicóptero y exigiendo que le entreguen la nave, que han estado vigilándoles desde el principio de la operación en su barco científico (¿en serio? Yo pensaban que estaban haciendo “cencia” de verdad). A nuestros héroes les entra la risa floja como el niño que oye hablar de sexo por primera vez y le dicen que se asome a cubierta. Allí aparecen un submarino y dos F-14 salidos del “El final de la cuenta atrás”, en plan “cómo se te ocurra mandarte a mudar con el barco, te metemos un par de pepinos de estos por el culo, porque el Titanic, como la luna, pertenece a América”. El embajador comprende que su chorra solo podría admirarse si se viese a través de un microscopio y decide abandonar la partida. Os juro que ocurre así.

Se dice que cuando a Alec Guinnes lo invitaron al estreno de la película, dijo: "Muy bien, iremos en el "Alce Pulcro". ¡Venga, suba!".

¡Ah! En el reparto también sale el tío ese hacía de Obi Wan, Alec Guinnes, aquí interpretando a un oficial del Titanic que sobrevivió al naufragio y al que le debemos uno de los momentos más emotivos de la peli, ya que le hace prometer a uno de los “protas”, el espía barbudo, que volverá a izar la bandera del barco una vez que lo hayan reflotado. Su presencia se reduce más a un cameo que a otra cosa, pero no deja de ser una curiosidad

Y poco más que contar. Aparte de la trama de espionaje y la pelea de gallos (con mucha PLUMA... ¡jo, jo, jo! ¡Ni Bertín Osborne!), la película es una sucesión de escenas que muestran a los “buenos” teniendo problemas con las inmersiones (uno de los minisubmarinos explota y todo) y la localización del barco. Todo amenizado con la música de John Barry y su orquesta, tan innecesaria y fuera de lugar como preciosa. Al final consiguen sacar el Titanic a flote, al que una burrada de años bajo el mar solo le ha privado de una de sus chimeneas. Quizá las escenas del barco en alta mar y entrando en Nueva York sean las más esperadas por parte de la audiencia. En honor a la verdad, no decepcionan y hasta llegan a ser bonitas por su simbolismo, ya nos guste la historia del Titanic o no. Pero duran demasiado poco y no merecen ni de coña las dos horas de visionado. 

Quizá lo más llamativo de todo sea el aspecto que conserva el barco hundido tras salir a la superficie. Es evidente que nadie sabía cómo se encontraba el buque en aquel momento, puesto que todavía faltaban un par de años para su hallazgo. Supongo que tanto el autor de la novela como los responsables de la película quisieron darle al conjunto el aire de un castillo abandonado. Las ruinas, al final y al cabo, tienen un encanto especial para sus descubridores. No esperéis encontraros con paseos por el interior del barco y esas chorradas que tanto le gustan a los puntillosos, puesto que la única habitación que aparece recreada es un salón de baile que los “Gringoesploster” utilizan a modo de base de operaciones. Eso, y la bodega del barco, donde al final, por cierto, no encuentran nada. El mineral está en una tumba irlandesa, escocesa o de por allí, donde en realidad lo dejó el contrabandista antes de embarcarse.

Sobre la forma en la que los americanos se quedan con el barco, llama la atención que en ningún momento nadie proteste por semejante expolio o que se muestre tan poco respeto por las víctimas. La burocracia queda entorpecida gracias al ímpetu de unos vulgares cazatesoros y a la cochina bandera de las barras y estrellas. El día que tenga dinero, lo invertiré en reflotar el Yorktown y convertirlo en una casa de putas para recuperar la inversión.

Y ya está. Alguien tuvo la ocurrencia de subir la película a Youtube y los comentarios no se hicieron esperar. Hay de todo: desde niñas de trece años que pregonan a los cuatro vientos que la película les ha encantado (me gustaría preguntarles qué opinan de la parte en la que salen los calamares violetas peleando con Adolfo Suárez) hasta iletrados que dicen saber más que nadie del barco, pasando por otro que afirma estar escribiendo un libro sobre el tema y otro que nos recuerda que “El Titanic está en el fondo del mar. Suscríbanse a mi canal si todavía no lo han hecho. Si ya lo hicieron, no lo hagan”. Internet, damas y caballeros. Me cago en la democratización de la cultura, por Dios.

martes, 15 de marzo de 2016

La última misión (Ferdinando Baldi)

FICHA TÉCNICA:
  • Título original: La última misión (también conocida como Missione Finale y Ten Zan: The Ultimate Mission)
  • Año: 1988
  • Duración 84 minutejos
  • País: Italia (coproducción entre Italia y Corea del Norte)
  • Director: Ferdinando Baldi
  • Reparto: Frank Zagarino, Mark Gregory, Romano Kristoff (no perras, no es el de "Frozen"), Sabrina Siani (aka Isabel San Sebastián) y Jinny Rockers (no, no hay ni rastro de los actores norcoreanos)
  • Género: Acción baja en proteínas
  • Valoración: Coñazo
Hace unas semanas, cuando reseñé "Tunka el Guerrero", os hablé de cómo La 2 estaba tirando la casa por la ventana al comprar bodrios patateros a dos pesetas el kilo con los que rellenar su programación. El hecho de que RTVE se encuentre ahora mismo en una delicada situación financiera quizá justifique este "derroche". La razón no es otra que los hachazos en el presupuesto que le han aplicado sus diferentes gestores desde que el PP alcanzó el poder a finales de 2011. Desde entonces, tanto La 1 como La 2 han sufrido un duro ajuste en sus contenidos, deshaciéndose de buena parte de su producción propia o bien limitando el cine de estreno. La caída de las audiencias ha sido patente, lo que sumado a la nueva línea editorial de la corporación (ya sabéis: telediarios manipulados a más no poder, motines sindicales y Bertín Osborne presumiendo de intelecto), ha dado como resultado un desastre solo comparable con el de la ERT (la televisión pública griega), el mítico porno de Canal 6 y las grandes producciones de Leni Riefenstahl.

Señores: he dicho Leni Riefenstahl, no Isabel San Sebastián.

La 2 es seguramente quien se ha llevado la peor parte en todo este asunto, puesto que su programación matutina poco o nada tiene que envidiarle a la sobremesa de 13 TV o ese pozo de infecciones urinarias que es la RTVC. No es raro encender ambas y encontrarnos con pelis de nazis (lo raro sería que en el canal de los curas pusieran otra cosa) o bien con westerns de tres cincuenta completamente olvidables. Hay que rellenar horas como sea. Y si eso puede hacerse ahorrando hasta en la compra de latas de sardinas, tanto mejor.

El malo de esta peli se parece a Cristiano Ronaldo. ¿Qué pensáis?

"La última misión" es precisamente una de esas películas de bajo coste que perfectamente podría haber aparecido en el catálogo de novedades de la Discoplay junto a "América 3000", la colección de DVDs de "Marco" y "La Cripta de los Culos". La película es una cinta de acción genérica en toda su extensión. Y eso incluye tanto a sus actores (para muchos supuso su primera y última incursión en el cine) como a su banda sonora. En cuanto a su argumento, y pese a lo bizarro y original del mismo, está desarrollado con tal desgana que termina convirtiéndose en algo anodino y al uso, casi tanto como la última etapa europea de Van Damme.

Cristiano Ronaldo a punto de pasar un buen rato.

Porque esta película es JODIDAMENTE olvidable. No tiene nada que la haga atractiva. Es más, creo que si decidieron emitirla en horario de mañana fue precisamente por eso, porque sabían que era una hora bastante mala y no hay quien pueda con las chorradas que hablan en la tertulia de "Amigas y conocidas" (país...). Irse a negro es un crimen de los gordos (que se lo digan a los fans de Intereconomía) y hay que estar en antena cueste lo que cueste... Aunque eso signifique ofrecer escoria en cantidades industriales (insisto: pregunten en Intereconomía...).

Entonces, ¿esta MIERDA de qué va? Tomad nota, porque la cosa tiene su aquel...

Resulta que en X país asiático una banda de terroristas se está dedicando a secuestrar mujeres con unos medios que ríete tú de los del ISIS. Las alarmas suenan en X país occidental, que decide enviar a su mejor agente, Lou Mamet, para investigar el caso y tirar por tierra los planes de los malosos. Vale, hasta aquí todo bien. Ahora viene lo bueno: el quid de la cuestión es que los terroristas están dirigidos por una suerte de Doctor Mengele (aka José María García) que, a base de hormonas de animales salvajes y células femeninas (de ahí lo de los secuestros... o eso supongo) pretende inventar un suero con el que (y cito la sinopsis que aparece en la web de RTVE) "volver a crear una raza superior". OSTIA PUTA... Si cuando yo os decía que era una bizarrada de las gordas...

Cristiano Ronaldo internándose por la banda y enviando la pelota al mástil y luego a córner...

Ahora bien: aparte de lo inverosímil que resulta la sinopsis... ¿no notáis nada extraño en el argumento? ¿Por qué nunca se nos dice en qué países ocurre la acción? Respuesta: la peli es una coproducción italo-norcoreana. No es coña, estoy hablando totalmente en serio. De hecho, me atrevería a decir que es uno de los pocos alicientes que me animó a visionar esta chorrada, dado que me considero un flipado del país "comunista". Hemos de tener en cuenta que la Corea del Norte de finales de los 80 poco tiene que ver con la actual. Entonces, Kim Il-sung todavía gobernaba el país y las relaciones con el Bloque Soviético eran cordiales (lo que se veía reflejado en su economía, muy superior a la de Corea del Sur). Apenas unos pocos años después, la Unión Soviética desaparecería y empezarían los verdaderos problemas de Pyongyang. Con la desaparición del mercado socialista, la economía norcoreana se estancó y la paranoia empezó a hacer mella en sus líderes. Para colmo, Kim Il-sung moriría en 1992, dejando al país sin un liderazgo sólido y eficaz. Lo demás, ya lo sabemos gracias a las excéntricas apariciones en TV de Caos de Benós, las verdades a medias del régimen y el empeño de Occidente por inflar cualquier noticia (ya sea cierta o no) relacionada con sus líderes.

Cristiano Ronaldo es Cristiano Ronaldo...

Así pues, decir que el bueno de Lou Mamet trabajaba para la CIA igual no quedaba del todo bien, de ahí que tanto la trama como sus protagonistas apenas tengan un mínimo de consistencia y todo se quede en algo gris y sin ningún interés. Ya os digo que el hecho de que esté rodada en Corea del Norte es quizá uno de sus pocos alicientes, pero ni siquiera eso la hace disfrutable. Los planos de la capital norcoreana son muy escasos, reduciéndose únicamente a una secuencia que transcurre en el mítico Metro de Pyongyang (del que se dice que puede servir de refugio en caso de ataque nuclear). El resto de la acción tiene lugar en descampados y poblados de pescadores recreados para la ocasión. Desde luego, irse hasta la otra esquina del mundo para rodar solo eso tiene tela.

"Vaya mierda de partido y de crítica". Jose María García dixit.

Es interesante ver el papel que juegan los "extras" (mucho más si cabe que el de los propios actores principales). Me apostaría mi figura de Shiryu a que una buena parte de ellos eran miembros del Ejército Popular. Es más, estoy convencido de que el Ministerio de Defensa se implicó bastante en el proyecto. De hecho, la mayoría de las armas de mano que se ven en la película pertenecen al arsenal norcoreano (por ahí distinguimos algunos subfusiles de fabricación rusa PPS-43, el mítico M3 -cuyo aspecto nos recuerda enormemente al de un taladro de los que venden en Leroy Merlin- y el fusil Tipo 58, la versión coreana -y gigantesca- del AK-47).

"Menuda mierda de alcayatas me han vendido en el chino".

José María García dispuesto a vengarse del mundo: "Pedrerol es un mierda seca. Yo la tengo más larga".

En cuanto al reparto, ya comenté más arriba que a muchos actores no se les volvió a ver el pelo después de esta película (obviaré cualquier chiste fácil a que fueron vaporizados por el régimen). En la ficha de FilmAffinity no hay ninguna referencia de los actores coreanos (ni siquiera de Kim Follet, la heroína de la peli e interés amoroso del protagonista). El héroe de la función, Frank Zagarino es el único actor que vio revitalizada su carrera después de su periplo en Juchelandia, aunque su carrera quedó relegada a producciones televisivas de baja estofa (de hecho, es el actor al que contratarías si Dolph Lundgren se negase a participar en tu película... todo un síntoma). Los seguidores de los juegos de estrategia le conocerán bien gracias a su interpretación del comandante Anton Slavik en "Command and Conquer Tiberian Sun", donde compartiría escena con el venerado James Earls Jones. Poco más, la verdad. Destacan también Romano Kristoff (al que la Wikipedia en inglés da por muerto y de quien no se sabe nada desde 2010) y Mark Gregory, protagonista de "Los Guerreros del Bronx (que también tengo por aquí guardada) y del que tampoco hay registros desde 1989. En cuanto a Sabrina Siani... más de lo mismo, aunque no me extrañaría nada que después de su incursión en el cine tuviese una epifanía y ahora se hiciera llamar Isabel San Sebastián.

Isabel San Sebastián recibiendo la llamada del Señor.

"En mi tiempo libre me gusta montármelo con "progres". Ignacio Escolar la tiene como un burro de grande"...

Y poco más que contar. Ya os digo que lo más interesante no es la película en sí, sino lo que hubo detrás de ella. Debo reconocer que las secuencias de acción son bastante correctas, pero no hay una trama lo suficientemente sólida detrás que las sustente. Los diálogos en ocasiones son de chufa ("Hueles de maravilla... a hembra" le dice el personaje de Mark Gregory (aka Cristiano Ronaldo) a Kim Follet en uno de los momentos más extraños del filme) y el argumento es errático y confuso a más no poder (en un incomprensible giro del guión, os diré que el famoso científico que está detrás del potingue genético es el mismo tío que contrata a Zagarino para que resuelva el caso). Si a todo esto le sumamos que las relaciones entre los personajes nos importan un pimiento y que el desarrollo es más lento que el encefalograma de un youtuber, pues ya os hacéis una idea del enorme pufo que tenemos delante. Huyan y no miren atrás.

¿Qué parte de "Huid y no miréis atrás" no habéis entendido?

Bonus Track: El cartel... La madre que me parió... No solo no tiene NADA que ver con lo que se cuenta en la película (para variar...) sino que además es una ostia teledirigida a la cara de Oliver Stone. Todavía me estoy preguntando en qué segmento de este mondongo salía el "prota" despechugado y con la selva norcoreana detrás... Fijo que si hubiera sido Marta Fernández en lencería negra me habría enterado. En cuanto al cartelillo que aparece al comienzo de esta crítica, no me preguntéis dónde fueron los helicópteros Apache que se dan de ostias bajo la impertérrita mirada de los protagonistas ni el M16 que sostiene el hermano deforme de Zagarino. Igual desaparecieron en un agujero interdimensional, como la información de los discos duros de Bárcenas.

Y si aun así piensan que Italia es el País de la Desvergüenza, es que no han visitado España...

EDITADO: En un principio, la película estaba disponible hasta el 17 de marzo en la web de RTVE pero, por el motivo que sea, alguien ha querido joderme la entrada y retirarla antes de tiempo (comprobad por si acaso vuestros navegadores). Seguramente los programadores de TVE han leído lo de Corea del Norte e inmediatamente lo han relacionado con Pablo Iglesias. En fin, una pena...

sábado, 20 de febrero de 2016

Tunka el Guerrero (Joaquín Gómez Sáinz)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Tunka el Guerrero
  • Director: Joaquín Gómez Sáinz (aka Dan Barry... y no, no es el de los tebeos de Flash Gordon)
  • Reparto: Joaquín Gómez Sáinz, Remedios Hernandez, Tom Hernández, Marina Mason, Mariano Vidal Molina, Bartabas (!) y Charly Bravo (Alfa Tango, Corto y cierro)
  • País: España y Olé (Corruptolandia)
  • Género: Barbaridades de bajo coste
  • Año: 1983
  • Valoración: Oro puro, Gordo de Lotería, Pleno al Quince...
La 2 está últimamente que lo tira. Y no lo digo por la jamona que presenta el informativo de la noche ni por sus documentales de bichos, sino por las películas que nos ha regalado en las últimas fechas. Hace unas semanas los fachas a los que acoso en Facebook casi se corren de la emoción (suponiendo que esta gente tenga instintos sexuales) cuando se enteraron de la inminente reposición de “Raza”, la película que Sáenz de Heredia dirigió en 1941 a partir de un libretucho escrito por cierto tapón de desagüe que gobernó España durante casi cuarenta años. Estuve tentado de sentarme a verla y disfrutar un rato de su visionado, pero mi ranciómetro ya había alcanzado niveles alarmantes tras haber visto esa misma mañana la tertulia que Isabel Durán dirige en 13 TV. Tengo que cuidar mi salud. Tanto mi médico, mi madre y mi Geyperman de la Buena Suerte están de acuerdo.

Ecce Homo...

No había pasado una semana desde el estreno que conmovió al facherío patrio cuando la pública volvía a sorprendernos con una auténtica joya del Cine de Derribo. La encargada de animar la noche no fue otra que “Tunka el Guerrero”, película protagonizada, dirigida y guionizada por Joaquín Gómez Sáinz (que aquí firma como Dan Barry), un señor entre cuyos logros más destacados figura esta película y -según he leído por ahí- haberle puesto voz a uno de los personajes de "Los Aurones" (eso y, según veo en Linkedin, sacarse la licenciatura en Historia en una universidad de México). No obstante, los trabajos de Barry van más allá de las producciones de baja estofa, llegando a actuar como secundario y doble de acción en algunas de las primeras producciones de Hollywood que se rodaron en España (entre las que destacan clásicos como “La Batalla de Las Árdenas” o “Doctor Zhivago”). También fue un asiduo de los gimnasios, donde se dedicaría con bastante éxito al culturismo. Su fuerza era tal que hasta podía romper una guía telefónica por la mitad. Y esto último no es coña. Barry es, desde luego, un personaje al que contemplar desde el cariño (su web es una visita más que obligada), aunque sus trabajos como director inviten directamente al despelote y a la carcajada general, que es más o menos lo que ocurre aquí.

Y eso incluye a los propios actores que salieron en la película.

A mitad de camino entre “Mad Max” y una exploitation de “Conan el Bárbaro”, “Tunka el Guerrero” nos sitúa en un mundo devastado por una guerra nuclear. Los que esperéis encontraros con localizaciones postapocalípticas os llevaréis una desilusión tremenda, dado que la película está enteramente rodada en mitad de la sierra. También se ven por ahí unas ruinas romanas, pero soy incapaz de localizarlas (y eso, teniendo en cuenta que tengo la Licenciatura en Historia y que me estoy sacando el Grado en Historia de Arte, tiene delito). De lo que no me cabe duda es que son auténticas, porque solo aparecen en el metraje durante tres o cuatro minutos mal contados… lo que me lleva a pensar que les dieron el tiempo justo para grabar un par de tomas y gracias. Para ser una película ambientada tras el fin de la Tercera Guerra Mundial se echan de menos escenarios algo más modernos, aunque supongo que la falta de medios para recrearlos (así como la propia afición del director por las recreaciones históricas) obligaron a Barry a emular más al Conan de Milius que al Guerrero de la Carretera de Miller. Después de todo, salía más barato y en la época tenía muchísimo más tirón.

"Bien...  Bien... Todo está saliendo según el plan..."

El caso es que la Humanidad del Futuro se ha dividido en dos bandos que se odian a muerte: los Eloi y los Morl… Perdón me he equivocado de película. Decía que, en un giro que recuerda más a los últimos trabajos como guionista de Ana Obregón que a H. G. Wells, vemos cómo dos tribus de hombres (los Tassalys) y mujeres (las Selenas) se dedican a zurrarse entre ellas y a preparar expediciones de castigo que tienen como finalidad la captura de prisioneros para reproducirse. Precisamente la peli empieza con una de estas incursiones, donde las tropas lideradas por un señor de la guerra bastante maloso y con aspiraciones de César secuestra a un grupo de mujeres para llevárselas a su campamento y montar allí unas sesiones de porno POV.

Pues yo les hacía un 591 en toda regla, oiga...

La líder de las Selenas, un cruce entre la Dama de Elche y una Barbarella de saldo, monta en cólera y organiza una misión de rescate. Pero como el territorio de los Tassalys está maldito (se supone que es cosa de la radiación provocada por la guerra atómica… en realidad nunca llegan a explicarlo del todo), deciden enviar a un tío que forma parte de otra tribu de hombres (los Senkas) que también pasta por las montañas. El elegido no será otro que el mismísimo Loulogio que, espada en ristre, se enfrentará a los villanos y hallará una muerte gloriosa (lo que no le impedirá parpadear o tener algún que otro espasmo facial cuando la cámara haga un zoom de su cadáver).

Loulogio dispuesto a purgar sus pecados después de  haber codirigido y presentado "Fiesta Suprema".

El biznieto de la Vieja de la Fabada.

La noticia de la muerte de Loulogio llega a oídos de su hermano, Tunka, que recorre la costa cantábrica guiado por la voz de una especie de Julio Anguita oligofrénico, un tío que viene a ser algo así como el Venerable de la Cumbre y el narrador de la peli. Subido en lo alto de un peñasco (habría sido gracioso que alguien hubiera salido de detrás del pedrusco para empujarlo barranco abajo), el Sabio le guía hasta un puesto avanzado de las Selenas. Allí Tunka es recibido por la hermana estrábica de Nuria Bermúdez y un travesti que perfectamente podría llamarse Julia. Y tras el cara a cara de rigor, le hacen pasar a una cueva y le invitan a cenar.

"Por última vez: ¡Nunca me acosté con Roberto Carlos!".

La escena es cuestión es tan innecesariamente larga como estúpida, puesto que tenemos encuadres de Tunka y compañía manducándose unos muslos de pollo que ríete tú de los que sirven en el Kentucky que hay en el Meridiano. Son apenas dos minutos, pero al espectador se le antoja una eternidad. Obviaré cualquier referencia a la ausencia de gallinas y de animales de corral en la película, pero igual hasta se estaban merendando al gato del encargado de los focos. Por otra parte, igual es que tengo la mente hecha un asco de tanto ver porno, pero os juro que pensé que iban a ponerse a follar allí mismo. El ver una estufa por allí tirada y un par de mantas por el suelo ya me hizo temerme lo peor. No me miréis así: he visto pelis porno con más presupuesto que esto.

A todas las chicas les gusta el pollo frito... Ojo al deleite con el que Barry se mete el muslo entre pecho y espalda.

Total, que Tunka, el Guerrero con la Napia de Acero, es llevado ante la Dama de Elche. La fulana le dice que, si quiere ser el Campeón de su tribu, tendrá que derrotar a sus dos mejores luchadoras. Y ante el asombro de un puñado de tías salidas de un carnaval zíngaro, el tío vence a la Nuria Bermúdez de saldo y al travesti mutante. ¡Como Albert Rivera con Pedro Sánchez, Tunka se ha ganado el derecho a pactar con la líder de Romanolandia!

"Lo de quitarle el aforamiento a Rita como que no, ¿verdad?".

A todo esto, los malosos han atacado un poblado de mujeres que está cerca de la costa, pero la ofensiva es tan chapucera que se ven obligados a retirarse. Los villanos dejan tirado al líder de los Tassalys, que tiene que volver a su campamento a patita (con récord mundial de velocidad incluido, porque entre la escena de la playa y la del monte, no pasan ni dos minutos). Mientras tanto, los ceporros de sus esbirros discuten sobre quién debería ser el nuevo comandante. Esta parte solo sirve para mostrarnos el mal rollo que hay entre el jefe y su lugarteniente, un tío que se pasea durante toda la película con un águila colgada del brazo y que sobreactúa más que cualquiera de los desechos que hay ahora metidos en la casa de Gran Hermano. Aunque parezca mentira (¿en serio?) la escena no conduce a ninguna parte y se queda por ahí dando tumbos.

No es por nada, pero yo me plantearía echarle un ojo a ese fuego...

En esas, Tunka, acompañado de un enano con la voz de Pepe Carabías, es capturado por los Tassalys mientras trataba de infiltrarse en su territorio. Sin embargo, tanto el Julio Anguita de mentira como los dioses parecen estar de su lado, puesto que envían a un niño/a a liberarlo. El crío/a (y recurro a la diferenciación de género porque no tengo ni idea de lo que es) le dice que es la Esperanza y que solo teniendo fe en sí mismo podrá salir de allí. Al final el nene/a acaba cortando las ligaduras del bárbaro y desapareciendo de nuestra historia. De puta madre. Ahora me explico cómo se las ingeniaron los de la nueva versión de "Galáctica" para meter ángeles y seres divinos en una serie de naves especiales y, aun así, quedar como putos reyes. ¡El guionista de esta “cosa” hizo escuela!


Pero lo más gracioso de todo es ver como uno de los sicarios del maloso se encuentra la celda de Tunka vacía. El tío, para evitar que su jefe le haga un ERE, se lava las manos y fuera de plano dice algo así como: “A mí me da lo mismo. Paso de rollos”. ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Grande!

La última juerga del PP valenciano.

En esas, en el campamento de las Amazonas, las mujeres de Barbarella y los guerreros de Tunka entrenan para enfrentarse a los Tassalys. La Nuria Bermúdez de tres cincuenta se enfrenta contra el frutero de “Aída” mientras dice “Parece que has mejorado mucho”. ¿Cómo? ¿Perdona? ¿Es que ya se conocían de antes? ¿Qué relación tienen estos dos? ¿Son padre e hija? ¿Son novios? ¿Hermanos? Todas estas preguntas se pierden en la bruma al ver cómo las espadas que utilizan nuestros temibles bárbaros son en realidad de plástico, por mucho entrechocar de armas que se oiga de fondo. Hay momentos en los que incluso las vemos doblarse cual chorra con disfunción eréctil (no te preocupes, Carlos Cuesta, te queremos igual), pero es lo que suele pasar cuando uno va a un bazar chino a comprar artículos de Carnaval.

"Cuando pille a los de atrezzo se van a enterar..."

Resumiendo, que se nos hace tarde: finalmente, Selenas y Senkas irrumpen en el campamento del villano. Se supone que, al estar en tierra maldita, tantos unos como otros caerían víctimas de la radiación... Pero como solo quedan diez minutos de película mal contados y nadie se ha molestado en profundizar un poco más en el asunto, ¿para qué darle vueltas al tema? Y mientras tiene lugar una batalla campal digna de un Tenisca-Mensajero (con "extras" muertos que tan pronto mueren como se levantan del suelo), el malo sale por piernas y no se le vuelve a ver el pelo. Ni batalla final ni ostias, que está anocheciendo y mañana se nos acaba la reserva del camping.

¡Siete caballos que llegan de Bonanzaaaaaaa!

Finalmente, y guiados por las palabras del Julio Anguita de tres duros, Tunka y su muchachada se reúnen a los pies de un acantilado en el que rompe el mar (de hecho, os juro que varios de los "extras" luchan por mantenerse en pie ante el empuje de las olas). La montaña de marras es la puerta hacia el Nuevo Mundo y cruzarla significa emprender un emocionante viaje al motel de la esquina... Pero nuestros héroes no estarán solos en su empeño por repoblar el planeta, puesto que estarán acompañados por la Maldad (representada por el fulano del águila y que, en un acojonante giro del guión, se vuelve un tío majo de repente) y la Esperanza (que retorna a nuestra historia después de haber ayudado a Tunka mientras este compartía celda con Francisco Granados). A mitad de camino entre la genialidad y el esperpento, la alegoría de marras es un giro digno de un Goya en todo regla. Y mientras no sabemos si reír o quitarnos el sombrero ante los cojones echados por Barry, comienzan a salir los títulos de crédito. Y ya está. Fin.

"¡Coño, un centollo!".

Conclusión

Considerada como un infumable bodrio de Serie B, “Tunka” es un entrañable ejercicio de humor involuntario al más puro estilo del cine turco setentero. Su empeño en tomarse en serio a sí misma la ponen a la altura de una producción infantil. Tiene unos agujeros tan grandes que uno no puede evitar pensar que su guión se redactó en dos días y que ni siquiera les dio tiempo a corregirlo. De todos modos, me gusta su carácter ligero y alegre (muy a lo Curro Jiménez), y el hecho de ser bastante breve (apenas llega a los setenta minutos) la libra de ser lapidada por el populacho. Al estar redoblada, las interpretaciones llegan a ser bastante correctas (exceptuando a Loulogio y su momento “Este muerto está muy vivo”), pero bordea en lo atroz en lo que a la dirección se refiere (ver los caretos que ponen las Selenas mientras contemplan los entrenamientos es el colmo de la sobreactuación). Debo admitir que por ahí hay alguna otra Selena a la que dan ganas de trajinarse, pero el casting es de lo peor (bárbaros escuálidos, cuarentonas que pasan por ser jovencitas de veinte...). No obstante, el conjunto es muy divertido. Tal es así que la he puntuado con un 7 en FilmAffinity. ¡Y es que tiene su gracia, coñe! Como entretenimiento, no defrauda. Por otro lado, hay una cosa que me inquieta cosa mala.... Si tenemos en cuenta que Barry tiene su licenciatura en Historia perfectamente en regla (como yo) y que tiene un largo repertorio de producciones de Serie Zetísima (género del que me declaro un fan incondicional), no me cabe ninguna duda de que podría estar viendo una imagen de mi propio futuro (hormonas y batidos de proteínas aparte)... Eso, o es que mi madre tiene muchas cosas que contarme... Inquietante, Carmen...

martes, 5 de enero de 2016

Las diez películas más cutres y rancias que he visto este año (y VIII)

Y ya está. Misión cumplida. Justo a tiempo para Reyes. Si todo va bien, mañana sus Majestades conseguirán sortear a las tropas del ISIS, escalar la valla de Melilla y entrar en el país para regocijo de grandes y pequeños... Eso si antes una escuadra neomongola de España 2000 no los localiza y les arrea una santa y patriótica paliza en plena madrugada, que a esta gente todo lo que huela a Oriente les provoca disfunción eréctil.

Lo dicho, estamos a cinco de enero y yo sin vender una escoba. El año se presenta muy duro. Como no ahorre de aquí a febrero, me quedo sin pagar la matrícula y me veo en la puta calle. Creo que esta es la tercera publicación del año en la que me cago en Dios. Por lo demás, prometo portarme bien, meterle mano de una vez a la interminable lista de lecturas que me quedan pendientes y dejar de tirar de mis apuntes de la universidad para mantener el blog arriba... Aunque eso signifique dejarlos guardados en lo más recóndito de mi ordenador, justo al lado de la carpeta del porno y mi diario de "Hello Kitty".

2. CAPTAIN BATTLE: LEGACY WAR


Sam Battle, un soldado estadounidense desplazado en Morolandia, es herido en una operación contra la insurgencia iraquí y trasladado a un hospital militar. Cuando la vida de nuestro hombre está a punto de extinguirse, el Alto Mando decide probar con él un suero experimental que le permitirá no solo regresar de entre los muertos, sino convertirse en el definitivo héroe americano. ¡El Capitán Batalla acaba de nacer! Y no ha podido hacerlo en un mejor momento, puesto que una banda de neonazis acaba de establecerse en Estados Unidos con la intención de resucitar al mismísimo Adolf Hitler e instaurar el IV Reich. Si el Capitán Calzoncillos denuncia perfiles de Democracia Nacional en Facebook, no sé por qué el señor Batalla no puede aporrear nazis a golpe de sintetizador de tres duros.

"Democracia Nacional tiene los días contados".

Exacto, el argumento de esta película es tan gilipollas como parece, pero tampoco dista tanto de asemejarse a los últimos motrocos superheroicos de Hollywood. Lo más sorprendente es que el Capitán Batalla existe realmente, aunque desconozco si se trata de un invento de Marvel o fue una copia bastarda surgida al amparo de la moda de los cenutrios en mallas que causó furor durante la II Segunda Guerra Mundial. De ser así, estaríamos ante el primer "exploitation" de bazar chino de la historia del celuloide (NOTA: si dices "historia del celuloide" tres veces, cuatro hipsters alcanzan el orgasmo metiendo la chorra en un ventilador).

En serio, me va a costar mucho explicaros que esto NO ES PORNO.

Ya digo, la peli no se distinguiría de sus homónimas de presupuesto estratosférico de no ser porque está hecha con cuatro perras. Al igual que había ocurrido con "Jurassic Shark", la calidad de la película se asemeja a la de un vídeo doméstico. Las interpretaciones son de chufa y el protagonista tiene la misma personalidad que un huevo estallado (el hecho de que utilice un parche sin tener ningún motivo para ello ya dice mucho de esta burrada).

Ahora es cuando la tía se quita el sostén, se pone de rodillas y empieza DE VERDAD la película.

¡Ah! Y creo que la pelirroja que sale en el cartel con pinta de comérselas de dos en dos y mojadas en nata es actriz porno o algo así... O sea, que se las come de dos en dos y mojadas en nata. 

1. BATTLE OF LOS ANGELES


La película más infecta del año por antonomasia. En su cruzada por destruir los cimientos de la civilización y la decencia humanas, The Asylum vuelve a ofrecernos la que quizá sea la peli más chorra y estúpida de todo su arsenal. Y eso, viniendo de una productora que ha hecho cosas como "Titanic II", ya es mucho.

China está empezando a suministrar armas a Estados Unidos por medio de sus numerosos bazares.

Estrenada a rebufo de la espectacular "Battle: Los Angeles" ("Invasión a la Tierra" en España), esta basura provoca desde cáncer hasta enfermedades venéreas. Por tener, los que la hicieron no tuvieron ni vergüenza, dado que ni siquiera se molestaron en cambiarle el título con respecto a la película original. La gracia de este soplo de mierda cogotero está en jugar con el supuesto avistamiento de un OVNI que tuvo lugar en Los Ángeles en 1942 y que obligó a medio ejército estadounidense a disparar sobre él (a modo de guiño, por ahí sale un piloto de la II Guerra Mundial que al final resulta ser un marcianejo). Teniendo en cuenta que son las dos y veinte de la mañana, voy a pasar por alto profundizar en semejante subnormalada y centrarme en hablar de la peli.

Cuesta creer que exista una mierda mucho peor que "Skyline" o "Battleship"... Pero existe.

La cosa va de cómo una nave marciana llega a Los Ángeles y arrasa con media ciudad. Pero no todo está perdido, dado que las gloriosas Fuerzas Aéreas de Estados Unidos deciden plantarle cara al armatoste. Tras un primer intento, un grupo de marines tratará de repeler la invasión, contando para ello con la ayuda de una MILF armada con una katana y envuelta a modo de morcilla en un traje de látex. Muchos empezarán la aventura, pero muy pocos lograrán terminarla.

"Al menos es mejor que trabajar en Noche de Fiesta".

Después de ingentes cantidades de mierda, los "protas" consiguen meterse en la nave alienígena volándola por los aires. El CGI es marca de la casa, por supuesto (los aviones que envían a combatir al mostrenco interestelar tan pronto son F-16 como F-18). También hay una pelea contra un monstruo-polla y un robot que tira granadas, pero me da pereza describir todo eso.

Las consecuencias de tirarse un pedo sin bajar la ventanilla del coche.

En lo que va de año Antena 3 ha programado está gilipollez por lo menos cuatro veces (la última el domingo pasado coincidiendo con "Stealth: la amenaza invisible", otra mierda sobaquera que en su momento me planteé reseñar) y casi siempre de madrugada, lo que ya dice mucho del mondongo al que nos enfrentamos. Teniendo en cuenta que suelen repetir la misma película unas dos veces al año, me temo que no será la última vez que vuelva a encontrarme con ella... Porque las posibilidades de encender una tarde la tele y vérmela en Cuatro son tan infinitas como acabar pisando una mierda en la calle... Brindemos por eso.