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domingo, 3 de diciembre de 2017

Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento

Enlace al documento original.

El extracto del presente texto pertenece al “Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento”, obra del conde Pedro Rodríguez de Campomanes, miembro de los Consejos de Hacienda y Castilla durante el reinado de Carlos III y cabeza visible del despotismo ilustrado [1]. El discurso fue publicado en 1775 y está relacionado con otro escrito de naturaleza similar publicado el año anterior, “Discurso sobre el fomento de la industria popular”. La utilidad del artículo entra dentro de la visión ilustrada que se tenía de la sociedad en el siglo XVIII, donde la educación jugaba un destacado papel.

Retrato de Campomanes.
El artículo gira sobre dos ejes fundamentales: la reivindicación del trabajo frente a la holgazanería, criticando, entre otros aspectos, las diversiones, los descuidos en la forma de vestir y los prejuicios existentes alrededor de determinados oficios; y las relaciones que deben establecerse entre oficiales  y aprendices, desde el acceso al artesanado de estos últimos a las responsabilidades que unos y otros deben asumir. En definitiva; se pretendían superar los prejuicios de las ocupaciones que tradicionalmente habían estado mal consideradas y alejadas del esfuerzo intelectual (en parte debido a que el trabajo manual era visto como una maldición divina) y fortalecer la actividad productiva. Para ello, Campomanes tratará de darle a estos oficios la legitimidad de la que hasta entonces habían carecido. Esta “modernización” del sector buscaba el mantenimiento de la paz social y remarcaba el papel del Estado como garante de su cumplimiento (lo cual encajaba a la perfección con los preceptos centralistas del Estado borbónico).
Según el ideario ilustrado, cada estamento debía recibir una educación acorde con su función en la sociedad y necesidades. En el caso de la educación popular, esta estaba enfocada hacia la actividad productiva, de la cual deriva el sustento de los individuos [2], pero no por ello debían ser vistas como algo desdeñable (el historiador Pedro Robles emplea la expresión “rudas e innobles” [3]). Es notable señalar cómo en su discurso trata de reivindicar el papel de aquellos oficios relacionados con la sangre (“No hay tampoco, porque deshonrar a los que hacen las matanzas en las carnicerías y rastros; o a los que pesan, destrozan, salan y esquilan las reses; o desuellan, adoban y curten sus pellejos o cueros”), tradicionalmente considerados impuros desde tiempos medievales, cuando no degradantes.
Estos oficios prácticos no debían ser solo de naturaleza física, sino también someterse a un dictado de conocimientos teóricos para poder acceder a ellos y desempeñarlos correctamente [4]. Todo oficio, por consiguiente, debía estar guiado por una serie de reglas (un aspecto en el que Campomanes incidirá cuando haga referencias en los tratos que se dan entre el maestro y el aprendiz).
Los aprendices de los gremios debían considerar la importancia de las matemáticas, los “rudimentos de leer y escribir” y el dibujo en su formación. Pese a todo, la educación técnica debía ir acompaña de otra de carácter moral. Ambos conocimientos contribuirían al mejor desarrollo de los jóvenes aprendices, haciendo que estos fueran un ejemplo de honradez y decencia [5]. Esta moral se asentaría sobre los principios de la familia, llegándose a considerar que “Los maestros están en lugar de los padres, y les dan [a los aprendices] una instrucción (…). Es justo que tanto aprendices, como oficiales les conserven, y guarden todo respeto y obediencia, con una veneración permanente”. Esta moral debía ser puesta en práctica tanto en el taller (la esfera pública) como en el hogar (la esfera privada), por lo que era preciso que los jóvenes artesanos guardaran una código decoroso en el vestir (Campomanes se lamenta de cómo en algunos casos llegan a ser confundidos con “mendigos o vagos”, algo que alimentaba la visión poco halagüeña de la que los artesanos disfrutaban) y se alejaran de costumbres nocivas y “poco convenientes”, como “el abuso de entrar en la taberna”. Guardar las formas ante el público -quien sancionaría sus actos- contribuiría a mejorar su imagen [6], de ahí la importancia de la educación y la fuerza de la costumbre desde la niñez.
Existía, por lo tanto, un claro empeño en desterrar la visión equivocada que se tenía de los oficios prácticos, a los que Campomanes consideraba “vitales para el progreso de la nación” [7]. Para ello, era necesario cambiar la imagen que se tenía de los miembros del Tercer Estado, convirtiéndoles en individuos virtuosos gracias a la educación. El juego, la pereza (“guardar el lunes”) o el vicio en nada ayudaban mejorar esa imagen denigrante, por lo que era preciso cambiarla mediante una “renovación de las costumbres” [8].
El cumplimiento de estos preceptos fue costoso debido al arraigo de los malos hábitos: si los artesanos que desempeñaban las actividades más viles hacían el esfuerzo de cambiar su conducta, el resto de la sociedad les valoraría. El esfuerzo y la voluntad de cambio vendría de los campesinos y artesanos, pudiendo ser ayudados por las leyes y las políticas educativas promovidas por el Estado. La medida, en todo caso,  nació desde la verticalidad del poder y sin contar con el acuerdo del Tercer Estado. No hubo un afán revolucionario desde la perspectiva estamental, puesto que se pretendía que tanto los artesanos como los campesinos cambiasen sus costumbres al mismo tiempo que cumplían la función que la sociedad estamental esperaba de ellos. En este aspecto, Campomanes hace suyo el discurso de Rousseau (el individuo debe comportarse según las nuevas conductas sociales [9]). Las ideas de Campomanes encajarían así en los preceptos del despotismo ilustrado (“Todo por el pueblo, pero sin el pueblo), quedando el Estado convertido en una institución paternalista y protectora.
Si bien Campomanes veía en la niñez y la juventud una oportunidad para cambiar las costumbres de la población, también se mostró muy crítico con los adultos, a los que achacaba el mal de la ociosidad. El tiempo libre también debía ser una cuestión sobre la que debería ocuparse el Estado, dado que las horas de divertimento servían para evitar los excesos del trabajo y que este fuera visto más como una carga a la que aborrecer que una actividad donde el esfuerzo quedase dignificado.  Campomanes hace toda una declaración de intenciones al respecto cuando afirma que actividades como “el juego de pelota, de bolos, de brochas, de trucos, tiro de de barra o esgrima (…) ejercitan las fuerzas corporales y son útiles para la salud (…) cuidando la policía de su buen arreglo”.
La reforma educativa también afectó a la mujer, tradicionalmente relegada a un lugar secundario por sus “capacidades” (una idea que Campomanes consideró superada [10]), intentándose incorporarla al mundo laboral pese a la negativa de los gremios. Para ello, habría que hacer de nuevo uso de la educación, tarea que empezaba en el hogar y que debía complementarse con la ayuda de las leyes. Así, se esperaba que las mujeres trabajasen en actividades propias de su género, como trabajos textiles y actividades decorativas (calceta, encajes...), así como en el mundo de la alimentación (en la época no era raro verlas ejercer de panaderas o pasteleras).
Entre las conclusiones a tener en cuenta, hemos de incidir en la creencia que Campomanes tenía en la educación como un valor en alza para contribuir al desarrollo económico, moviéndose tales propuestas en el ámbito del reformismo borbónico llevado a cabo por Carlos III. Cabe  destacar que, pese a lo progresista de su discurso, no se buscaban realizar cambios profundos en el orden social, pero sí una reorganización de la sociedad dentro los parámetros del Antiguo Régimen. Gracias a este pragmatismo, se pretendía que la situación económica y social del país prosperase.

BIBLIOGRAFÍA:
  • PEDRO ROBLES, Antonio E. de, “Pedro Rodríguez de Campomanes y el discurso sobre la educación popular”, en  Cuadernos dieciochistas, Ediciones de la Universidad de Salamanca, núm. 7, 2006, pp. 197-217.
  • VVAA, Enciclopedia Santillana: Datos, hechos y nombres imprescindibles, Grupo Santillana de Editores, Madrid, 2001. 
__________________________
1. VVAA, Enciclopedia Santillana: Datos, hechos y nombres imprescindibles, Grupo Santillana de Editores, Madrid, 2001. 
2. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, “Pedro Rodríguez de Campomanes y el discurso sobre la educación popular”, en  Cuadernos dieciochistas, Ediciones de la Universidad de Salamanca, núm. 7, 2006, pp. 197-217.
3. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 202.
4. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 202.
5. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 203-204.
6. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 205-206.
7. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 206.
8. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 206-207.
9. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 207.
10. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, pp. 214-215.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Las Siete Maravillas de la Antigua Grecia

* Podéis acceder al documental aquí.

El primer documental que visionamos durante el curso tenía como objetivo familiarizarnos con los modelos arquitectónicos que estudiaríamos durante el cuatrimestre. Con “Las Siete Maravillas de la Antigua Grecia” se nos muestran algunos de los grandes hitos artísticos y arquitectónicos de la civilización helena, siendo estos el Palacio de Cnosos, el Templo de Apolo, el Teatro de Epidauro, el Partenón, el Coloso de Rodas y la importancia que tuvieron los Juegos Olímpicos y la isla de Santorini en el desarrollo de la sociedad griega. Sin ir más lejos, los detalles que se cuentan sobre la construcción del Partenón y del Teatro de Epidauro sirven de complemento al contenido y comprensión de nuestra materia.

La primera construcción en ser analizada es el palacio de Cnosos, una de las estructuras más representativas de la civilización minoica (entre el 3000 y el 1050 a. C.). Siguiendo con la tónica del documental, el narrador juega con la probabilidad de que este enclave hubiera inspirado la leyenda del Laberinto del Minotauro (1), al tiempo que hace un escueto recorrido por las partes más representativas del palacio. El relato mitológico nos dice que el laberinto de la bestia se encontraba bajo el palacio del legendario rey Minos, hijo de Europa y el dios Zeus. El monstruo sería derrotado por el héroe Teseo gracias a la ayuda de Ariadna, la hija del monarca. Con su muerte, la corona de Minos caería y Creta sería liberada. El investigador Arthur Evans, guiado por la leyenda, descubriría en la década de 1900 los vestigios del palacio, iniciando así unas tareas de reconstrucción que se prolongarían hasta 1932.

Teseo enfrentándose al Minotauro.
Dicho proyecto no estuvo exento de polémica, puesto que Evans -y siguiendo las prácticas arqueológicas de la época- se limitó a recoger y catalogar aquellas piezas que consideró bonitas y vistosas (2), descartando los restos que consideraba carentes de interés. También pasó por alto el estudio de los cortes estratigráficos (3), algo que sería impensable en la actualidad. En la restauración el interés artístico tuvo más peso que el arqueológico, donde se reconstruyeron los pisos altos con hormigón armado (4) y se completaron las figuras que conformaban los frescos.
Situado en el centro de la isla de Creta, el palacio de Cnosos fue construido durante la época de los “segundos palacios” (1700-1450), cuando un terremoto destruyó el palacio anterior (5). Antes del seísmo, y aparte del palacio de Cnosos original, otros edificios similares jalonaban el perfil de la isla como los de Festos, Malia y Hagia Triada (6).

Con sus 17.000 metros cuadrados y más de 1.500 estancias, el palacio de Cnosos fue el más grande de todas estructuras palaciales minoicas (7) y supuso la culminación del proceso que se había iniciado durante el Neolítico en el Mediterráneo Oriental. El palacio era más que un edificio. Era un complejo urbanístico alrededor del cual giraba toda la vida de los minoicos (8), cumpliendo la función de centro económico, puesto que era el lugar donde se trazaban las expediciones comerciales (9) y se almacenaban y administraban los bienes (10); y también donde se desarrollaba la actividad política y religiosa, dado que era la residencia del rey-sacerdote (resulta especialmente interesante que en el documental se nos muestre el trono que Evans atribuyó a Minos).

Ruinas del Palacio de Cnosos.

El monarca era el intermediario de la divinidad que protegía a la ciudad. Así, esta estaba considerada como la dueña última del palacio. Cabe destacar que estas divinidades estaban asociadas a la fertilidad y que las propiedades y recursos administrados por el monarca también eran de su propiedad. El hecho de que la religión fuese un elemento cotidiano en la vida de la Creta minoica quizá explique que sus palacios fuesen lugares abiertos y accesibles para el público (11). Así, se sabe que el palacio también alojó dependencias dedicadas a la artesanía (donde, entre otras actividades, se trabajaba con la cerámica y el metal) y talleres de albañilería y carpintería.

El palacio estaba hecho de adobe y piedra, afianzado por un conglomerado de vigas de madera y postes entrelazados, los cuales permitían al edificio soportar el envite de los terremotos (12). Contaba con una serie de estancias situadas en torno a un gran patio central. En la parte sur de la estructura se encontraba la entrada. En el ala occidental estaban los almacenes y el salón del trono mientras que en el ala oriental se hallaban las habitaciones. Cabe suponer que la construcción no siguió un orden premeditado, sino que se ajustó a las necesidades del momento, obedeciendo así a un crecimiento orgánico. Algunos autores (13) han considerado que el trazado confuso y laberíntico de la planta fue lo que motivó a Evans a relacionar el palacio con la leyenda del Minotauro. Asimismo, la estructura se caracteriza por tener una construcción adintelada donde los techos planos se apoyan sobre pilares cuadrados. Destacan también los pórticos sustentados por columnas de capitel invertido unidas al techo por un ábaco. En lo que respecta a las estancias, estas comunicaban tanto al patio como al interior del palacio, encontrándonos con escaleras que unen los diferentes niveles.

Comentados los aspectos más interesantes del Palacio de Cnosos, el documental se centra en el Templo de Apolo en Delfos, si bien se incide más en las actividades de carácter religioso que se desarrollaban en su interior que en su propia construcción. 

Templo de Apolo.
El templo fue descubierto en 1892 y algunas de las estructuras colindantes fueron posteriormente reconstruidas, como fue el caso del Tesoro de los Atenienses. Conviene recordar que Delfos no es solo el lugar donde se encuentra el templo de Apolo (provisto, ya de por sí, por varias construcciones anexas): si bien el propio templo ocupaba un lugar central en el santuario, encontramos otros enclaves como las fuentes de Castalia (de la que se decía que sus aguas podían predecir el futuro) y Delphusa, las murallas de Filomena, los santuarios de Phylacos y Autonoos o el Sinedrión. Pese a todo, el lugar giraba en torno a Apolo. Pausanias haría una descripción bastante detallada del complejo en su “Periégesis”.
Los orígenes de Apolo son algo difusos, pero sabemos que durante la época helénica la poesía, la música y la filosofía estaban bajo su protección. Su vinculación a Delfos está ligada a diferentes leyendas, entre las que destaca su enfrentamiento con el dragón Pitón. Así, el dios visitaba la región durante los meses de primavera para ejercer como señor del Oráculo (pese a que Zeus le había encomendado residir en Delfos, Apolo prefería su estancia en Hiperbórea, cediendo a Dionisos su cargo como responsable del Oráculo durante el resto del año (14). Buena parte de los templos dedicados a Apolo se encuentran en Asia, como los de Patara (Licia) y Dídima (Caria), y todo parece indicar que su culto llegó de forma tardía a la Grecia continental (15). Si tenemos en cuenta que el culto a Apolo llegó a la región en torno al s. VIII a. C. y que en el s. VII ya hay referencias al santuario en “La Iliada”, estamos ante una veneración que se extendió con notoria rapidez (16), convirtiéndose con el tiempo en una de las entidades religiosas más importantes de Grecia. 

Los peregrinos que visitaban Delfos accedían por una puerta que se encontraba en el área sudeste del complejo. Una vez dentro, se encontraban con una sucesión de edificios (templos, pórticos...) que se levantaban al borde del camino. Hacia al final del sendero de la Vía Sagrada les esperaba la terraza del templo de Apolo (17). Al norte del templo se puede admirar el teatro, situado en la parte superior del recinto. Y si ascendemos un poco más pueden encontrarse los restos del estadio donde (en nombre de Apolo, por supuesto) se celebraban los Juegos Píticos.
En lo que respecta al templo en sí, este fue construido en el s. IV a. C., sobre los cimientos de otro templo anterior que fue levantado un siglo antes (y que se corresponde con el que aparece en “La Iliada”) y destruido por un incendio. La iniciativa corrió a cargo Cleistenes -el introductor de la democracia en Atenas- y la financiación de sustentó en los donativos realizados por las diferentes ciudades griegas. Se sabe que el frontón que daba la bienvenida a los fieles era de mármol, y en él se veía a Apolo entrando en Delfos en compañía de su hermana Artemisa y su madre. Sin embargo, un terremoto destruyó parte de su estructura en el 373 a. C., siendo reconstruido de nuevo por arquitectos como Agathón, Xenodoros y Spintharos. 
Tanto la actividad religiosa como el oráculo perduraron hasta el final de la época romana (18), cuando fue cerrado por Teodosio (390 d. C.). El emperador Arcadio ordenó su demolición, pero el templo se mantuvo intacto hasta el 450 d. C., cuando fue reconvertido en iglesia (19) y posteriormente destruido. Llama la atención cómo el documental se centra en la actividad ejercida por las sacerdotisas y cómo explica las formas en las que entraban en trance. Entre las explicaciones más plausibles, se encuentra una posible intoxicación originada por los vapores tóxicos emitidos por dos fallas que se cruzan justo debajo del templo y que brotaban a través de las grietas de la estancia donde tenían lugar los augurios. En cuanto al papel de las sacerdotisas, no debemos engañarnos por su importancia. La presencia de una mujer actuando como pitonisa (20) en el Oráculo hacía que todo quedase bajo el control de los sacerdotes. En palabras de Cristina Aldana Nácher, en Delfos “La religión daba más impulso al rito que a la fe”.

Escultura de Arcadio, emperador que ordenó demoler el Templo.

Las proporciones del templo eran de 60,32x23,82 metros. Su morfología nos lleva a catalogarlo dentro de los templos de orden dórico. Se trataba de una estructura períptera que presentaba seis columnas en su parte delantera y quince en sus laterales. En cuanto a la decoración de los frontones, el oriental rescató el motivo que había tenido el templo anterior mientras que el occidental mostraba a Helios y al cortejo de Dionisos. Lamentablemente, buena parte de estas evidencias no han llegado hasta nosotros.

Debido a su evidente deterioro, el interior del templo y su disposición resultan más complicados de analizar. En la pronaos estaban inscritos los nombres de los Siete Sabios de Grecia (Solón de Atenas, Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene, Cleóbulo de Rodas, Quilón de Esparta, Biás de Priene y Periandro de Corinto) y se levantaba una estatua de Homero. Por su parte, en la naos se encontraba un altar dedicado a Poseidón y un conjunto escultórico dedicado a Apolo, así como el fuego permanente. En el ádyton aguardaban los que iban a consultar su futuro a la pitonisa. Este lugar también indicaba cuál era el centro del mundo y en él podían admirarse objetos como las dos águilas de Zeus, una estatua de oro de Apolo, un sarcófago dedicado a Dionisos y el trípode de la sacerdotisa. En el arquitrabe no faltaban los trofeos arrebatados a los enemigos, ocupando el de la parte oriental los escudos capturados a los persas y en la parte occidental los pertenecientes a los galos. A la entrada del templo se situaba un altar también dedicado a Apolo. Sus escalones eran de mármol negro y fueron erigidos a modo de ofrenda por los habitantes de Quíos en el 518 a. C. 
La pasión que sintieron los griegos por el teatro puede verse en el Teatro de Epidauro, una de las construcciones más representativos del género. Con una capacidad para albergar hasta 14.000 espectadores, fue levantado por el arquitecto Policleto el Joven. Los fondos para construirlo procedían de los pacientes de un sanatorio que se había construido previamente en las inmediaciones. Y es que los griegos pensaban que el teatro estaba vinculado con el mundo de la salud y que la música y el arte servían para curar a los enfermos.

Teatro de Epidauro.
Hemos de tener en cuenta la importancia que tuvieron estos edificios para los griegos, llegando a convertirse en elementos clave de la ciudad helena (Pausanias afirma que la ciudad de Panopeo no podía considerarse una auténtica polis debido a que no poseía su propio teatro (21).
El Teatro de Epidauro, como otros tantos de su clase, fue construido en honor a Dionisos. Levantado en época tardía (siglo IV a. C.), se trata de uno de los teatros griegos mejor conservados que existen, si bien se piensa que el modelo pudo ser anterior a la época clásica. Con una espléndida acústica (cualidad que se remarca en el documental) su estructura amplificaba la voz humana, llamando la atención el uso de resonadores que hacían que la voz de los actores llegase hasta la última fila de los asientos. Ello puede comprobarse dejando caer una moneda en el centro de la skene (22).

El Teatro de Epidauro seguía el típico esquema de los teatros griegos. Los arquitectos aprovecharon el desnivel del terreno para dar forma al theatron, el espacio reservado a los espectadores que rodeaba a la orquestra, el recinto donde se situaba el coro. Tras la orquestra estaba la skene, una plataforma rectangular y elevada donde actuaban los actores, muy pocos si tenemos en cuenta el reducido número de personajes que tenía la tragedia griega (23). La skene estaba a su vez separada del auditorio por el parodoi, dos pasillos que permitían el acceso a la orquestra desde el exterior y cuya finalidad era la de servir de vestuario y facilitar a los actores entrar a escena.

El teatro griego se convirtió en el lugar en el que los ciudadanos eran testigos de cómo “las fuerzas irracionales y las pasiones humanas decidían el destino de los hombres” (24), lo que ha llevado a los especialistas a englobar a estas construcciones dentro de la categoría de edificios religiosos. En el siglo V a. C. las comedias se hicieron muy populares, introduciéndose tramoyas y decorados en la skene, perdiendo así las representaciones parte de su significado original (25).

Al Teatro de Epidauro le sigue el Coloso de Rodas, cuya inclusión en la lista supone una rareza dentro de los contenidos de la asignatura. Considerada una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, la figura representaba al dios Helios y fue construida para conmemorar la victoria de los defensores de la isla sobre una fuerza invasora comandada por Demetrio I de Macedonia en el 315 a. C. El encargado de convertir el proyecto en realidad fue el escultor Cares de Lindos quien, agobiado por los cada vez más elevados costes de la construcción, cayó en bancarrota y acabó suicidándose. Varias de las referencias que tenemos sobre la estatua se las debemos a Plinio el Viejo y Estrabón, así como a las crónicas del emperador bizantino Constantino VII.

Imagen idealizada del Coloso de Rodas. 

La figura medía 35 metros de altura e hicieron falta 200 toneladas bronce para su elaboración. Mediante un elaborado tratamiento, las planchas de bronce salían del taller en dirección al lugar donde estaba emplazada la obra. Allí eran ensamblabas sobre un esqueleto de madera. El documental echa por tierra la idea de que la figura se encontraba formando un arco con sus piernas en el puerto de Rodas -a través del cual transitarían los barcos-, puesto que habría sido necesario que los pedestales sobre los que se descansaba hubiesen estado más próximos entre sí. De no haber sido así, el ángulo de separación de las piernas habría tenido una forma ridícula y antinatural. Hoy sabemos que, en lugar de haber sido construida en el propio puerto, la estatua estuvo situada sobre una montaña que dominaba la bahía. Un castillo medieval marca el lugar del emplazamiento.
Faltaba por solventar la cuestión de equilibrar la figura, lo cual se consiguió haciendo que el manto que sostenía Helios hiciese las veces de punto de apoyo. Este ingenioso (y disimulado) recurso no impidió que el Coloso se derrumbase sesenta años después por la acción de un terremoto (la teoría que nos da el documental sobre cómo los ondulantes movimientos de la figura hizo que se quebrase por las rodillas es muy interesante). Los habitantes de Rodas trataron de reconstruirla, pero el oráculo les advirtió que ello traería consigo toda clase de desgracias y malos augurios, de manera que cuando los musulmanes llegaron a la isla en el 654, los restos del Coloso todavía continuaban allí.
Como hemos visto, todas estas construcciones tienen un punto en común, y es haber sufrido la acción de los terremotos: tanto el Palacio de Cnosos como el Templo de Apolo originales fueron destruidos por un seísmo y solo el empeño de sus constructores hizo que volvieran a levantarse. Pero si hubo una víctima de la fuerza de la naturaleza, esa fue la isla de Thera (hoy la actual Santorini), destruida por una erupción volcánica hace 3.600 años y cuyo desastre muchos han vinculado con el mito de la Atlántida.

El antes y después de la isla de Thera.
Perteneciente al archipiélago de las Cícladas y considerada uno de los enclaves más importantes de la cultura minoica, las últimas investigaciones nos hablan de un desastre de proporciones devastadoras (26). Estableciendo analogías con otras erupciones volcánicas, se sabe que el sonido que provocó la explosión del volcán fue tan poderoso que se escuchó en Escandinavia. En un área de 400 kilómetros el sol permaneció invisible durante varios días, la lluvia de cenizas (la cual formó en la isla depósitos de hasta 60 metros de grosor) llegó hasta Asia Menor y los tsunamis azotaron otras islas del Mediterráneo. Buena parte de la isla desapareció (quedando dividida en cuatro partes) y no fue habitada hasta varios siglos después, sobreviviendo únicamente aquellas especies animales y vegetales que habitaban en las cumbres más altas.
El desarrollo de la región no puede explicarse sin Thera. Su pueblo, eminentemente marítimo, mantenía relaciones comerciales tanto con otras islas como con territorios tan lejanos como Egipto. El comercio de objetos tan exóticos como el ámbar del Báltico fue una constante durante su existencia. Su importancia comercial fue tal que, tras el desastre, las aguas del Mediterráneo se hicieron innavegables e impidieron el tráfico marítimo, siendo este el principio del fin de la civilización minoica. El hecho de que estemos hablando de una cultura muy desarrollada y económicamente poderosa hace que pensemos en el mito atlante de inmediato.
Las excavaciones en Santorini empezaron a mediados de los 60. En los primeros trabajos se descubrieron las estructuras completas de tres casas y parte de otras diez. Como si de una Pompeya griega se tratara, se han localizado varios restos arqueológicos en un excelente estado de conservación. Llama la atención la amplia presencia de frescos y murales, cuyos fragmentos pueden encontrarse a simple vista en las montañas de la isla (27). Dichas piezas han permitido reconstruir el modo de vida de sus antiguos habitantes, mostrándonos a un pueblo dedicado al comercio y las artes (el propio documental nos recuerda la importancia de estos restos). Así, los hallazgos de cerámicas y vasijas son muy frecuentes.
Si bien las excavaciones han seguido su curso, se han empleado nuevas técnicas arqueológicas para evitar remover el suelo y así dañar los restos. En Akrotiri, uno de los yacimientos más importantes, se han utilizado métodos tan innovadores como el escáner láser o el uso de georadares, gracias a los cuales sabemos que las casas de Thera disponían de conductos para las aguas pluviales y residuales y que en las despensas había recipientes para la fruta, la harina y la verdura. Resulta especialmente interesante el descubrimiento de un molino comunal en el que se molía el cereal para luego ser distribuido a los vecinos. Gracias a este método, sabemos que muchas de las casas de Akrotiri tenían al menos tres plantas, algo verdaderamente fuera de lo común. Normalmente, y junto a cada puerta de entrada, había una ventana que permitía iluminar todas las estancias de la casa.

Una embarcación huye de la isla durante la catástrofe.

Las casas de Akrotiri formaban calles estrechas y tortuosas. Debido a que los temblores de tierra debían ser algo habitual en la vida de los isleños, la estructura de las casas estaba hecha para ser capaz de soportarlos. Para ello, sus cimientos se construían sobre un estrato de piedras volcánicas que permitía atenuar los temblores. Las casas también disponían de escaleras de piedra y madera que estaban construidas sobre pilones de barro y vigas de madera. Se pretendía así que las paredes fuesen más resistentes y que no se hundieran con las escaleras en caso de seísmo.

Gracias al uso de técnicas modernas y su aplicación al estudio de la arqueología, los investigadores han podido hacerse una idea de cómo era la vida de los habitantes de Thera. Las recreaciones digitales van de la mano con los últimos descubrimientos, permitiendo a los investigadores ofrecer contenidos didácticos al gran público gracias a recreaciones en 3D (28). Al tiempo que se reconstruyen los edificios, se resucita digitalmente a sus antiguos moradores, tomando como modelo a los personajes que aparecen en los frescos. Al ampliar sus horizontes, nuestra disciplina ha adquirido al mismo tiempo un carácter multidisciplinar, respetando en todo momento su naturaleza científica e histórica.

Volviendo al continente, no todas las aportaciones de Grecia a la cultura tuvieron un carácter material y los Juegos Olímpicos se encargan de demostrárnoslo. Celebrados para honrar la memoria de los dioses (29), en un principio estas actividades tuvieron un carácter festivo cuya finalidad era entretener al público. Sin embargo, con el paso del tiempo adquirieron la categoría de auténticas competiciones. Las festividades tenían un carácter local o bien panhelénico y están consideradas como el catalizador de la conciencia griega, estando por encima de las diferencias de los pueblos que conformaban la Hélade (30). Los juegos panhelénicos tenían una duración diferente dependiendo de donde se celebrarán. Los Juegos Ístmicos y los Nemeos (celebrados en honor a Poseidón y Zeus, respectivamente) se celebraban cada dos años; por su parte, las Panateneas, los Píticos y los Olímpicos (organizados como tributo a Atena, Apolo y el Zeus Olímpico), cada cuatro. Y serán precisamente de los Juegos Olímpicos de los que hablaremos en esta parte de la práctica.
La importancia de los juegos fue clave en la cultura griega, hasta el punto de que su cronología se basaba en la Era de las Olimpiadas (31) (la batalla de Salamina, por ejemplo, tuvo lugar en el 480 a. C., año de la 75 Olimpiada). Las fuentes son bastantes amplias, apareciendo referencias de estas competiciones en obras como “La Iliada” y “La Odisea”. Así, la presencia de construcciones deportivas como estadios era bastante común en el paisaje griego. Al igual que había ocurrido con el teatro, el estadio fue uno de los edificios clave que toda ciudad griega debía tener si quería considerarse como tal (32). En el caso del estadio de Olimpia, este medía alrededor de 192,27 metros, siendo tan solo superado por el de Pérgamo, que medía 210 metros. Aun así, sus proporciones eran monumentales, pudiendo alojar en su interior a 40.000 espectadores (33).

Los juegos de Olimpia se celebraban en el mes de agosto, estando durante todo ese tiempo prohibida la guerra. El Santuario de Zeus atraía a la ciudad a muchos peregrinos, por lo que conseguir una victoria en las competiciones era motivo de orgullo. El ganador recibía el honor en nombre de Zeus, consistiendo el premio en una cinta para la frente, una corona de olivo y una rama de palmera para saludar al estadio. Tras proclamar su triunfo, el heraldo anunciaba el nombre del padre del ganador y su ciudad de origen. Tras regresar a su tierra podía elegir a la mujer que quisiese y disponer de la casa que desease, así como disfrutar de por vida de prestigio y respeto. Se cuenta que el prestigio de la victoria era tal que una ciudad derribó parte de sus murallas para dar la bienvenida a su campeón, de manera que pudiera ser recibido cruzando una puerta por la que nadie hubiera pasado antes (34).

Deportistas compitiendo.

En cualquier caso, los juegos se trataban de una actividad eminentemente masculina, pues tanto la participación como la asistencia solo estaba permitida a los hombres. Y más concretamente, los que pertenecían a la élite. Pese a todo, existían pruebas adaptadas a los niños, así como juegos destinados a las mujeres y en honor a Hera.

Considerados como una versión deportiva de la guerra, las competiciones incluían pruebas como carreras de 200, 400 y 5000 metros (la carrera del estadio (35), existiendo modalidades como el diaulos (de doble recorrido), el dolicos (de seis estadios) y la carrera con armas. Cuando la distancia superaba las proporciones del estadio, se llegaba al final de este rodeando una columna que servía como límite y se volvía al punto de partida las veces que requiriese la prueba (36).

Mientras que en las pruebas de salto de longitud los participantes llevaban unas pesas en las manos (halteras) para limitar sus movimientos, en la lucha ganaba aquel que era capaz de derribar a su rival sin agarrarle de las piernas o golpearle la cabeza. Si en mitad del combate veían que iban a ser vencidos, los contrincantes podían rendirse levantando el brazo. Se cuenta que los espartanos no competían en esta prueba para evitar reconocer su derrota (37). Algo muy similar ocurría en el pugilato o el pancracio. De este último se nos cuenta que todo estaba permitido menos hundir los dedos en los ojos del rival, librándose el combate en un terreno embarrado. La lucha llegaba a tales extremos que Pausanias nos habla de una brutal pelea en la que un participante llegó a arrancarle las vísceras a otro (38). Por otro lado, en el Pentatlón, se corría, se luchaba, se saltaba y se lanzaba el disco y la jabalina, teniendo los finalistas que disputar la victoria en una lucha de púgiles. El hecho de que hayamos incidido en las actividades de contacto físico no es casual, dado que en Olimpia se encontraban el tanto el primer gimnasio como la primera escuela de lucha del mundo.

Recreación del pugilato.

Pero las competiciones iban más allá de lo estrictamente deportivo. Tenemos constancia de que en Olimpia también se llevaban a cabo concursos de trompetistas y heraldos (las dependencias destinadas a estas prácticas estaban fabricadas de tal manera que permitían la amplificación del sonido), así como carreras de carros y caballos en el Hipódromo. Llama la atención, por otra parte, que un pueblo ligado al mar como lo fue el griego no organizase pruebas de natación (39).

Los juegos sobrevivieron 1.200 años y fueron adoptados por los romanos en su expansión por el Mediterráneo. Finalmente serían abolidos por Teodosio en el 393 por considerarlos una costumbre pagana. Con todo, resucitarían en 1896 en la propia Atenas bajo el impulso del barón Pierre de Coubertin, siendo uno de los referentes de la cultura clásica que más ha perdurado.

Pero si debemos hablar de uno de las construcciones más emblemáticas de la antigua Grecia ese es el Partenón. Construido en torno al 450-430 a. C., para sustituir a un templo anterior destruido por los persas durante las Guerras Médicas (el Hecatompedón), es una obra que ha sobrevivido al tiempo, siendo utilizado como lugar de culto para Atenea primero y como edificio de múltiples usos después (desde iglesia durante la época bizantina hasta mezquita tras el fugaz paso de los persas por la región). En 1687 fue testigo de la guerra entre Venecia y el Imperio Otomano, resultando seriamente dañado tras el bombardeo de la flota veneciana contra las tropas turcas, que habían convertido el templo en un depósito de armas. A comienzos de siglo XIX y con el auge del coleccionismo de antigüedades, parte del edifico fue expoliado por las principales potencias europeas. A iniciativa de Lord Elgin, el embajador inglés en Turquía, los conjuntos escultóricos fueron trasladados a Londres, donde todavía hoy pueden admirarse en el Museo Británico (40).

Panorámica del Partenón.

Diseñado por Ictinos y Calícrates, el edificio tiene elementos dóricos y jónicos, si bien su clasificación no entra en esta última categoría. Fidias se encargó del diseño de las esculturas que ocuparon los frontones y el friso de las Panataneas, así como de la monumental estatua crisoelefantina de Atenea, hoy perdida. La escultura de la diosa es una obra tan extraordinaria que merece su propio epígrafe. Construida con oro y marfil, está considerada como la obra cumbre de Fidias, a quien también se atribuye la estatua de Zeus en Olimpia, elaborada con los mismos materiales. El oro con el que estaba compuesta la estatua valía más que la propia construcción del Partenón -se dice que la suma equivalía a una flota de 250 trirremes), lo que fue aprovechado por los enemigos de Fidias para acusarle de haber robado el oro con el que fabricó la escultura (acusaciones a las que se sumaron el hecho de que Fidias se hubiese representado a sí mismo en algunas de las estatuas que decoraban el edificio... y las críticas a Pericles, bajo cuyo gobierno se construyó el Partenón y a quien se acusó de despojar de recursos a las demás ciudades griegas para embellecer Atenas).

El Partenón posee ocho columnas en su parte frontal y diecisiete en sus laterales, lo que lo convierte en un edificio octásilo. El interior sigue el esquema propio de estas construcciones: en primer lugar encontramos la pronaos, el pórtico que servía de acceso al templo; le sigue la naos o cella, donde se exhibía la estatua de Atenea; por último, encontramos el opistodomos, donde se guardaban los objetos de valor y destinados al culto (en el caso del Panternón, era en esta área donde se guardaba el tesoro de la ciudad de Atenas).

Uno de los frisos del Partenón.

Todas las partes de la fachada tienen características propias del orden dórico (41). Sobre el estilobato se levantan columnas que, aunque estilizadas, presentan un imperceptible ensanchamiento del fuste en su parte central (éntasis). Sus capiteles tienen equinos casi planos y ábacos ligeros. Sobre el arquitrabe se encuentra el friso, decorado con triglifos y metopas. El tejado posee un alero cuya decoración recuerda a la de los templos primitivos. Su doble vertiente deja un espacio triangular, el frontón, decorado con esculturas de bulto redondo.

El documental hace un interesante análisis sobre los métodos empleados en la construcción del edificio. Las piedras que componen el templo eran muy pesadas, por lo que los griegos debieron de disponer de grúas y otras máquinas similares para levantarlas. En algunas partes de la estructura se aprecian una serie de protuberancias fijadas en la roca que servían para elevar las piedras. Normalmente se cortaban hasta alisar la piedra, pero las continuas disputas entre los pueblos de la Hélade interrumpieron el trabajo. Así, también llaman la atención las “grapas” de hierro que, colocadas de forma interna, mantenían las piedras unidas y reforzaban la estructura. Es preciso señalar cómo el templo presenta una serie de particularidades que hacían que mantuviese unas proporciones perfectas independientemente de la distancia desde la que se observase... aunque eso significase alterar esas mismas proporciones. Tanto el estilobato como el entablamento están curvados en sentido inverso, puesto que de haber sido completamente planos habrían dado la impresión de estar abombados (42). Otro tanto ocurre con las columnas, cuyos capiteles están inclinados hacia el interior para disimular la impresión que darían de estar inclinados hacia el exterior (43). Las propias columnas que están en los extremos del templo son más anchas que las demás, lo cual se hizo para que, recortadas contra el cielo, no pareciesen más delgadas que las que se encontraban en la parte central (44).

BIBLIOGRAFÍA:
  • ALCALDE, J., La arqueología soñada, en Revista Muy Especial: La nueva arqueología, 2003, número. 60, pp. 62-67.
  • ALDANA NÁCHER, C., Mito y concepción del Santuario de Apolo en Delfos, en Revista Ars longa: Cuadernos de Arte (Universidad de Valencia), 1996, número 7-8, pp. 7-13.
  • ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B., Historia del arte, Editorial SM, Madrid, 2001.
  • MAR ZARZALEJOS, Prieto, GUIRAL PELEGRÍN, Carmen, SAN NICOLÁS PEDRAZ, Mª Pilar, Historia de la cultura material del mundo clásico, UNED, Madrid, 2012.
  • MENÉNDEZ, J., Elegidos para la gloria, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp.84-87.
  • STORCH DE GRACIA, J., Crónicas Helenas: desde la conquista de Troya hasta la invasión por Roma, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp. 47-67.
  • VVAA, Enciclopedia Santillana: datos, hechos y nombres imprescindibles. Grupo Santillana de Ediciones, Madrid, 2001.
_______________________________
1. Con la finalidad de atraer la atención del espectador, el documental incide en la recreación de una escena en la que el Minotauro está a punto de acabar con unos desafortunados que han quedado atrapados en el Laberinto. Si bien hay varias versiones sobre su nacimiento, la más arraigada cuenta que la criatura fue producto de la relación entre Pasífae -la esposa del rey Minos- y un toro del que se había enamorado. Para que la relación se consumase, Pasífae encargó al artesano Dédalo la construcción de una vaca hueca de madera. Cuando Pasífae dio luz al monstruo, Minos lo encerró en el famoso Laberinto en el que viviría hasta ser asesinado por Teseo (STORCH DE GRACIA, J., Crónicas Helenas: desde la conquista de Troya hasta la invasión por Roma, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp. 47-67).
2. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B., Historia del arte, Editorial SM, Madrid, 2001, (p. 57).
3. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 57.
4. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 57.
5. Como veremos más adelante, la región en la que se desarrolló la civilización griega era muy proclive a sufrir terremotos. Se consideraba que estos fenómenos eran obra de los dioses y que solo podían ser detenidos si se les apaciguaba. En Creta llegaron a ser tan cotidianos que los minoicos recurrieron al sacrificio de un príncipe para pedir clemencia. En Anemospilía, un santuario situado muy cerca del Palacio de Cnosos, se ha encontrado vestigios de un ritual de sacrificio. Todo parece indicar que, mientras los presentes estaban llevando a cabo la ceremonia, un terremoto derribó el templo matando a todos los que se encontraban en su interior (STORCH DE GRACIA, J. Op. Cit., p. 51).
6. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., pp. 44-45.
7. STORCH DE GRACIA, J. Op, Cit., p. 48.
8. ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 44.
9. En las dependencias dedicadas a estas tareas se han encontrado archivos con tablillas de cuentas (STORCH DE GRACIA, J. Op, Cit., p. 49).
10. La gran cantidad de jarras y tinajas que se han encontrado en el yacimiento así parece demostrarlo. Se calcula que la cantidad de miel, vino y aceite que se almacenaba en el palacio pudo llegar al medio millar de litros, así como su equivalente en kilos de higos, cereales o almendras (STORCH DE GRACIA, J. Op. Cit., p. 49).
11. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 47.
12. STORCH DE GRACIA, J. Op. Cit., pp. 48-49.
13. ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 47.
14. ALDANA NÁCHER, C., Mito y concepción del Santuario de Apolo en Delfos, en Revista Ars longa: Cuadernos de Arte (Universidad de Valencia), 1996, número 7-8, pp. 7-13.
15. ALDANA NÁCHER, C. Op. Cit., p. 8.
16. ALDANA NÁCHER, C. Op. Cit., p. 8.
17. Para la descripción del templo y sus alrededores, nos ceñiremos al ya citado trabajo de Cristina Aldana Nácher.
18. Hay constancia de que las pitonisas siguieron lanzando sus augurios a los emperadores romanos, tal y como fue el caso de Juliano.
19. ALDANA NÁCHER, C. Op. Cit., p. 9.  
20. Muchas de las predicciones de la pitonisa eran frases cortas y de difícil significado. Sin embargo, algunas de sus sentencias invitaban a la reflexión. En muchas de ellas se hacía referencia al gran poder de los dioses en comparación con la débil naturaleza de los hombres (“Gnothi seautón”, cuya traducción es “Conócete a ti mismo”. Otras, en cambio, tenían un carácter más general (“Medén ágan”, cuya traducción es “Usa la medida”). Tanto una como otra estuvieron grabadas a la entrada de templo de Apolo (STORCH DE GRACIA, J. Op, Cit., p. 57).
21. MAR ZARZALEJOS, Prieto, GUIRAL PELEGRÍN, Carmen, SAN NICOLÁS PEDRAZ, Mª Pilar, Op. Cit., p. 143.
22. MAR ZARZALEJOS, Prieto, GUIRAL PELEGRÍN, Carmen, SAN NICOLÁS PEDRAZ, Mª Pilar, Op. Cit., p. 144.
23. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 62.
24. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 62.
25. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 62.
26. Para el comentario de este epígrafe, recurriremos al artículo “El supervolcán que destruyó Thera”, publicado por la edición española de National Geographic el 22 de enero de 2015. El artículo está disponible en el siguiente enlace.
27. El análisis y posterior reconstrucción de estos frescos puede durar varios años, puesto que los investigadores los separan y estudian uno a uno.
28. La empresa austriaca “7reasons”, especializada en arte y diseño, colabora activamente en las investigaciones que se han desarrollado en la isla en los últimos años. Enlace a la página: https://www.7reasons.net/. 
29. “Todos los juegos griegos tuvieron su origen en los rituales funerarios y el culto a los héroes” (MENÉNDEZ, J., Elegidos para la gloria, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp. 84-87).
30. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 84.
31. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
32. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 85.
33. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
34. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
35. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
36. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
37. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
38. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 87.
39. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 87.
40. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
41. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
42. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
43. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
44. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Movilidad social ascendente y movilidad social descendente en la Castilla Moderna (y 3)

7) Vías de promoción del clero.

Al tratarse de una de las instituciones privilegiadas, las actividades eclesiásticas fueron vistas por todos los grupos como una oportunidad de promoción social (especialmente entre la nobleza). Una vez que el primogénito garantizaba la continuidad y estabilidad del patrimonio familiar, el siguiente hijo podía acabar tomando los hábitos y formar parte de la curia eclesiástica. En muchos casos su presencia en esta institución era vista por sus allegados como una oportunidad para defraudar al fisco real. Asimismo, las rentas y remuneraciones propias del cargo permitían la adquisición de nuevas propiedades que pasaban a formar parte del ya vasto patrimonio familiar. 
8) ¿Qué factores motivaron la movilidad social descendente?

La movilidad social descendente fue motivada en buena parte por la crisis del siglo XVII español, caracterizado por los continuos impagos de la Corona. Así, un negocio arriesgado podía dar lugar a una ruina parcial o total. Sabemos que la alta nobleza se salvó de ella gracias a sus relaciones con la burguesía, la conservación de su patrimonio gracias al mayorazgo y el apoyo de la monarquía. No ocurrió lo mismo con sus estratos inferiores (mediana y baja nobleza). El autor nos dice que a finales del siglo XVIII, la nobleza había pasado de ser el 8% al 3,8% de la población. Con respecto a los demás sectores de la población, una mala cosecha afectaba al tráfico de mercancías, provocando la subsiguiente ruina. De esta forma, los pobres podían ser todavía más pobres, los pequeños propietarios terminaban por endeudarse, los artesanos veía reducida su actividad (y por tanto, la entrada de dinero) y nadie podía acudir a los funcionarios ante la imposibilidad de pagar sus tarifas. Con la superación de la crisis, algunos podían volver a empezar de cero, pero no siempre era así (el autor habla de una sociedad cambiante y movediza). La sociedad, pese a todo, no quedaba fracturada. El pobre no quedaba “desclasado” pues era asistido mediante la limosna (la cual desactivaba la rebelión).
9) ¿Qué factores coyunturales podían intervenir en la movilidad descendente?

Entre los factores coyunturales, cabe destacar las crisis cíclicas (como ya hemos comentado, una mala cosecha podía afectar a todo el sistema y generar no solo un desastre para el campesinado, sino para aquellos sectores que dependía de él) y los propios desequilibrios del orden social. Los pobres podía ser todavía más pobres. Así, otro de los factores que afectaban al empobrecimiento de los campesinos lo encontramos en el afán recaudatorio del fisco real o de la propia nobleza, los cuales afectaban a la propiedad/explotación de la tierra, la modificación de acceso al cultivo de la misma o la expropiación de sus bienes. En cuanto al artesanado, estos podían terminar perdiendo su poder frente al capital comercial y el modelo de producción vigente.
10) ¿Puede hablarse de movimientos de rebeldía social en este período?

Los de protesta social, aunque presentes, no tuvieron un peso destacado a la hora de cuestionar el funcionamiento de la sociedad, si bien dejaron huella en el comportamiento social del siglo XVII español gracias a actividades como el bandolerismo, la delincuencia o el fenómeno de la picaresca, la cual fue retratada por los literatos de la época. Más que reprimir a los pobres, era preferible asistirlos e integrarlos en el sistema, creándose para ello instituciones religiosas como las obras pías o las cofradías.

Pese a la existencia de un amplio sector de la población que vivía en la penuria, el orden social no se subvirtió gracias a la existencia de las obras pías y otras instituciones destinadas a la ayuda a los más necesitados. Hay que tener en cuenta que la sociedad estamental obedecía la ley natural de Dios, por lo que la élite debía socorrer al pobre (considerado como “la imagen de Cristo en la tierra”). Así, la función de las cofradías y las obras pías no era solo ideológica, pues también servía para desactivar cualquier intento de rebelión: la mayoría de estas instituciones estaban sufragadas por la aristocracia (especialmente mediante las disposiciones testamentarias), a lo que hay que sumarle los beneficios (tanto económicos como de prestigio) que obtenían como rentistas las familias nobles parientes de un fundador. De esta manera,  la ayuda y la asistencia al pobre estaban aseguradas y este quedaba integrado en el sistema.
12) Explicar el fenómeno de los "medianos".

El fenómeno de los medianos surge como consecuencia de la polarización de la sociedad del Antiguo Régimen, cada más dividida entre “ricos y pobres”, superando notablemente estos últimos a los primeros. Esta polarización se debió al período de crisis social y económica que vivió España en XVII y que la Corona trató de solucionar, ya fuese mediante la subasta de títulos para aquellos que buscasen progresar socialmente o bien mediante el mantenimiento de las casas de beneficencia. Asimismo, es interesante observar cómo los intentos progresar socialmente no siempre se saldaban a favor del interesado, corriendo el peligro de perder su posición de partida en el proceso (citando a Cellorigo, el autor nos habla de aquellos que “han querido saltar al tercio de los ricos y, como si de nuevos Ícaros se tratase, han dado en el vacío”). 
13) ¿Puede hablarse de una polarización de la sociedad en este período?

La polarización de la sociedad en ningún momento subvirtió el orden establecido, dado que el sistema permitía la permeabilidad y el traspaso de un grupo a otro (especialmente, en lo relativo la promoción social). No obstante, quienes optaban por esta vía, corrían el peligro de perder su estatus por en el proceso y quedar reducidos a la mendicidad. Así, los pobres eran reconocidos como tales y eran ayudados mediante instituciones financiadas por la propia aristocracia.
APRECIACIONES: Tras la lectura y posterior comprensión del texto, y en un claro ejercicio de interpretación personal, es particularmente llamativo cómo los niveles más humildes del Tercer Estado aceptaban su condición (debido, con toda probabilidad, a una ausencia conciencia de clase), dando la impresión de que el “orden natural” les parecía justo. Después de todo, existían instituciones que se encargaban de su mantenimiento y no consideraban necesario progresar.

BIBLIOGRAFÍA:
  • MARTÍNEZ MILLÁN, José, La hacienda de la Inquisición (1478-1700), Editorial CSIC, Madrid, 1984.
  • RUIZ GARCÍA, Elisa, La carta ejecutora de hidalguía: un espacio gráfico privilegiado, en “En la España Medieval” (UCM), 2006, Extra 1, pp. 251-276.
  • VVAA, Historia General de España y América. La crisis de la hegemonía española, siglo XVII, Tomo VII, Ediciones Rialp, Madrid, 1991.
  • VVAA, Enciclopedia Santillana: Datos, hechos y nombres imprescindibles”, Grupo Santillana de Editores, Madrid, 2001

jueves, 30 de noviembre de 2017

Movilidad social ascendente y movilidad social descendente en la Castilla Moderna (2)

3) ¿Qué entendemos por movilidad social ascendente/descendente?

Entendemos por movilidad social ascendente aquella que permite a miembros de un nivel social inferior mejorar su posición social, equiparándose así con los grupos privilegiados. Este ascenso puede darse tanto entre miembros de un mismo estamento (un ejemplo de ello lo encontramos en el trasvase de la baja a la alta nobleza) o bien entre individuos de diferentes estamentos (tal y como observamos en el caso de la burguesía en su carrera hacia el poder). Por su parte, la movilidad social descendente hace referencia al proceso de empobrecimiento de los individuos de un determinado estamento, perdiendo así su estatus anterior (comerciantes arruinados y declarados en bancarrota, nobles (especialmente de la media y baja nobleza) venidos a menos, campesinos que, ante una situación de crisis, se empobrecen todavía más, entre otros.
4) Motivos por los que podía darse la movilidad social ascendente en la nobleza.

Tanto nobles como miembros del Tercer Estado (en especial elementos de la incipiente burguesía, a los que el autor se refiere como “poderosos locales”) tuvieron la oportunidad de ascender en la escala social y mejorar su posición económica. Así, hubo casos e “hidalgos que pasaron a ser caballeros” y miembros del Tercer Estado que, mediante la meritocracia, los buenos servicios prestados al monarca y el dinero ganado en sus negocios particulares, podían ascender socialmente ( en el siglo XVIII, con el auge de la burguesía, muchos de estos elementos recibirán el trato de “don”). En el caso de la nobleza, encontramos una vía tanto en el desempeño de cargos públicos en la administración (ya sea como letrado o jurista) como en el ejercicio de las armas.  Así, estudiar una carrera universitaria también era un medio de promoción social, pues los graduados no pagaban los pechos. En lo que al Tercer Estado se refiere, las necesidades de la Corona durante la crisis del siglo XVII, motivaron la venta de títulos nobiliarios y similares (Órdenes Militares, títulos de grandeza), circunstancia que fue aprovechada por la burguesía para escalar posiciones 
5) Motivos por los que podía darse la movilidad social ascendente en el Tercer Estado.

Numerosos labradores ricos y elementos de las clases urbanas (tales como el artesanado y otros sectores relacionados con el comercio) se beneficiaron de la venta de títulos nobiliarios y de hidalguía para progresar en la escala social. Muchos pecheros terminarían por convertirse en hidalgos. El dinero generado por sus actividades así se lo permitía. Así, hubo casos en los que se demandó la obtención del título mediante la vía administrativa para que quedase constancia de la legitimidad del cargo. Para ello se trampearon los expedientes o se recurrió a la genealogía para reelaborar los orígenes del demandante. Así, la venta de territorio promovida por la enajenación de jurisdicciones y vasallos provocó que muchos de estos demandantes (burgueses, prestamistas, arrendatarios y hombres de negocios) pudiesen solicitar su título de señor.
6) Consecuencias de la movilidad social ascendente.

Entre los recelos suscitados por las prácticas de la movilidad social ascendente, cabe destacar los de tipo ideológico, pues se temía que elementos no deseables (tal y como era el caso de los judíos) pudieran ampararse en la genealogía y en la falsificación de documentos para borrar su pasado y evitar quedar comprometidos. De la misma forma, el aumento de nobles hizo que los impuestos aumentaran y que el Tercer Estado tuviera que pagar más para suplir el trasvase de sus miembros a estamentos superiores que estaban exentos de impuestos. Por otro lado, la proliferación de títulos motivó que los antiguos se depreciaran.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Movilidad social ascendente y movilidad social descendente en la Castilla Moderna (1)

1) Realiza un esquema sobre la sociedad castellana en el siglo XVII.


2) Definición de términos:

PECHERO: De orígenes medievales, el término pechero hace referencia a aquellos miembros del Tercer Estado que, en Castilla, debían pagar un tributo al monarca. Por el mero hecho de serlo, los vasallos estaban en la obligación de pagar este impuesto. Gracias a él quedaban delimitadas las obligaciones entre los vasallos y el rey (si bien los nobles estaban exentos de pagar este tributo, debían de hacer lo propio con el servicio de lanzas).

Campesinos del siglo XVII.

VENTA DE HILDAGUÍAS: Entendemos por venta de hidalguías el proceso de mercantilización de títulos nobiliarios puesto en marcha por la monarquía española durante la época de los Austrias Menores, si bien fue una práctica que también se había desarrollado en reinados anteriores. Mediante su venta, se intentaba paliar la difícil situación económica por la que atravesaban las arcas de la Corona.

ENAJENACIÓN DE JURISCCIONES Y VASALLOS: Se dice de la venta o cesión del dominio sobre un territorio y sus habitantes que se produjo entre las décadas de 1620 y 1630 por parte de Felipe IV para paliar el déficit de las cuentas de la Corona. Los destinatarios de tal medida fueron tanto los poderes señoriales como los emergentes poderes locales (desde la burguesía hasta los propios prestamistas del monarca). La medida fue bastante impopular y anulada por el mismo soberano en 1643.
VENTA DE HÁBITOS Y ÓRDENES MILITARES: Proceso por el cual el Conde Duque Olivares procedió a la venta de algunos títulos pertenecientes a las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa con la finalidad de paliar el déficit del Estado. La medida fue bastante impopular (en 1641 solo se habían vendido alrededor de 500 cargos) y fue paralizada tras la caída del valido.
BALDÍOS: En la España del Antiguo Régimen, terrenos que pertenecían a la Corona, alejados de los núcleos urbanos y de escasa rentabilidad debido a su calidad mediocre. Los campesinos podía explotarlos libremente, en muchos casos de forma comunal. Entre los siglos XVI y XVII buena parte de estas tierras fueron vendidas como consecuencia de las necesidades financieras de la hacienda real.

JUROS: Durante la España del Antiguo Régimen, préstamos realizados a la corona mediante los cuales esta abonaba un interés anual, garantizado por una renta o un impuesto determinado. Fueron un instrumento básico en la financiación de la corona durante el reinado de los Austrias, si bien su proliferación causó dificultados crecientes en el pago de los intereses.

CENSOS: Tipos de contratos realizados durante el Antiguo Régimen mediante los cuales el propietario de un terreno vendía tanto a individuos como a instituciones el derecho a percibir una renta anual sobre el mismo. De esta forma, se obtenían rápidamente grandes cantidades de dinero líquido. En caso de impago, el prestamista podía apropiarse de las tierras sujetas a contrato.

FAMILIATURA: En el antiguo Tribunal de la Inquisición, empleo o título de familiar, los cuales ocupaban los niveles inferiores de la institución y hacían las veces de informantes. Originalmente, su núcleo estaba formado por miembros del Tercer Estado que actuaban como una milicia del Tribunal. Pese a no pertenecer al clero, debían estar permanentemente al servio de la Inquisición. Posteriormente, y dadas las oportunidades de promoción social que ofrecía el cargo, se sumaron a ellos miembros de la mediana y la baja nobleza. Pertenecer a una familiatura era considerado un honor, pues el nombramiento llevaba implícito el reconocimiento a llevar armas (una distinción solo dada a los caballeros) y el estar exonerado de toda sospecha de impureza de sangre. Al igual que había pasado con los cargos nobiliarios, el título de familiar también podía comprarse en tiempos en los que la corona necesitaba financiarse (Felipe IV decretó la venta de varios de ellos entre 1632 y 1648. En 1642, un total de trescientas familiaturas fueron sacadas a subasta al precio de 1.500 ducados de plata cada una). 
INFLACCIÓN DE TÍTULOS: Se dice de la proliferación de títulos nobiliarios producto de la venta y subasta de los mismos por parte de la Corona durante el siglo XVII español. Entre las consecuencias más inmediatas, cabe destacar el temor de la aristocracia tradicional a que los antiguos cargos quedasen devaluados ante el empuje de la “nueva nobleza”.
PICARESCA: Manifestación sociocultural surgido a raíz de la polarización entre ricos y pobres que experimentó España en el siglo XVII, si bien en autores que afirman que se trata de un fenómeno europeo. Ligada al mundo urbano y popularizada por la literatura del período, la conducta picaresca asume la pobreza como tal al tiempo que quienes la practican agudizan el ingenio para sobrevivir. Otros autores sostienen que el pícaro viven entre los dos extremos (los opulentos y los que no tienen nada) y que trata de evitar por todos los medios caer en la pobreza. Estamos ante un héroe desencantado, sin ideales, al que únicamente le mueve el hambre y que solo cuenta con su habilidad e ingenio.
COFRADÍA: Instituciones de asistencia y beneficencia de origen medieval y creadas en un primer momento por los gremios. Se caracterizaban por ayudar a los más necesitados mediante la creación de asilos y hospitales.
PÓSITO: En Castilla, durante el Antiguo Régimen, depósitos en donde se almacenaba el cereal que era suministrado a los campesinos en tiempo de necesidad mediante préstamos de bajo interés.
OBRA PÍA: Fundación de carácter benéfico y destinada a la caridad. Al tratarse de una institución eclesiástica, estaba libre de impuestos. Tenían una base patrimonial, por lo que los beneficiarios de estas instituciones solían ser los familiares del fundador, los cuales terminarían convirtiéndose en rentistas y ennobleciéndose (a lo que hay que añadirle el reconocimiento y prestigio social derivados de la ayuda a los necesitados).

martes, 28 de noviembre de 2017

Notas sobre la sociedad española durante la Edad Moderna

Notas extraídas a partir del artículo "Movilidad social ascendente y movilidad social descendente en la Castilla moderna". El artículo se encuentra disponible aquí.

No todo el mundo se resignaba a pertenecer a estatus social en el que había nacido. Las formas de promoción (como los que cita el texto sobre el ascenso de hidalgo a caballero) eran comunes. Es interesante señalar cómo en el Tercer Estado también hubo movimientos que, en su fondo, cuestionaban el orden social (conviene recordar, tal y como y cita el texto, que en ningún momento pasaron a ser revoluciones abiertas).

Se nos cita que hubo casos en donde miembros del Tercer Estado ascendieron socialmente hasta ser nobles, entrando en contradicción con los principios de la sociedad estamental, basada en el linaje de sangre,

El funcionariado era la vía de promoción social. Los letrados y los juristas se ennoblecen. Otro tanto ocurría con los servicios prestados en el Ejército. Estudiar una carrera universitaria también podía significar ascender socialmente (los graduados no pagaban los pechos).

Sin bien la crisis del siglo XVII pone freno a las prácticas de promoción social, algunos miembros del Tercer Estado tuvieron la oportunidad de progresar (el autor se refiere a ellos como “poderosos locales”). En el siglo XVIII, con el auge de la burguesía, muchos de estos elementos recibirán el trato de “don”.

La crisis de siglo XVII llevó a la Corona a promover la venta de títulos nobiliarios y ventas de hidalguía. La monarquía necesitaba financiarse. A esto se le suma la falsificación de documentos por parte de individuos que buscaban a cualquier precio la promoción social. Auge de la genealgía. El dinero abría cualquier puerta, independientemente de su origen, y la Corona necesitaba financiarse.
Otra vía de promoción social era el clero.

La compra de títulos por medio poco lícitos provocaba recelos entre la población, principalmente en la vieja nobleza. Estos métodos también chocaban con la cuestión antijudaica, puesto que los judíos podían ampararse en la genealogía para borrar su pasado.

El aumento de nobles hizo que los impuestos aumentaran y que el Tercer Estado tuviera que pagar más para suplir la “fuga” de sus miembros a estamentos superiores. Por otro lado, la proliferación de títulos motivó que los antiguos se depreciaran.

El ascenso de la burguesía y su alineamiento con las políticas de la Corona fortaleció a esta última. La nobleza también se vio reforzada mediante estas prácticas, pues la incorporación de nuevos nobles terminaba así con la endogamia característica de este estamento y e impedía la quiebra familiar si no había descendencia masculina. La movilidad social (al menos, la de tipo ascendente) permitió que la nobleza se viera reforzada (cuando lo lógico es que terminase por fragmentarse debido a los factores que acabamos de exponer). Se garantizaba así que el orden social continuase.

La movilidad social descendente estaba motivada por la crisis del siglo XVII (impagos de la Corona) o negocios arriesgados (ruinas, quiebras...). La alta nobleza se salvó de ella gracias a la incorporación de la burguesía, el mantenimiento del mayorazgo (conservación del patrimonio) y el apoyo de la monarquía. No ocurrió lo mismo con sus estratos inferiores (mediana y baja nobleza). El autor nos dice que a finales del siglo XVIII, la nobleza había pasado de ser el 8% al 3,8% de la población.

Una mala cosecha afectaba al tráfico de mercancías, provocando la subsiguiente ruina. Los pobres podían ser todavía más pobres, los pequeños propietarios terminaban por endeudarse, los artesanos veía reducida su actividad (y por tanto, la entrada de dinero) y nadie podía acudir a los funcionarios ante la imposibilidad de pagar sus tarifas. Con la superación de la crisis, algunos podían volver a empezar de cero, pero no siempre era así (el autor habla de una sociedad cambiante y movediza). La sociedad, pese a todo, no quedaba fracturada. El pobre no quedaba desclasado, pues era asistido mediante la limosna (la cual desactivaba la rebelión).

lunes, 27 de noviembre de 2017

Índice arqueológico (y 53)

UMBO: Saliente hemisférico situado en el centro de los escudos.

USTRINUM: Lugar de la necrópolis donde se realizaba la cremación de los cadáveres.

VALVA REGIA: En el teatro romano, puerta central de la scaena frons, la fachada que servía de fondo al escenario, y que permitía el acceso de los actores al mismo.

VALVAE HOSPITALES: En el teatro romano, puertas laterales de la scaena frons, la  fachada que servía de fondo al escenario, y que permitían el acceso de los actores al mismo.

VELUM: En los teatros romanos, carpas de seda o lino que servían para cubrir la zona de las caveas y que se desplegaban cuando se quería proteger a los espectadores de la lluvia o el sol.

Operarios desplegando un velum.

VENATIO: En el mundo romano, espectáculos que se desarrollaban en los anfiteatros y circos y en los que intervenían animales salvajes, la mayoría procedentes del continente africano. Este tipo de actividades formaban parte de los ludi (juegos) y eran uno de los entretenimientos más populares de la época. La temática era variada, pudiendo ir desde la simple exhibición de las fieras hasta la ejecución de los reos a manos de estas últimas, pasando por combates entre cazadores (venatores) y animales o bien confrontando a las bestias unas con otras. 

Venator enfrentándose a una fiera.

VERSURAE: Término que se corresponde con una de las partes de las que se componía el teatro romano. Estancia localizada entre los extremos del hemiciclo y el cuerpo escénico. Algunos edificios presentan dos en disposición simétrica. Su función no resulta bien conocida ya que no figura en la descripción de Vitruvio. Algunos autores opinan que pudo tratarse de un lugar reservado  para los asistentes más ilustres.

VILLAE: El significado del término villa en los autores latinos es bastante impreciso, ya que se aplicó a dos formas de establecimiento ubicado fuera de la ciudad. Así, será una mansión señorial magníficamente dotada y orientada al ocio y placer de su dueño -villa urbana-, o bien, una construcción rural más modesta dedicada a la explotación agropercuaria -villa urbana-. Aunque adopte una fórmula arquitectónica más o menos monumental, el matiz económico del establecimiento está presente en todas las referencias sobre las villae romanas. Este matiz adquiere una importancia capital para entender el concepto de villa y se refiere siempre al fundus, que designa tanto al territorio de explotación o captación de recursos agropercuarios como a las construcciones mismas. El fundus constituye un elemento inseparable de la villa y su esencia como organismo económico. La villa, por tanto, no debe reducirse al concepto arquitectónico de una residencia en el campo, sino que es un centro de producción, por lo que el estudio arqueológico del fundus es imprescindible para contextualizar el establecimiento en su dimensión económica, territorial e histórica.

VIRIDARIUM: En la casa romana, parte destinada al jardín. Se trataba de un tipo de jardín interior al que accedía mediante un perístilo. En ellos crecían desde plantas ornamentales hasta plantas cuyos frutos estaban destinados al consumo humano. Ello no debe extrañarnos si tenemos en cuenta los grandes adelantos que los romanos experimentaron en cuestiones relacionadas con la botánica y la horticultura. Para el propietario de un viridarium, el jardín era considerado una vía de escape al ruidoso mundo urbano de la ciudad, de forma que su estancia allí tenía un gran significado religioso y simbólico.

Reconstrucción de un viridarium (Pompeya).

VITRUVIO: Arquitecto romano del siglo I a. C. Su importancia se debe fundamentalmente a los diez libros del tratado De architectura, en donde quedan reflejadas las teorías y conceptos de la arquitectura clásica, griega y romana: órdenes, proporciones, formas y motivos, así como las pautas para ser un buen arquitecto. Esta obra ejerció una gran influencia en la arquitectura del Renacimiento.

Representación escultórica de Marco Vitruvio.

VOMITORIUM: En el mundo romano, galerías de entrada y salida que conducían a los espectadores a las gradas de los circos, anfiteatros y teatros.

BIBLIOGRAFÍA:

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MAR ZARZALEJOS, Prieto, GUIRAL PELEGRÍN, Carmen, SAN NICOLÁS PEDRAZ, Mª Pilar, Historia de la cultura material del mundo clásico, UNED, Madrid, 2012.
GELIO, Aulio, Noches Áticas (edición de Santiago López Moreda), Akal, Madrid, 2009. 
PEÑA OLIVAS, José Manuel de la, “Alcance y organización de las obras públicas en el Imperio Romano”, en Nuevos elementos de ingeniería romana, III Congreso de las Obras Públicas Romanas (en colaboración con la Junta de Castilla y León y el Colegio de Ingenieros T. de O. P.), 2006, pp. 343-376.
RACHET, Guy, Diccionario de civilización griega, Larousse Planeta, Barcelona, 1996.
VVAA, Enciclopedia Santillana: datos, hechos y nombres imprescindibles. Grupo Santillana de Ediciones, Madrid, 2001.
RAMÓN PANIAGUA, José,Vocabulario básico de arquitectura, Cuadernos de Arte (Cátedra), Madrid, 1990.
VVAA, La Enciclopedia (Tomo I), Salvat Editores/Mediasat Group, Madrid, 2003.
VVAA, ARTIFEX: Ingeniería romana en España, Fundación C. V. MARQ (en colaboración con el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas del Ministerio de Fomento y Diputación de Alicante), Alicante, 2008.