jueves, 26 de enero de 2017

El Código hitita (y 10)

Irregularidades en ventas o alquileres
En base a la lectura de los artículos vinculados a las irregularidades se intuye que los gobernantes hititas tenían el objetivo de alcanzar el éxito económico. Por ello, todas aquellas acciones que perjudicasen la producción económica debían ser penadas. A continuación se expondrán los artículos más relevantes.

En el artículo 146 se manifiesta que si alguien pone a la venta una casa o una aldea o un huerto o una dehesa y otro va y hace fracasar el negocio e impulsa un negocio sobre el anterior negocio, da por este delito una mina de plata [1].

El artículo 147 expone lo siguiente: “si alguien pone en venta un hombre sin instrucción y otro le hace fracasar el negocio, da por este delito cinco siclos de plata” [2].

El artículo 148 estipula que “si alguien pone en venta un buen buey, un caballo, un mulo o un asno y otro hace fracasar el negocio, da por este delito (…) siclos de plata” [3].

Otro ejemplo destacado que muestra el preciado detallismo a la hora de plantear las penas por irregularidades se puede localizar en el artículo 149, en el que se estipula que “si alguien pone en venta a un hombre adiestrado y dice: “ha muerto” y su (nuevo) dueño lo localiza, se lo lleva. Además (el culpable) da dos personas y por ello él mira en su casa” [4]. En definitiva, la legislación hitita no contemplaba fracasos económicos y si se hace mención a la diplomacia que había entre los distintos reinos (en el que un fugitivo debía de ser repatriado a su lugar de origen) aquellos que cometiesen irregularidades de este tipo tenían como única vía de escape el cumplimiento de la pena correspondiente ya que el éxito de la huida no estaba asegurado.

Tarifas de múltiples servicios

En este apartado, el Código hitita sigue mostrando gran detallismo, estableciendo el valor de los distintos servicios que se pueden obtener en el reino. También se observa una situación desfavorable en los salarios femeninos. Así pues, en el artículo 150 se dice que “si un hombre se coloca por un salario, le dan por un mes un siclo de plata. Si una mujer se coloca por un salario, le dan medio siclo de plata”[5].

En estos artículos se refleja la posibilidad de alquilar durante un mes animales como bueyes, vacas, asnos, mulos o caballos. Este alquiler tenía un costo aproximado de un siclo de plata aunque el alquiler de las vacas por un mes era de medio siclo de plata [6].

El Código también establece  la cuantía de los alquileres de instrumental como es el caso de las hachas. Respecto a estos útiles el artículo 157 estima que si es un hacha de bronce de una mina de peso (lo que se alquila) el precio por un mes es un siclo de plata. Si es un hacha de cobre de media mina de peso el alquiler por un mes es medio siclo de plata [7].

Pero también se podían establecer contratos de alquiler de personal para realizar determinadas labores. Para los trabajos relacionados al trigo los contratos solían tener una duración de tres meses en los que los trabajadores y las trabajadoras realizaban labores tales como almacenar en el granero, agavillar, barrer la era, etc... Pero como se destacó anteriormente,  la mujer tenía salarios más reducidos, obteniendo por estas labores un siclo de plata mientras que el hombre ganaba 3.75 siclos de plata [8]. Entre otros contratos cabe destacar aquellos establecidos con artesanos, alfareros, herreros, carpinteros, guarnicioneros, bataneros, tejedores o fabricantes de polainas cuyos salarios eran de diez siclos de plata [9].

Precios

Los precios constituyen un aspecto fundamental en la estructura económica de cualquier estado. En el Código hitita se observan diferentes tipos de precios y elementos que a continuación serán señalados.

Respecto a la venta de animales, en el artículo 180 se observa que la burra de tiro añal es el animal más costoso que aparece en el documento, teniendo un valor de quince siclos de plata [10]. A este animal le sigue el caballo, cuyo valor ascendía a catorce siclos de plata, siguiéndole el buey de arado, con un valor de doce siclos de plata. En una escala de valores más bajos se encuentran entre otros animales a las vacas preñadas (8 siclos de plata), a los bueyes de arado y vacas añales (5 siclos de plata), a los terneros destetados (4 siclos de plata) a los terneros lechales (dos siclos de plata) o a los cabritos (medio siclo de plata dos ejemplares) [11].

En el artículo 183 quedan especificados  entre otros elementos los precios del trigo (tres medidas y media es un siclo de plata), de la cebada (cuatro medidas y media de cebada es medio siclo de plata), del vino (media medida es medio siclo de plata) o de un iku (3.600 m cuadrados) de tierra de regadío (tres siclos de plata) [12].

En el Código también vienen estipulados los valores de elementos cotidianos y en algunos casos elitistas como un frasco de mantequilla (un siclo de plata), un frasco de aceite fino (dos siclos de plata) o el valor de dos quesos ( un siclo de plata), el precio de un vestido “happusanda” (doce siclos de plata), el de un vestido fino (treinta siclos de plata), el de un vestido de lana azul (veinte siclos de plata), el de un chal largo (diez siclos de plata) Pero también se establecen los precios de indumentarias más asequibles como: un vestido abierto (tres siclos de plata) o un vestido de tejido basto (un siclo de plata) [13].

En el Código se establecen también los precios de las pieles, siendo la piel de buey la más costosa (un siclo de plata, una piel), siguiéndole la piel de ternero destetado (cinco pieles un siclo de plata), la  piel de vaca (diez pieles, un siclo de plata), la piel de oveja (diez pieles un siclo de plata), la piel de cabra (quince pieles un siclo de plata) y por último, las pieles de corderos y cabritos ( veinte pieles, un siclo de plata) [14].

Compensaciones económicas

Como se ha analizado anteriormente, las actitudes contra la economía hitita tenían sus respectivas penas. Pero en la circunstancia inversa, el Código hitita estructuró una serie de artículos vinculados a la compensación de aquellos individuos que realizaran ciertos actos en favor de la sociedad. Así pues, el artículo 172 establece que si alguien mantiene con vida a un hombre libre en un año de carestía, éste le da un sustituto. Si es a un siervo, le da diez siclos de plata. Por tanto, el amparo de individuos necesitados estaba recompensado por el estado. De la misma forma, en el artículo 200b los reyes hititas premian a un maestro si logran que sus aprendices alcancen un nivel profesional: si alguien entrega un hijo para su instrucción, sea como carpintero, como herrero, como tejedor, como guarnicionero o como batanero, el salario del que lo instruye es seis siclos de plata. Si este (el maestro) le hace un experto, (el padre del aprendiz) le entrega una persona [15].

Conclusiones

Entre los apartados a tener en cuenta, cabe destacar que las leyes no tendían a castigar con la muerte o con amputaciones a los infractores. Podemos afirmar que los legisladores hititas no fueron tan severos como sus vecinos (el Código de  Hammurabi es un buen ejemplo de ello). Muchas infracciones quedaban saldadas mediante el pago de multas (ya fueran en efectivo o en especie). En el caso de los hurtos, solía devolverse lo robado más una cantidad adicional a modo de indemnización. Bernabé y Álvarez-Pedrosa plantean la posibilidad de que, en sus orígenes, el Código decretase condenas más duras y que, con el paso de los siglos, estas fueran rebajándose. Algunos artículos contemplan la fórmula “Antes se solía hacer así” (artículos 166-167) y algunas penas de muerte eran conmutadas mediante el sacrificio de un animal.

Si atendemos a las leyes que regulaban el matrimonio, deducimos que la sociedad era muy permeable, puesto que hombres y mujeres de diferente condición podían unirse siempre y cuando pagasen el precio establecido. En caso contrario, la ley decretaba que el individuo de mayor rango social fuese degradado durante un tiempo definido (tal y como vimos en los artículos 35 y 175). No obstante, es evidente que, en lo que respecta a la cuestión del género, había una clara diferenciación entre los individuos de ambos sexos. A la hora de contraer matrimonio, la mujer interpretaba un papel meramente pasivo. Y aunque Condominas sostiene que la fusión entre las costumbres indoeuropeas y las tradiciones locales hicieron que las mujeres ganasen más libertad de acción con respecto a otras naciones de su entorno, la condición de la mujer hitita estaba muy lejos de ser igual que la de sus homónimos masculinos. Otra muestra de ello lo encontramos en el epígrafe correspondiente a la infidelidad, donde no solo se la condenaba a la pena capital, sino que además no hay referencias a la relaciones extramatrimoniales mantenidas por el marido. Esta situación vuelve a repetirse si observamos las diferencias salariales entre unos y otros.

Con respecto al apartado económico, observamos que el estado hitita aspiraba a lograr el progreso económico. Por ello articularon toda una serie de leyes en el Código que garantizase una buena capacidad de los campos, de los animales y de las personas. En consecuencia, todas aquellas actitudes que fueran en contra del éxito económico eran sancionadas. El detallismo que se observa en el establecimiento de precios es una muestra más de la necesidad de controlar la economía del reino. Estos precios plantearían una situación uniforme en el reino a partir del cual los elementos que se compren, alquilen o vendan tengan el mismo valor en todo el estado.

En cuanto a las propiedades donadas por el rey, estas estaban libres del pago de tributos, lo que nos lleva a pensar que quienes la recibían gozaban de cierta consideración económica. El rey no solo los exime del pago de impuestos sino que también le da los recursos para su puesta en cultivo. Es decir, al monarca posiblemente le interesaba que estos individuos (a los que él regala tierras) tuvieran una buena posición.
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1. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 201.
2. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 201.
3. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 201.
4. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 202.
5. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 202.
6. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 202.
7. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 202.
8. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 206.
9. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 206.
10. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 206.
11. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 206.
12  BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 206.
13. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 206.
14. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 206.
15. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 207.

BIBLIOGRAFÍA:
  • ALONSO Y ROYANO, F., “El régimen matrimonial en el Código de Hattusas”, en Espacio, Tiempo y Forma, 1993, núm. 6, pp. 47-58.
  • ÁLVAREZ-PEDROSA, J. A. y BERNABÉ, A., Historia y leyes de los hititas: Textos del Imperio Antiguo. El Código, Ediciones Akal, Madrid, 2000, 255 páginas.
  • ÁLVAREZ-PEDROSA, J. A. y BERNABÉ, A., Historia y Leyes de los Hititas. Textos del Reino Medio y del Imperio Nuevo, Ediciones Akal, Madrid, 2004, 328 páginas.
  • ARIAS CONDEMINAS, J., Los hititas, Gasso Editores, Barcelona, 1972, 415 páginas.
  • BRYCE, T., El Reino de los hititas, Cátedra, Madrid, 1998, 494 páginas.
  • LIVERANI, M., El Antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía. Crítica, Barcelona, 1995, 796 páginas.

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