miércoles, 25 de enero de 2017

El Código hitita (9)

Las leyes económicas

Las obligaciones feudales

Este apartado tenía gran importancia en el Código debido a que establecía una serie de pautas que legitimarían o no las actuaciones de los hititas. El término feudal quizá no es el más apropiado pero, acorde con Bernabé y Álvarez Pedrosa, se utilizará para la explicación de las obligaciones y los derechos que el Código recogía.

Los hititas tenían la obligación de gravar sus propiedades, este requerimiento podía tener un carácter general o constituir una obligación feudal con el rey. En el caso de que una propiedad fuera compartida, el que menos reconocimientos tenía era el asociado. Si éste faltaba, el otro propietario podía hacerse cargo de gravar el campo de su compañero con el objetivo de explotar la propiedad y obtener más beneficios económicos. Pero si se negaba, la parcela del asociado quedaba en manos del rey, que la pondría a disposición de los hombres de la ciudad [1].

Por su parte, los siervos del Mausoleo y los siervos de un príncipe, también tenían que cumplir las obligaciones feudales con el rey de obligado cumplimiento [2].

Posesión de tierras y privilegios

En el apartado anterior comienzan a “emanar” evidencias que manifiestan un exhaustivo control de la propiedad de la tierra por parte del Palacio. Una propiedad podía ser adquirida mediante compra o alquiler, pero en ocasiones los hititas podían recibir propiedades mediante la donación. Recibir esta donación implicaba el necesario cumplimiento de las obligaciones feudales a las que esa propiedad estaba sujeta. En el caso de que se le hayan dado pocos campos, no cumple sus funciones feudales [3], por lo que en cierta medida, el estado hitita entendía que la baja productividad de esas pequeñas donaciones impedía el pago de tributos al Palacio. El rey también tenía la potestad de donar tierras pero en este caso quedaban libres de impuestos. En estas donaciones el rey toma de la mesa un pan y se lo da [4]. En consecuencia, los propietarios de las donaciones reales gozan de una exención de tributos que los colocan en una situación social privilegiada.

Tal y como se observa en el apartado anterior, la situación de los asociados en las propiedades conjuntas era inferior a la del propietario. En el artículo 53 del Código se evidencia esa posición privilegiada del propietario afirmándose lo siguiente: si un hombre sometido a obligaciones feudales generales y su asociado están juntos, cuando se enemistan y dividen su hacienda, si en sus campos hay diez personas, el hombre sometido a obligaciones feudales generales toma siete personas y su asociado, tres. Los bueyes y las ovejas de sus campos, las dividen de igual modo. Si alguno posee una donación del rey con un documento y éstos dividen un campo de antes, el hombre sometido a obligaciones feudales generales toma dos partes de la donación y el asociado toma una parte [5].

Los reclusos, pese a cumplir las pertinentes obligaciones con el rey, no gozaban de mínimos privilegios ya que ni siquiera podían vender a sus hijos, sus campos, sus villas puesto que el que hace negocio con un recluso pierde el negocio [6]. Por tanto, a estos individuos se les impedía obtener rendimientos de sus recursos, recortando en gran medida sus derechos. Usualmente el castigo no era pagado mediante indemnización sino que tenían que entregar su cuerpo como compensación [7].

 Retomando el análisis de los privilegios cabe destacar que los sacerdotes  también gozaban de ciertos beneficios distintivos. Tanto las casas del sumo sacerdote como las de los sacerdotes de cada ciudad, están exentos de impuestos [8]. Por consiguiente, se intuye que el poder religioso, mediante estos beneficios, debe tener gran influencia en el reino hitita.

Existían privilegios de otra índole como la exención de impuestos en el undécimo mes en la ciudad de Arinna. Esta recompensa era recibida por aquellas viviendas  que tenían en su puerta (parte delantera de la vivienda) un árbol siempre verde. En un centro cultual como Arinna (donde residía la diosa del sol) tener este elemento en buenas condiciones atraía a la fertilidad, incrementando la producción de trigo y de vino, aumentando la producción ganadera y también posibilitaba (según sus creencias) largos años de descendencia.

El Código también manifiesta privilegios anteriores que ya no tienen validez. Así pues, en el artículo 51 de la primera serie se informa que antes, el que se hacía tejedor en Arinna, así como su casa, estaban exentos y sus asociados y allegados estaban exentos. Ahora su casa está exenta, pero sus asociados y allegados cumplen las obligaciones feudales con el rey y las generales. También en Ziplanta es de igual modo [9].
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1. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 188.
2. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 192.
3. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 189.
4. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 190.
5. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 192.
6. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 191.
7. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 191.
8. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 191.
9. BERNABÉ Y ÁLVAREZ-PEDROSA, 2000, p. 192.

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