domingo, 22 de enero de 2017

El Código hitita (6)

Aspectos relacionados con la Historia de las mentalidades
La configuración de la familia

Entre los aspectos más llamativos del Código cabe destacar el relativo al matrimonio, siendo uno de los pocos apartados donde podemos tener una imagen aproximada sobre la configuración de la familia hitita. La serie comprendida entre los artículos 26 y 36 [1] de la Tablilla I (a los que se añade el artículo 175 que habla sobre el matrimonio irregular) inciden tanto en la cuestión de la dote como en las formas en las que debían establecerse las uniones (compra de la novia o rapto), así como su disolución. El anteriormente citado artículo 37 trata también sobre el rapto de una mujer a manos de un hombre pero, al matar este a aquellos que parten tras su busca y ser declarado enemigo de la sociedad, el epígrafe queda englobado dentro de la categoría de Homicidios no castigados [2]. Pese a todo, resulta interesante comprobar hasta qué punto la cuestión del matrimonio podía desembocar en hechos tan trágicos.

En los últimos epígrafes correspondientes a la Tablilla II, encontraremos cuestiones como la viudedad (artículo 193), las relaciones sexuales entre parientes cercanos y esclavos (artículos 189, 190, 191, 194 y 195) y la infidelidad (artículos 197 y 198). Encontramos también algunas cuestiones que hablan sobre el papel desempeñado por los hijos: mientras que el artículo 175 trata sobre la condición que tendrían los niños nacidos de la unión entre una mujer libre y un hombre de baja extracción social, el artículo 171 versará sobre la capacidad de una madre para desheredar a un hijo. La cuestión de los hijos también planeará en los artículos 31, 32 y 33, estando vinculada con la separación de la pareja.

El matrimonio

En lo que respecta al matrimonio, y a semejanza de lo que ocurría en otras sociedades, tanto el padre como el esposo hititas eran los dueños de la casa familiar y los bienes. De ahí que la unión entre un hombre y una mujer dependiera exclusivamente del primero y fuera un acto unilateral. Así, el matrimonio se llevaba a cabo mediante la compra de la novia o bien recurriendo a la fuga o al rapto, conceptos de los que ya hemos hablado en el apartado anterior. Que haya dos artículos dedicados a  este delito (concretamente, los correspondientes al 28 y el 37) ya nos hace pensar que, si bien no era un práctica común, sí es cierto que era preciso limitarla y sancionar a los culpables (así como “indemnizar” a los perjudicados, entre los que se incluiría el novio).  
Sobre este último punto, quizá los esclavos fueran el colectivo más propenso a la hora de efectuar estas prácticas, ya que no siempre podían efectuar el pago de la novia. La mayoría de los artículos tratan precisamente de la regulación de las uniones entre esclavos e individuos libres.
Para Alonso Royano [3], el hecho de que la sociedad hitita fuera tan heterogénea (algo motivado por el contacto que mantuvieron con otros pueblos de su entorno), permitió las uniones entre individuos de diferente extracción social. Este planteamiento es compatible con la baja densidad de población que sufrió el imperio durante el Reino Nuevo (asediado por una permanente epidemia que se inició con el reinado de Shuppiluluima I y que se prolongó durante el mandato de sus sucesores), la cual era paliada con las incursiones militares que los hititas organizaban hacia los reinos limítrofes y que incluían la captura de prisioneros de guerra

De todos modos, resulta llamativo observar cómo los esclavos podía contraer matrimonio con mujeres libres y cómo el Código trataba de regular cómo debían establecerse esas uniones, así como la condición social en la que se encontraría la mujer una vez casada. La cuestión de cómo debían llevarse a cabo los esponsales es muy importante, puesto que todo debía hacerse según lo establecido. En caso contrario, la aplicación de la ley podía tener serias consecuencias para la pareja. El caso de los artículos 34 y 35 es muy elocuente:

34. Si un siervo paga el precio de la novia por una mujer (libre) y la toma como esposa, nadie cambie su estado social.
35. Si un administrador o un pastor rapta a una mujer libre y no paga por ella el precio de la novia, ella se hace sierva por tres años.
A primera vista, vemos que existe una contradicción entre ambos epígrafes, puesto que en los dos casos una mujer es desposada por un esclavo (artículo 34) o bien por un individuo perteneciente a un grupo inferior (tal y como reza el artículo 35, deducimos que el oficio de pastor no estaba bien considerado). La clave que diferencia a ambos enunciados se encuentra en el siempre presente pago de la dote (llamada kusata por los hititas). Un esclavo podía casarse con una mujer libre siempre y cuando pagase su precio correspondiente. De ser así, la esposa seguiría manteniendo la libertad. En caso contrario, quedaría reducida a la categoría de esclava durante un período de tres años. La misma idea se repite en el artículo 175:

175. Si un ovejero o un administrador toma a una mujer libre, ella se vuelve sierva, en el segundo o cuarto año (respectivamente) […].
Ante casos así, debemos incidir en la importancia que tenía la dote para los hititas (es preciso distinguir entre la propia kusata y la tradicional dote que la familia de la novia proporcionaba al novio). La entrega de la kusata se hacía al cabeza de familia o, en ausencia de este, al hermano varón de mayor edad. La kusata garantizaría el compromiso y salvaguardaría los intereses de ambas partes, aun cuando la ceremonia no llegase a celebrarse [4]. En todo caso, los progenitores de la novia podían anular el contrato matrimonial para otorgar la mano de su hija a otro hombre. Para ello, estaban en la obligación de devolver el doble de la kusata, tal y como dice el artículo 29 (“Si una joven se compromete con un hombre y él ha pagado por ella el precio de la novia y luego los padres rompen el compromiso, entonces la separan del hombre pero le indemnizan el doble del precio de la novia”). Por su parte, el novio perdería la kusata si era él quien optaba por romper el compromiso, quedándose la familia con la dote (Artículo 30: “Y si el hombre aún no ha tomado a la joven y por su parte la rechaza, entonces renuncia al precio de la novia que había pagado”).

Si tenemos en cuenta el celo que guardaban los hititas para los rituales, resulta extraño no encontrar ninguna referencia en el texto a cómo debía de hacerse la ceremonia. No obstante, sí nos han llegado evidencias arqueológicas e iconográficas. Tal es el caso de los restos hallados en Bitik, entre los cuales destaca un vaso de cerámica. Con una antigüedad que se remonta en torno al 1600-1400 a. C., uno de los relieves que componen la pieza nos muestra a una pareja en actitud ceremonial. Pese a que desconocemos el contexto de la escena [5], para Alonso podría tratarse de una pareja que está a punto de contraer matrimonio, si bien también nos ofrece la posibilidad de que se tratase de un padre bendiciendo a su hija y ungiendo su frente con aceites perfumados. En cualquier caso, esta escena nos deja claro que, al igual que otros aspectos de la vida cotidiana hitita, el matrimonio también estaba ritualizado [6].

Una vez casada, la mujer podía marcharse a vivir a la casa de su marido o bien quedarse en la de sus padres. De optar por esta posibilidad, los hijos de la pareja heredarían el apellido de la madre, lo cual ha servido de base a algunos autores para explicar el creciente poder de la mujer en la sociedad hitita [7], algo que puede verse tanto en su panteón de dioses (donde las entidades femeninas era muy numerosas) como en ciertos aspectos del Código (el hecho de que en los artículos 28 y 29 se haga referencia a ambos progenitores -utilizando el término “padres” en plural- puede implicar que la figura de la madre tuviera una gran relevancia dentro del hogar [8]).
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1. Bernabé y Álvarez Pedrosa catalogan esta serie dentro de un apartado que denominan “Derecho de familia”.
2. “El rapto se producía a veces con muchas complicaciones, a menudo sangrientas” (CONDOMINAS, 1972, p. 369).
3. ALONSO ROYANO, Félix, El régimen matrimonial en el Código de Hattusas, Espacio, Tiempo y Forma (Serie II, Historia Antigua), 1993, nº 6, 47-58 páginas.
4. ALONSO ROYANO, 1993, pp. 52-53.
5. Alonso Royano cita a Bittel y no descarta de que se trate de una escena mítica protagonizada por dioses.
6. ALONSO ROYANO, 1993, p. 53.
7. CONDOMINAS, 1972, p. 369.
8. Lo que entra en contradicción con lo que anteriormente expuesto. Como ya hemos comentado, en cuestiones como el pago de la kusata solo participaban los hombres. Al igual que había sucedido en otras sociedades del mundo antiguo, las mujeres continuaron supeditadas a la figura masculina.

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