sábado, 9 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (4)

No es necesario que empujen, hay sitio para todos...

NI FU NI FA

Donde lo aceptable y lo mediocre van de la mano desvaneciéndose de nuestra memoria como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir...

5. Shin Godzilla


Me consta que esta película tiene muchos admiradores. Y no nos engañemos: dado que la versión norteamericana de 2014 no agradó a todo el mundo y que la propia trayectoria cinematográfica del monstruo no es precisamente para tirar cohetes (vean si no la descacharrante -por temática y título- “Gorgo y Superman se citan en Tokio”), es lógico que muchos consideren a Shin Godzilla” como una de las mejores pelis del personaje. A su favor tiene el rediseño del monstruo, de un aspecto verdaderamente aterrador y malsano; un reinicio de la saga que obvia todos los títulos anteriores (algunos de ellos, repito, son carne de psiquiátrico); y un tono serio y cínico con la realidad japonesa del momento (la cadena de mando provoca continuos retrasos en la toma de decisiones, el estatus de Japón sigue siendo el de un país subordinado a Estados Unidos y el recuerdo de Fukushima no deja de planear a lo largo de todo el metraje). Con respecto a esta última cuestión, la película perfectamente podría haberse titulado “Godzilla contra la burocracia”.


Pese a que tiene muy buenas intenciones, el problema de la película se reduce a uno: es un COÑAZO inaguantable. Es lenta y aburrida a más no poder. Entiendo la sátira que se hace contra la clase política japonesa y que, para que la broma funcione correctamente, es necesario repetirla varias veces para que el espectador se contagie de ese agotamiento mental que afecta a los protagonistas. La cuestión es que la coña se alarga demasiado (son casi dos horas de metraje), de manera que, en lugar de conseguir la complicidad del espectador, hace que este resople de impaciencia y mire la barra del reproductor con la esperanza de que la tortura se acabe cuanto antes.

No es tan épico como parece. He visto vomitonas mucho más grandes que esta cuando salgo los fines de semana.

Los personajes humanos no es que sean antipáticos, es que dan ganas de que Godzilla aparezca y suelte sobre ellos su vómito radiactivo (ya os advierto que hay una escena así en la película). En ningún momento sentimos simpatía por ellos. Al contrario, van tan de sobrados que llegan a resultar detestables. E insisto: esta chorrada dura dos horas... dos horas que perfectamente podrían haberse quedado en ochenta minutos. Se agradece el tono serio del argumento, pero es una película que ni de coña volvería a ver, aunque debo admitir que el plano final, con esos híbridos humanos y reptilianos brotando de la carbonizada cola de Godzilla, ha hecho que espere con algo de impaciencia la secuela.

4. El retorno de Godzilla


Otra vez Godzilla. Rodada en 1984, “El retorno de Godzilla” pretendía ser una continuación oficial de “Japón bajo el terror del monstruo”, primer título de la franquicia. Al igual que habíamos visto con “Godzilla Shin”, la película se aleja de los bodrios que se lanzaron durante los años 60 y 70 para adquirir un tono mucho más solemne y serio. Utilizando la Guerra Fría como trasfondo y reflexionado sobre el papel que Japón debía ocupar en el mundo bipolar, la película nos advierte sobre los peligros de las armas nucleares y la necesidad de que todos los países coexistan en paz. Y es precisamente aquí donde está el problema: sin llegar a ser oscura, “El retorno de Godzilla” se toma demasiado en serio a sí misma... lo cual contrasta con algunas escenas en las que vemos a un remedo de Indiana Jones nipón haciendo el ganso por Tokio y aprovechando la desbandada de la población para comer de gorra en un restaurante. En serio, ¿a qué venía eso? ¿Se había escapado de "Humor Amarillo"?

El Rey de los Monstruos durmiendo la borrachera.

El cariño que le profeso a esta película es enorme, casi tanto como a un hijo subnormal. La banda sonora (que erróneamente había atribuido a “Meteoro”) me ha acompañado hasta hoy. Las maquetas son espectaculares y están dotadas de un gran realismo. Una película de monstruos gigantes no sería lo mismo si no hubiera una ciudad que destruir. Todo aquí esta cuidadosamente elaborado. ¡Y además sin necesidad de utilizar efectos hechos por ordenador y esas chorradas! La ilusión es tal que llegamos a pensar que esos rascacielos reducidos a escombros son de verdad. Lamentablemente, no sucede lo mismo con Godzilla, cuya mirada estrábica llega a recordarnos a Leticia Sabater en sus peores años, pese a que su diseño es bastante correcto y desprende cierto aire malévolo, que es lo que toca.

Leticia Sabater, ¿eres tú?

“El retorno de Godzilla” fue la primera película que vi. Creo recordar que en España se estrenó entre 1991 y 1992, allanando el camino a “Parque Jurásico” (pese al lejano parecido con sus parientes del Mesozoico, Godzilla seguía siendo un dinosaurio, algo que nos confirma uno de los protagonistas de la peli). Por esa misma época TVE también se había hecho con los derechos de “Ultraman”, haciendo que el género de kaijus se convirtiese al momento en uno de mis favoritos. Entre mis juguetes no faltaron monstruos de dos cabezas y otras imitaciones godzillianas procedentes del “Todo a 100” de la esquina, y en verano era raro que alguno no me acompañase a la piscina. A esto hay que añadir que, por aquel entonces, a mi hermano y a mí nos habían regalado una de esas ciudades plegables de TENTE en la que podíamos saciar nuestro apetito de destrucción (o al menos el mío). A estas construcciones se les podían añadir otras más pequeñas aumentando así el tamaño del mapa. A mí en concreto me regalaron un centro especial que traía su propio cohete. Mejor no os cuento las veces que lo utilicé como arma definitiva para acabar con los monstruos que querían asolar la urbe.


"¡Dejadme en paz, putos mosquitos!".

Con todos estos recuerdos, ¿cómo no me va a gustar esta película? Y sin embargo, reencontrarme con “El retorno de Godzilla” veinticinco años después no ha sido, ni de lejos, una experiencia satisfactoria. Es simpática y tiene su encanto, sí, pero poco más. Hoy puedo aseguraros que, pese a ser un título respetable, no es la mejor película de su clase y que, a ojos de un adulto, pierde bastante.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (3)

Gracias, lectores imaginarios... Son ustedes un público maravilloso.

1. La herencia de Valdemar II: La sombra prohibida


De nada sirve hacer una presentación de esta basura. No merece la pena. Materia fecal pura y dura. La primera parte, aburrida de solemnidad y larguísima de cojones, todavía iba y pasaba. Como relato gótico, pues lo compraba, oye. Pero esta mamarrachada, de tan estúpida y pretenciosa, provoca hasta cáncer. Un atentado contra el buen gusto y las normas básicas del cine. Y  no se trata de ninguna exageración.

Siete razones por las que esta película es una PUTA MIERDA:

1) Las actuaciones dan vergüenza ajena. Rodolfo Sancho está irreconocible, dando vida al que quizá sea el personaje más detestable de su carrera; Óscar Jaenada, a quien años después veríamos haciendo el indio en la execrable "Piratas", parece que decidió repetir su papel en "Qué vida más triste" (donde también se enfrenta a un pulpo radioactivo, cuidado ahí); Eusebio Poncela, peluca empolvada en ristre, no sabe ni dónde está... Ojalá pudiera decir algo de sus compañeras de reparto, pero lo hacen mil veces peor.

2) Una historia con tropecientas subtramas que no están relacionadas entre sí: a la trama del matrimonio Valdemar se le suma la del monstruito tipo Gollum que vive bajo los cimientos de la casa (en serio, ¿qué papel juega este bicho en todo el fregado?), la del deficiente mental que habla con unos maniquíes a los que considera su familia, la de la zíngara fantasma que ha perdido a su hijo y que aparece y desaparece a conveniencia, la de Óscar Jaenada y la puta francesa con la que habla en el tren, la de los agentes inmobiliarios, la de los sectarios, la de los niños desaparecidos y torturados en los sótanos de la mansión... Todo está muy cogido con pinzas y es terriblemente errático. La forma en la que se conectan todas estas historias a la trama principal es de traca, con deportación a Auschwitz y cámara de gas incluida.

Ojalá hubiera visto o leído algo de las gilipollescas aventuras de "Harry Potter" solo para hacer un chiste de Voldemort.

3) No sabemos por qué el matrimonio Valdemar quiere invocar a Cthulhu ("Eres muy Cthu... Cthu... Cthu... Cthuli... ¡Y tiene el dibujo de un tren!"). El espectador no puede evitar pensar que todo es una excusa para poner al bicho en la pantalla, porque la historia en sí no tiene ningún puto sentido. Resulta complicado saber qué pinta la bibliografía de Lovecraft en todo esto. Si hubieran suprimido cualquier referencia a sus novelas, no se habría notado lo más mínimo.

4) Óscar Jaenada da mucha vergüenza ajena, en serio.

5) El subnormalismo de esta película alcanza su punto álgido cuando los sectarios, en el momento del sacrificio, confunden a un niño de verdad con un nenuco de plástico colocado en el altar por el deficiente mental de marras. ¿En serio? ¿De verdad? ¿PERO QUÉ CLASE DE ORDEN SECRETA MILENARIA DE MIERDA ES ESA? ¿A quién coño se le ocurrió semejante giro de guión?

"Siete sectarios que llegan de Bonaaaansaaaaa..."

6) Cthulhu aparece como una deidad que se dedica a cumplir deseos como el depresivo (y felizmente desaparecido) Robin Williams en "Aladdin". ¿POR QUÉ? Quiero decir, ¿en qué estaban pensando? Tampoco es que esté muy familiarizado con los mitos de Lovecraft, pero lo que conozco del personaje está muy lejos del papel que le asignaron en la película. Y encima, aparece como un dios menor sometido a otras entidades superiores. ¡Cthulhu puede hacer lo que le salga de sus cojones tentaculares, me cago en Dios!

La reacción de los actores cuando se les obligó a ver una de las escenas que acababan de grabar.

7) Algo positivo tiene que tener esta basura: ha hecho buena a la ignominiosa (pero increíblemente divertida) "Dagon, la secta del mar".

Y aquí una buena prueba de ello: ¡EL CULO DIGITALIZADO DE MACARENA GÓMEZ!

BONUS TRACK: Mammoth


Un claro ejemplo de cómo ir de gracioso por la vida sin serlo (os jodéis, mi blog no vale). "Mammoth" parte de una premisa tan alocada que es imposible tomársela en serio: resulta que una raza alienígena criogenizó a un mamut hace una burrada de años con el objetivo (y aquí estoy teorizando demasiado, puesto que nunca llegan a explicarlo del todo) de destruir en el futuro a los humanos (!). El mastodonte es descubierto por un científico interpretado por un tal Vincent Ventresca (el actor tiene que ser así de lamentable para que solo me acuerde de su apellido) quien, al agujerear el bloque de hielo en el que está encerrado, activa una sonda de vigilancia extraterrestre que termina estrellándose contra la Tierra, permitiendo así la fuga del mostrenco. Así contado, puede hasta sonar gracioso. Pero creedme: no lo es.

Dumbo: otra carrera destruida por las drogas.

Lamentablemente, la película está muy lejos de la genuinamente tonta "Gargantua". El resultado es una bufonada que está a la misma altura de los chistes de Rober Bodegas, relegando las escenas de "acción" por un "semidrama" familiar en el que Ventresca, viudo y con una hija adolescente a su cargo, debe sacar adelante a los suyos (¿he dicho ya que su padre es un teórico de la conspiración?), todo rollo en plan "Soy un hombre ahogado por el trabajo y que no puede ir a los partidos de béisbol del pequeño Jimmy". Una vez más, "Los Simpson" se anticiparon al futuro. Tiempos muy oscuros estos que corren.

Hay algunos guiños a "Men in Black" y alguna que otra mongolada por el medio, pero el conjunto no merece su hora y pico de visionado: personajes que desaparecen a mitad de metraje, chistes sin gracia, "defectos" especiales, escenas que no vienen a cuento, ni una puta en bikini... Y el mamut que solo sale cuatro o cinco veces. Tan insulsa como "El ataque de la Montaña de Mierda". Al menos, repito, no se toma en serio a sí misma, lo cual es de agradecer. En cuanto al monstruito, este está hecho con tal desgana que parece que utilizaron mojones de perro en su diseño. Malísima.

martes, 5 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (2)

El espectáculo de basura debe continuar...

3. Garras asesinas (AKA Strays: Killer Cats)


Esta es para campeones. Estamos ante un filme de sobremesa cutre y barato al estilo de “Dolly Dearest”, aquel chorradón mayúsculo protagonizado por una muñeca endemoniada. Al igual que había ocurrido en las aventuras de su contrapartida de plástico, tenemos a una familia típica estadounidense que se compra una casa en las afueras... Y lo que viene “aluego” ya os lo podéis imaginar: la casa está habitada por un gatete con más mala uva que un guionista de “The Walking Dead”, el cual amenaza con hacerles la vida imposible, ya sea lanzando sus hordas gatunas contra ellos o bien asesinando a sus seres queridos. No me digáis que la cosa no promete.

"Vuelve a quitarme el vídeo de Simon's Cat y te meteré el ordenador por el culo, humano hijo de puta".

Lo curioso es que en ningún momento se nos cuenta por qué el gato es así. No sabemos si necesita un abrazo o si directamente es autista. Por saber, no sabemos ni sus orígenes, porque... ¿para qué contar su historia cuando podemos centrarnos en unos protagonistas humanos a los que dan ganas de moler a palos? Eso sí, el monstruito dobla en tamaño a un gato normal y toma yorkshires en el almuerzo y el desayuno. Solo así puede afrontar el día con energía y asesinar a inocentes fontaneros. Una joyita, el bicho. Las reacciones de los actores ante lo que es un simple gato con sobrepeso no es que no sean creíbles: es que dan una vergüenza ajena de campeonato.

Por ahí también hay una trama secundaria en donde la cuñada del cabeza de familia quiere montárselo con él y así joder a su hermana, pero esta mierda es totalmente irrelevante. Cualquier subtrama palidece ante los bufidos del villano de la peli. Y uno no puede menos que preguntarse cómo lo hizo el director para tener al pobre bicho en pie de guerra durante todo el rodaje.

Que te mate el Coronel Meow es el equivalente a cogértela con la cremallera después de mear.

¿Escenas para el recuerdo? ¡A montones! Hay una secuencia en la que los gatos persiguen a la pequeña de la familia. Esta consigue encerrarse en su habitación, pero los gatos tienen TAL FUERZA que rompen la puerta con sus garritas. Hay otra en la que, ya acercándonos al clímax de la película, el padre mete a uno de los gatos dentro del microondas mientras dice “¡Se terminaron tus siete vidas!”.  Apoteósico. Luego hay otra en la que la cuñada del nota se despeña escaleras abajo tras habérsele enredado una maraña de gatos entre las piernas... Y por supuesto está el gran final típico de estas producciones, donde aparece un gatito oculto tras la verja del jardín mientras la cámara hace un zoom hacia sus ojos y suena una música como de vampiros en plan "¡LA AMENAZA TODAVÍA VIVE!".

En este plano pueden pasar dos cosas: A) Los gatos se retiran derrotados o B) Los gatos tiran la puerta abajo.

Puertas de papel de estraza. ¡UN APLAUSO PARA LOS COJONES DEL GUIONISTA, POR FAVOR!

Hay que tener en cuenta que cuando esta gilipollez se lanzó en vídeo, las pelis sobre animales, niños, muñecos y lavavajillas que cobraban conciencia propia para asesinarte estaban a la orden del día. Por si fuera poco, el género se vio revitalizado gracias a las amenazas de una invasión de abejas africanas que asolaría Estados Unidos durante la segunda mitad de los 90... y que nunca llegó. Cualquiera diría que a los americanos les encanta que los maten... Solo hace falta darse un garbeo por sus escuelas, aunque todos sabemos que hombre precavido vale por dos... Por eso piensan que la mejor manera de detener un tornado es disparándole.

2. Cincuenta sombras de Grey


“Cincuenta sombras...” es el “Crepúsculo” de nuestra época, lo cual no tiene nada de raro si tenemos en cuenta que la primera es hija espiritual de aquella. En su momento, “Crepúsculo”, y muy especialmente su adaptación cinematográfica, se llevó palos por todos lados, llegando a ser considerada como una de las peores películas jamás hechas y convirtiéndose automáticamente es un chiste recurrente, casi al mismo nivel que Justin Bieber, los Jonas Brothers, Britney Spears o Paris Hilton. El Imperio tiene la capacidad para exportar basura en cantidades industriales y los habitantes de sus satélites la asimilamos como si se tratase de una muestra más de nuestra propia identidad (cuando no de nuestra propia mierda). De ahí que las gracietas nacidas alrededor de estos subproductos a muchos nos resultaran tan ajenas como un diccionario para Belén Esteban.

"Cuanto peor para todos, mejor... Cuanto mejor... ¡Mierda! ¿Cómo era?". Rivera aprendiendo de los mejores.

A la larga, “Crepúsculo” se convirtió en el saco de boxeo en el que cualquier amante del cine o del buen gusto podía descargar su frustración. Cuando uno entraba en un foro de cine tenía la sensación de que había que insultarla y ponerla por los suelos porque, simplemente, era lo que había que hacer. Y en honor a la verdad, la película se lo merecía, porque era mala con ganas. Debo reconocer que solo vi la primera entrega y me pareció un peñazo bíblico, amén de ese molesto filtro azulado que le daba al conjunto un aire bastante pretencioso (y del que prescindieron en las secuelas por obra y gracia de Nosferatu). Por no hablar de los continuos caretos de asco de Kristen Stewart, actriz que algunos medios especializados parecen empeñados en rehabilitar aun cuando no ha dado muestras de merecerlo (ya ves tú por donde me paso el prestigio del sobrevaloradísimo Woody Allen). En cuanto a Pattinson, la indiferencia que me despierta es tal que no merece la pena ni odiarlo. Pero bueno, al menos “Luna Nueva” no estuvo tan mal. Todo lo que vino después es un completo misterio para mí.

Pour Femme Eau de Toilette for Women... L'amour... Paris...

“Cincuenta sombras de Grey” es más de lo mismo. Me cuesta un enorme trabajo admitir que semejante bosta de elefante pueda gustar. Según tengo entendido, su estreno en Telecinco hace un par de días la convirtieron en una de las emisiones más vistas del año... Lo cual dice mucho de un país donde la gente cuelga banderas de los balcones, el #%&$ de Íker Jiménez es visto como un héroe nacional, Álvaro Ojeda goza de cierto prestigio y Paco Marhuenda dirige un periódico... Pero sí, esta escombrera tiene seguidores y peña dispuesta a matar por ella. Pa envenenarse bebiendo lejía no, lo siguiente.

¡OH, DIOS! ¡QUÉ SUTIL!

La película no es que sea mala, es que es bastante risible y olvidable. Al menos adapta con más o menos éxito la novela en la que está basada pero, viendo cómo se las gasta el material original, eso no tiene ningún mérito. Es algo que no debería ni de existir y que, para colmo, supuso que las estanterías de todo el país se llenasen de múltiples imitaciones literarias surgidas a raíz de una “grey-exploitation” que, a Dios gracias, ha ido cada vez a menos... Hasta que las editoriales decidan cuál es el nuevo fenómeno que debemos amar/odiar. Porque hasta el odio es una moda. E insisto: “Crepúsculo”, a diez años de su estreno y cinco del final de la saga, está ahí.

No puedo evitar ver este fotograma y pensar en Albert Rivera montándoselo con la hija de Pablo Motos.

Lo mejor de todo el mondongo es que el actor que da vida al Grey de los huevos se parece ídem a Albert Rivera: ambos son repelentes y odiosos hasta decir basta. La chica es un zorrón que está más salida que el filo de una mesa y la historia es machistorra a tope. Pero ya digo: tampoco es que el material original diera para más. De momento, el capítulo final de la trilogía va camino de correr la misma suerte que sus predecesoras en lo que a crítica se refiere. En cuanto a su espectacular taquilla, vivimos en un mundo hasta arriba de gilipollas, simplemente. Yo el primero.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Balance cinematográfico de 2017 (1)

No voy a enredarme en explicaciones innecesarias y llenas de clichés sobre lo que significa arrancar la hoja del calendario y tropezarnos con diciembre al otro lado. Nunca me ha gustado justificar nada y no voy a empezar a hacerlo ahora (bastante que lo hago en el cochino mundo real). En resumidas cuentas: nos encontramos, si Corea del Norte y el Capitán Risketos no lo impiden, con otro año que está a punto de palmar. Al igual que los años anteriores, 2017 ha sido un año repugnante en muchísimos sentidos. Sigo sin terminar la carrera (y ya van tantos años que hasta me avergüenza decirlo), mi alopecia avanza a un ritmo preocupante (en dos o tres años, siendo muy optimistas, tendré que plantearme raparme la cabeza), sigo sin ganar ese premio literario que me sacará de pobre (pffff...) y mi libro de cuentos, publicado en 2016 después de un retraso de cuatro putos años, no se vende ni regalándolo con una FHM donde Emma Stone y Patricia Conde se dan el lote mientras Gal Gadot es obligada a mirar. Sigo echando barriga, me han tenido que empastar dos muelas, mi vida social es igual de emocionante que una carrera de caracoles y... ya está, creo que eso es todo. ¡Ah, sí! Este año he estrenado gafas nuevas. Hasta me he comprado unas de sol.

Lo que se dice un año COJONUDO.

Si habéis llegado hasta aquí, enhorabuena. Habéis tenido un aguante envidiable en unos tiempos en los que leer el párrafo de un blog ya supone un esfuerzo intelectual notable. Pero casi que es mejor que sigamos con lo nuestro.

Los lectores más veteranos (si es que todavía queda alguno) ya sabrán que por estas fechas suelo hacer un recopilatorio de las peores películas que he visto durante el año. Es una gloriosa tradición (?) que se remonta al 2014 y que en 2015 casi estuve a punto de dejar a medias por lo cansino que me resultaba hilar tres cochinas palabras seguidas para un público inexistente. De ahí que en 2016 mandase esta práctica a tomar por culo y despidiese el año con una foto de Santiago Abascal balbuceando como un deficiente mental. Si a eso le añadimos la pachorra con la que me he tomado administrar este antro a lo largo del año, tendremos una oda a la pereza digna del mejor... del mejor... al carajo, pasemos a enumerar las películas y ya.

A diferencia de años anteriores, esta vez he incluido en el pack diferentes listados donde no solo enumeraré la mierda más cutre que me he ventilado esta temporada, sino también aquellas películas que más me han gustado o que, siendo una basura, tienen tres o cuatro detalles que las hacen destacables. ¿Que por qué? Porque Interné está lleno de gente desagradable que grita y le gusta soltar bilis a todo trapo, y yo ya he superado esa etapa. O tal vez no. Puede que el recurso esté tan gastado que ya no lo encuentre nada divertido... O puede que, simplemente, me apetezca comunicarme utilizando algo más que simples gruñidos. No sabría explicarme. Yo es que soy así. Un tío raro de cojones, de los de esconderse en su cuarto cuando viene gente a casa.

Me acaba de cargar lo último de XVIDEOS y, al igual que Roger Smith ejerciendo de “Decididor”, tengo algo muy gordo entre manos. Nos vemos el año que viene. Ahí os quedáis. Dale a la peli, Lou...

Pues eso.

LO PUTO PEOR

Donde se recoge lo peor y lo más nauseabundo del género cinematográfico, entrando en esta categoría aquellas películas que nos provocan desde secuelas físicas hasta taras mentales, afectando de forma perniciosa a nuestros humores. Y sepan quienes lean esto que deben huir de ellas como de la peste.

5. El Caballero del Dragón


Esta película me decepcionó enormemente. Viendo el cartel y leyendo por encima la sinopsis, me había hecho la idea de encontrarme con un “Ejército de las Tinieblas” patrio, con un desquiciado (todavía más) Klaus Kinski haciendo de Bruce Campbell en una Edad Media poblada por alienígenas. En mi cabeza, la dama a la que Kinski había jurado proteger era abducida por los extraterrestres, comenzando así una épica misión de rescate que concluiría con el actor alemán entrando a sangre y fuego en la nave marciana. El héroe, por supuesto, utilizaría tanto la espada como el cañón de rayos para eliminar a sus enemigos, y no faltarían el humor gamberro y los chascarrillos. ¡Eran los 80, maldita sea!

Lo dicho, la idea, en mi cabeza, MOLABA MUCHÍSIMO. Y para colmo, Kinski ya había venido de hacer "Aguirre, la cólera de Dios". Pero claro, Fernando Colomo no era Juan Piquer Simón... Ni Juan Piquer Simón era Sam Raimi.
En lugar de eso, me encontré con una fantasía medieval bastante chapucera en la que ni siquiera Kinski es el protagonista. Por allí también andan Harvey Keitel haciendo de caballero bocazas (¡qué oportunidad perdida, joder!) y Miguel Bosé haciendo de... de... joder... de Emisario de las Estrellas.

Iba a hacer un chiste sobre Kinski, el hipnotismo y la burundanga pero, visto el contexto actual, no tendría ni PUTA GRACIA.
No diría que se trata de una película familiar, pero sí de una historia de aventuras bastante blanda. Bosé nos ofrece una visión bastante particular de ET, mostrándonos a un alienígena bondadoso e incomprendido que tiene que lidiar con la maldad de los hombres. Su personaje no dice absolutamente nada durante el metraje, lo que contribuye a darle cierto aire de adorabilidad. Eso, y la cara de hacer pucheros que pone cada dos por tres. El personaje, a punto de cumplir la treintena, era todo un ídolo juvenil en la época y supongo que más de una espectadora (y espectador) quería llevárselo a casa. Por su parte, tanto Kinski como Keitel están desaprovechadísimos. Todavía Keitel va y pasa (seguramente su personaje, a excepción del paródico Caballero Verde, es el más interesante de toda la peli), pero Kinski ya podría haberse quedado en su casa emborrachándose o haciendo otra secuela más de “Nosferatu”. Muchos amantes de la buena caspa se lo habríamos agradecido.

Y la chica protagonista que hace de princesa (María Lamor) es adorable y está muy rica, sí. Según he leído, fue su primera y última película, y apenas hay referencias de ella en Internet. Una verdadera pena. Y lo digo muy en serio.

Miguel Bosé experimentando las bondades del sexo oral.

El problema de la peli es que es aburrida. Y es tonta... muy tonta.... tontísima... Al menos la banda sonora es bonita y tiene unas localizaciones muy chulas, pero poco más. No recuerdo cuántas veces la paré para mirar el Facebook, así que con eso ya os lo digo todo. Si os animáis, está colgada en Youtube completita y sin cortes.

SPOILER: Harvey Keitel y el otro villano acaban la película dando vueltas por la galaxia mientras gritan “¡Volveremos! ¡Volveremos!”... Menos mal que nunca cumplieron su palabra.

4. La guerra del Planeta de los Simios


La franquicia de “El Planeta de los Simios” nos dejó una primera parte que hoy es todo un referente de la ciencia ficción y un clásico de culto, así como un porrón de secuelas a la cual más absurda y ridícula (lo de mezclar a monos y mutantes en la segunda entrega era un presagio de lo que nos encontraríamos después). En 2001 pudimos disfrutar de la adaptación que hizo Tim Burton de la película original, una cinta a todas luces infravalorada y que no me cansaré nunca de reivindicar. Los críticos se cebaron injustamente con Burton y la franquicia quedó olvidada hasta que diez años después alguien pensó que sería buena idea profundizar en el universo simio y ofrecer al público una versión reimaginada del mismo.

El administrador de este blog cuando le dicen que 2018 va a ser un año lleno de oportunidades y buenas noticias.

El resultado fue una trilogía de películas y un par de cortometrajes promocionales que, lejos de resultar interesantes, son un absoluto coñazo. La primera parte ya tenía momentos vergonzantes (como esa batalla campal entre policías y monos que tiene lugar en el puente de San Francisco), si bien se dejaba ver y se molestaba en explicarnos los motivos del declive de la raza humana (algo que muchas producciones del género ni siquiera se molestan en hacer... ¿verdad, “The Walking Dead”?). En la secuela, no solo veíamos a la Humanidad diezmada, sino que asistíamos a la lucha de poder entre César, el líder de la “revolución simia” y su compadre Koba (en un alarde de originalidad, los guionistas designaron al villano usando un mote por el que Stalin era conocido cariñosamente por sus compañeros de partido, dándole al conjunto un aire de “revolución traicionada” que tira de espaldas). En la última parte, César se enfrenta a un militar humano al que se le ha ido la olla y quiere exterminar a todos los monetes antes de que estos se hagan con la conquista del mundo. Y no es para menos, dado que el virus que hizo inteligentes a los simios en la primera entrega está provocando que los humanos se estén agilipollando a niveles de un youtuber (es decir, asesinables). Perseguido por el psicótico general, César y los suyos emprenden el camino hacia un nuevo hogar en el que vivir tranquilos mientras las diferentes facciones de humanos que siguen vivas se dan de ostias entre ellas.

Nunca el dicho "Eres más peligroso que un mono con una pistola" tuvo tanto sentido. LOL! ¡UMOR ENTELIJENTE!

Matt Reeves, quien perpetrara ese pedazo de basura humeante que fue “Monstruoso”, es el encargado de contarnos una historia con tintes bíblicos, donde César interpreta a Moisés guiando a su pueblo y muere antes de ver la Tierra Prometida. También hay una parte en la que una avalancha sepulta a los ejércitos humanos, tal y como las aguas del Mar Rojo hicieron con los ejércitos del faraón, porque todo tiene que ser superprofundo y tener un mensaje y tal... Y si os he spoileado os jodéis. Deberíais de darme las gracias por evitaros ver este coñazo.

Hay que reconocer que tiene imágenes muy bonitas y que la caracterización de los personajes está muy lograda. Y es que Serkis se ha vuelto a superar. Pero la película no deja de ser un demostrador tecnológico sin ningún valor. Hay momentos para la vergüenza ajena, como ese en el que la niña medio subnormal adoptada por los simios entra en un campamento enemigo vigilado hasta los dientes y NADIE parece darse cuenta de NADA (a eso le debemos añadir la escena de la huida de un porrón de monos en mitad de la noche, algo en lo que ningún vigía parece reparar pese a estar avisados de un inminente ataque enemigo). Unos agujeros más grandes que los que pueden encontrarse en el intelecto de Álvaro Ojeda, vaya... No solo se ha desperdiciado la opción de hacer una buena película, sino que uno tiene la sensación de que no se ha explotado el potencial que tenía la trama. Mala, irregular y mediocre. Una total decepción.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento

Enlace al documento original.

El extracto del presente texto pertenece al “Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento”, obra del conde Pedro Rodríguez de Campomanes, miembro de los Consejos de Hacienda y Castilla durante el reinado de Carlos III y cabeza visible del despotismo ilustrado [1]. El discurso fue publicado en 1775 y está relacionado con otro escrito de naturaleza similar publicado el año anterior, “Discurso sobre el fomento de la industria popular”. La utilidad del artículo entra dentro de la visión ilustrada que se tenía de la sociedad en el siglo XVIII, donde la educación jugaba un destacado papel.

Retrato de Campomanes.
El artículo gira sobre dos ejes fundamentales: la reivindicación del trabajo frente a la holgazanería, criticando, entre otros aspectos, las diversiones, los descuidos en la forma de vestir y los prejuicios existentes alrededor de determinados oficios; y las relaciones que deben establecerse entre oficiales  y aprendices, desde el acceso al artesanado de estos últimos a las responsabilidades que unos y otros deben asumir. En definitiva; se pretendían superar los prejuicios de las ocupaciones que tradicionalmente habían estado mal consideradas y alejadas del esfuerzo intelectual (en parte debido a que el trabajo manual era visto como una maldición divina) y fortalecer la actividad productiva. Para ello, Campomanes tratará de darle a estos oficios la legitimidad de la que hasta entonces habían carecido. Esta “modernización” del sector buscaba el mantenimiento de la paz social y remarcaba el papel del Estado como garante de su cumplimiento (lo cual encajaba a la perfección con los preceptos centralistas del Estado borbónico).
Según el ideario ilustrado, cada estamento debía recibir una educación acorde con su función en la sociedad y necesidades. En el caso de la educación popular, esta estaba enfocada hacia la actividad productiva, de la cual deriva el sustento de los individuos [2], pero no por ello debían ser vistas como algo desdeñable (el historiador Pedro Robles emplea la expresión “rudas e innobles” [3]). Es notable señalar cómo en su discurso trata de reivindicar el papel de aquellos oficios relacionados con la sangre (“No hay tampoco, porque deshonrar a los que hacen las matanzas en las carnicerías y rastros; o a los que pesan, destrozan, salan y esquilan las reses; o desuellan, adoban y curten sus pellejos o cueros”), tradicionalmente considerados impuros desde tiempos medievales, cuando no degradantes.
Estos oficios prácticos no debían ser solo de naturaleza física, sino también someterse a un dictado de conocimientos teóricos para poder acceder a ellos y desempeñarlos correctamente [4]. Todo oficio, por consiguiente, debía estar guiado por una serie de reglas (un aspecto en el que Campomanes incidirá cuando haga referencias en los tratos que se dan entre el maestro y el aprendiz).
Los aprendices de los gremios debían considerar la importancia de las matemáticas, los “rudimentos de leer y escribir” y el dibujo en su formación. Pese a todo, la educación técnica debía ir acompaña de otra de carácter moral. Ambos conocimientos contribuirían al mejor desarrollo de los jóvenes aprendices, haciendo que estos fueran un ejemplo de honradez y decencia [5]. Esta moral se asentaría sobre los principios de la familia, llegándose a considerar que “Los maestros están en lugar de los padres, y les dan [a los aprendices] una instrucción (…). Es justo que tanto aprendices, como oficiales les conserven, y guarden todo respeto y obediencia, con una veneración permanente”. Esta moral debía ser puesta en práctica tanto en el taller (la esfera pública) como en el hogar (la esfera privada), por lo que era preciso que los jóvenes artesanos guardaran una código decoroso en el vestir (Campomanes se lamenta de cómo en algunos casos llegan a ser confundidos con “mendigos o vagos”, algo que alimentaba la visión poco halagüeña de la que los artesanos disfrutaban) y se alejaran de costumbres nocivas y “poco convenientes”, como “el abuso de entrar en la taberna”. Guardar las formas ante el público -quien sancionaría sus actos- contribuiría a mejorar su imagen [6], de ahí la importancia de la educación y la fuerza de la costumbre desde la niñez.
Existía, por lo tanto, un claro empeño en desterrar la visión equivocada que se tenía de los oficios prácticos, a los que Campomanes consideraba “vitales para el progreso de la nación” [7]. Para ello, era necesario cambiar la imagen que se tenía de los miembros del Tercer Estado, convirtiéndoles en individuos virtuosos gracias a la educación. El juego, la pereza (“guardar el lunes”) o el vicio en nada ayudaban mejorar esa imagen denigrante, por lo que era preciso cambiarla mediante una “renovación de las costumbres” [8].
El cumplimiento de estos preceptos fue costoso debido al arraigo de los malos hábitos: si los artesanos que desempeñaban las actividades más viles hacían el esfuerzo de cambiar su conducta, el resto de la sociedad les valoraría. El esfuerzo y la voluntad de cambio vendría de los campesinos y artesanos, pudiendo ser ayudados por las leyes y las políticas educativas promovidas por el Estado. La medida, en todo caso,  nació desde la verticalidad del poder y sin contar con el acuerdo del Tercer Estado. No hubo un afán revolucionario desde la perspectiva estamental, puesto que se pretendía que tanto los artesanos como los campesinos cambiasen sus costumbres al mismo tiempo que cumplían la función que la sociedad estamental esperaba de ellos. En este aspecto, Campomanes hace suyo el discurso de Rousseau (el individuo debe comportarse según las nuevas conductas sociales [9]). Las ideas de Campomanes encajarían así en los preceptos del despotismo ilustrado (“Todo por el pueblo, pero sin el pueblo), quedando el Estado convertido en una institución paternalista y protectora.
Si bien Campomanes veía en la niñez y la juventud una oportunidad para cambiar las costumbres de la población, también se mostró muy crítico con los adultos, a los que achacaba el mal de la ociosidad. El tiempo libre también debía ser una cuestión sobre la que debería ocuparse el Estado, dado que las horas de divertimento servían para evitar los excesos del trabajo y que este fuera visto más como una carga a la que aborrecer que una actividad donde el esfuerzo quedase dignificado.  Campomanes hace toda una declaración de intenciones al respecto cuando afirma que actividades como “el juego de pelota, de bolos, de brochas, de trucos, tiro de de barra o esgrima (…) ejercitan las fuerzas corporales y son útiles para la salud (…) cuidando la policía de su buen arreglo”.
La reforma educativa también afectó a la mujer, tradicionalmente relegada a un lugar secundario por sus “capacidades” (una idea que Campomanes consideró superada [10]), intentándose incorporarla al mundo laboral pese a la negativa de los gremios. Para ello, habría que hacer de nuevo uso de la educación, tarea que empezaba en el hogar y que debía complementarse con la ayuda de las leyes. Así, se esperaba que las mujeres trabajasen en actividades propias de su género, como trabajos textiles y actividades decorativas (calceta, encajes...), así como en el mundo de la alimentación (en la época no era raro verlas ejercer de panaderas o pasteleras).
Entre las conclusiones a tener en cuenta, hemos de incidir en la creencia que Campomanes tenía en la educación como un valor en alza para contribuir al desarrollo económico, moviéndose tales propuestas en el ámbito del reformismo borbónico llevado a cabo por Carlos III. Cabe  destacar que, pese a lo progresista de su discurso, no se buscaban realizar cambios profundos en el orden social, pero sí una reorganización de la sociedad dentro los parámetros del Antiguo Régimen. Gracias a este pragmatismo, se pretendía que la situación económica y social del país prosperase.

BIBLIOGRAFÍA:
  • PEDRO ROBLES, Antonio E. de, “Pedro Rodríguez de Campomanes y el discurso sobre la educación popular”, en  Cuadernos dieciochistas, Ediciones de la Universidad de Salamanca, núm. 7, 2006, pp. 197-217.
  • VVAA, Enciclopedia Santillana: Datos, hechos y nombres imprescindibles, Grupo Santillana de Editores, Madrid, 2001. 
__________________________
1. VVAA, Enciclopedia Santillana: Datos, hechos y nombres imprescindibles, Grupo Santillana de Editores, Madrid, 2001. 
2. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, “Pedro Rodríguez de Campomanes y el discurso sobre la educación popular”, en  Cuadernos dieciochistas, Ediciones de la Universidad de Salamanca, núm. 7, 2006, pp. 197-217.
3. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 202.
4. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 202.
5. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 203-204.
6. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 205-206.
7. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 206.
8. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 206-207.
9. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, p. 207.
10. PEDRO ROBLES, Antonio E. de, 2006, pp. 214-215.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Las Siete Maravillas de la Antigua Grecia

* Podéis acceder al documental aquí.

El primer documental que visionamos durante el curso tenía como objetivo familiarizarnos con los modelos arquitectónicos que estudiaríamos durante el cuatrimestre. Con “Las Siete Maravillas de la Antigua Grecia” se nos muestran algunos de los grandes hitos artísticos y arquitectónicos de la civilización helena, siendo estos el Palacio de Cnosos, el Templo de Apolo, el Teatro de Epidauro, el Partenón, el Coloso de Rodas y la importancia que tuvieron los Juegos Olímpicos y la isla de Santorini en el desarrollo de la sociedad griega. Sin ir más lejos, los detalles que se cuentan sobre la construcción del Partenón y del Teatro de Epidauro sirven de complemento al contenido y comprensión de nuestra materia.

La primera construcción en ser analizada es el palacio de Cnosos, una de las estructuras más representativas de la civilización minoica (entre el 3000 y el 1050 a. C.). Siguiendo con la tónica del documental, el narrador juega con la probabilidad de que este enclave hubiera inspirado la leyenda del Laberinto del Minotauro (1), al tiempo que hace un escueto recorrido por las partes más representativas del palacio. El relato mitológico nos dice que el laberinto de la bestia se encontraba bajo el palacio del legendario rey Minos, hijo de Europa y el dios Zeus. El monstruo sería derrotado por el héroe Teseo gracias a la ayuda de Ariadna, la hija del monarca. Con su muerte, la corona de Minos caería y Creta sería liberada. El investigador Arthur Evans, guiado por la leyenda, descubriría en la década de 1900 los vestigios del palacio, iniciando así unas tareas de reconstrucción que se prolongarían hasta 1932.

Teseo enfrentándose al Minotauro.
Dicho proyecto no estuvo exento de polémica, puesto que Evans -y siguiendo las prácticas arqueológicas de la época- se limitó a recoger y catalogar aquellas piezas que consideró bonitas y vistosas (2), descartando los restos que consideraba carentes de interés. También pasó por alto el estudio de los cortes estratigráficos (3), algo que sería impensable en la actualidad. En la restauración el interés artístico tuvo más peso que el arqueológico, donde se reconstruyeron los pisos altos con hormigón armado (4) y se completaron las figuras que conformaban los frescos.
Situado en el centro de la isla de Creta, el palacio de Cnosos fue construido durante la época de los “segundos palacios” (1700-1450), cuando un terremoto destruyó el palacio anterior (5). Antes del seísmo, y aparte del palacio de Cnosos original, otros edificios similares jalonaban el perfil de la isla como los de Festos, Malia y Hagia Triada (6).

Con sus 17.000 metros cuadrados y más de 1.500 estancias, el palacio de Cnosos fue el más grande de todas estructuras palaciales minoicas (7) y supuso la culminación del proceso que se había iniciado durante el Neolítico en el Mediterráneo Oriental. El palacio era más que un edificio. Era un complejo urbanístico alrededor del cual giraba toda la vida de los minoicos (8), cumpliendo la función de centro económico, puesto que era el lugar donde se trazaban las expediciones comerciales (9) y se almacenaban y administraban los bienes (10); y también donde se desarrollaba la actividad política y religiosa, dado que era la residencia del rey-sacerdote (resulta especialmente interesante que en el documental se nos muestre el trono que Evans atribuyó a Minos).

Ruinas del Palacio de Cnosos.

El monarca era el intermediario de la divinidad que protegía a la ciudad. Así, esta estaba considerada como la dueña última del palacio. Cabe destacar que estas divinidades estaban asociadas a la fertilidad y que las propiedades y recursos administrados por el monarca también eran de su propiedad. El hecho de que la religión fuese un elemento cotidiano en la vida de la Creta minoica quizá explique que sus palacios fuesen lugares abiertos y accesibles para el público (11). Así, se sabe que el palacio también alojó dependencias dedicadas a la artesanía (donde, entre otras actividades, se trabajaba con la cerámica y el metal) y talleres de albañilería y carpintería.

El palacio estaba hecho de adobe y piedra, afianzado por un conglomerado de vigas de madera y postes entrelazados, los cuales permitían al edificio soportar el envite de los terremotos (12). Contaba con una serie de estancias situadas en torno a un gran patio central. En la parte sur de la estructura se encontraba la entrada. En el ala occidental estaban los almacenes y el salón del trono mientras que en el ala oriental se hallaban las habitaciones. Cabe suponer que la construcción no siguió un orden premeditado, sino que se ajustó a las necesidades del momento, obedeciendo así a un crecimiento orgánico. Algunos autores (13) han considerado que el trazado confuso y laberíntico de la planta fue lo que motivó a Evans a relacionar el palacio con la leyenda del Minotauro. Asimismo, la estructura se caracteriza por tener una construcción adintelada donde los techos planos se apoyan sobre pilares cuadrados. Destacan también los pórticos sustentados por columnas de capitel invertido unidas al techo por un ábaco. En lo que respecta a las estancias, estas comunicaban tanto al patio como al interior del palacio, encontrándonos con escaleras que unen los diferentes niveles.

Comentados los aspectos más interesantes del Palacio de Cnosos, el documental se centra en el Templo de Apolo en Delfos, si bien se incide más en las actividades de carácter religioso que se desarrollaban en su interior que en su propia construcción. 

Templo de Apolo.
El templo fue descubierto en 1892 y algunas de las estructuras colindantes fueron posteriormente reconstruidas, como fue el caso del Tesoro de los Atenienses. Conviene recordar que Delfos no es solo el lugar donde se encuentra el templo de Apolo (provisto, ya de por sí, por varias construcciones anexas): si bien el propio templo ocupaba un lugar central en el santuario, encontramos otros enclaves como las fuentes de Castalia (de la que se decía que sus aguas podían predecir el futuro) y Delphusa, las murallas de Filomena, los santuarios de Phylacos y Autonoos o el Sinedrión. Pese a todo, el lugar giraba en torno a Apolo. Pausanias haría una descripción bastante detallada del complejo en su “Periégesis”.
Los orígenes de Apolo son algo difusos, pero sabemos que durante la época helénica la poesía, la música y la filosofía estaban bajo su protección. Su vinculación a Delfos está ligada a diferentes leyendas, entre las que destaca su enfrentamiento con el dragón Pitón. Así, el dios visitaba la región durante los meses de primavera para ejercer como señor del Oráculo (pese a que Zeus le había encomendado residir en Delfos, Apolo prefería su estancia en Hiperbórea, cediendo a Dionisos su cargo como responsable del Oráculo durante el resto del año (14). Buena parte de los templos dedicados a Apolo se encuentran en Asia, como los de Patara (Licia) y Dídima (Caria), y todo parece indicar que su culto llegó de forma tardía a la Grecia continental (15). Si tenemos en cuenta que el culto a Apolo llegó a la región en torno al s. VIII a. C. y que en el s. VII ya hay referencias al santuario en “La Iliada”, estamos ante una veneración que se extendió con notoria rapidez (16), convirtiéndose con el tiempo en una de las entidades religiosas más importantes de Grecia. 

Los peregrinos que visitaban Delfos accedían por una puerta que se encontraba en el área sudeste del complejo. Una vez dentro, se encontraban con una sucesión de edificios (templos, pórticos...) que se levantaban al borde del camino. Hacia al final del sendero de la Vía Sagrada les esperaba la terraza del templo de Apolo (17). Al norte del templo se puede admirar el teatro, situado en la parte superior del recinto. Y si ascendemos un poco más pueden encontrarse los restos del estadio donde (en nombre de Apolo, por supuesto) se celebraban los Juegos Píticos.
En lo que respecta al templo en sí, este fue construido en el s. IV a. C., sobre los cimientos de otro templo anterior que fue levantado un siglo antes (y que se corresponde con el que aparece en “La Iliada”) y destruido por un incendio. La iniciativa corrió a cargo Cleistenes -el introductor de la democracia en Atenas- y la financiación de sustentó en los donativos realizados por las diferentes ciudades griegas. Se sabe que el frontón que daba la bienvenida a los fieles era de mármol, y en él se veía a Apolo entrando en Delfos en compañía de su hermana Artemisa y su madre. Sin embargo, un terremoto destruyó parte de su estructura en el 373 a. C., siendo reconstruido de nuevo por arquitectos como Agathón, Xenodoros y Spintharos. 
Tanto la actividad religiosa como el oráculo perduraron hasta el final de la época romana (18), cuando fue cerrado por Teodosio (390 d. C.). El emperador Arcadio ordenó su demolición, pero el templo se mantuvo intacto hasta el 450 d. C., cuando fue reconvertido en iglesia (19) y posteriormente destruido. Llama la atención cómo el documental se centra en la actividad ejercida por las sacerdotisas y cómo explica las formas en las que entraban en trance. Entre las explicaciones más plausibles, se encuentra una posible intoxicación originada por los vapores tóxicos emitidos por dos fallas que se cruzan justo debajo del templo y que brotaban a través de las grietas de la estancia donde tenían lugar los augurios. En cuanto al papel de las sacerdotisas, no debemos engañarnos por su importancia. La presencia de una mujer actuando como pitonisa (20) en el Oráculo hacía que todo quedase bajo el control de los sacerdotes. En palabras de Cristina Aldana Nácher, en Delfos “La religión daba más impulso al rito que a la fe”.

Escultura de Arcadio, emperador que ordenó demoler el Templo.

Las proporciones del templo eran de 60,32x23,82 metros. Su morfología nos lleva a catalogarlo dentro de los templos de orden dórico. Se trataba de una estructura períptera que presentaba seis columnas en su parte delantera y quince en sus laterales. En cuanto a la decoración de los frontones, el oriental rescató el motivo que había tenido el templo anterior mientras que el occidental mostraba a Helios y al cortejo de Dionisos. Lamentablemente, buena parte de estas evidencias no han llegado hasta nosotros.

Debido a su evidente deterioro, el interior del templo y su disposición resultan más complicados de analizar. En la pronaos estaban inscritos los nombres de los Siete Sabios de Grecia (Solón de Atenas, Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene, Cleóbulo de Rodas, Quilón de Esparta, Biás de Priene y Periandro de Corinto) y se levantaba una estatua de Homero. Por su parte, en la naos se encontraba un altar dedicado a Poseidón y un conjunto escultórico dedicado a Apolo, así como el fuego permanente. En el ádyton aguardaban los que iban a consultar su futuro a la pitonisa. Este lugar también indicaba cuál era el centro del mundo y en él podían admirarse objetos como las dos águilas de Zeus, una estatua de oro de Apolo, un sarcófago dedicado a Dionisos y el trípode de la sacerdotisa. En el arquitrabe no faltaban los trofeos arrebatados a los enemigos, ocupando el de la parte oriental los escudos capturados a los persas y en la parte occidental los pertenecientes a los galos. A la entrada del templo se situaba un altar también dedicado a Apolo. Sus escalones eran de mármol negro y fueron erigidos a modo de ofrenda por los habitantes de Quíos en el 518 a. C. 
La pasión que sintieron los griegos por el teatro puede verse en el Teatro de Epidauro, una de las construcciones más representativos del género. Con una capacidad para albergar hasta 14.000 espectadores, fue levantado por el arquitecto Policleto el Joven. Los fondos para construirlo procedían de los pacientes de un sanatorio que se había construido previamente en las inmediaciones. Y es que los griegos pensaban que el teatro estaba vinculado con el mundo de la salud y que la música y el arte servían para curar a los enfermos.

Teatro de Epidauro.
Hemos de tener en cuenta la importancia que tuvieron estos edificios para los griegos, llegando a convertirse en elementos clave de la ciudad helena (Pausanias afirma que la ciudad de Panopeo no podía considerarse una auténtica polis debido a que no poseía su propio teatro (21).
El Teatro de Epidauro, como otros tantos de su clase, fue construido en honor a Dionisos. Levantado en época tardía (siglo IV a. C.), se trata de uno de los teatros griegos mejor conservados que existen, si bien se piensa que el modelo pudo ser anterior a la época clásica. Con una espléndida acústica (cualidad que se remarca en el documental) su estructura amplificaba la voz humana, llamando la atención el uso de resonadores que hacían que la voz de los actores llegase hasta la última fila de los asientos. Ello puede comprobarse dejando caer una moneda en el centro de la skene (22).

El Teatro de Epidauro seguía el típico esquema de los teatros griegos. Los arquitectos aprovecharon el desnivel del terreno para dar forma al theatron, el espacio reservado a los espectadores que rodeaba a la orquestra, el recinto donde se situaba el coro. Tras la orquestra estaba la skene, una plataforma rectangular y elevada donde actuaban los actores, muy pocos si tenemos en cuenta el reducido número de personajes que tenía la tragedia griega (23). La skene estaba a su vez separada del auditorio por el parodoi, dos pasillos que permitían el acceso a la orquestra desde el exterior y cuya finalidad era la de servir de vestuario y facilitar a los actores entrar a escena.

El teatro griego se convirtió en el lugar en el que los ciudadanos eran testigos de cómo “las fuerzas irracionales y las pasiones humanas decidían el destino de los hombres” (24), lo que ha llevado a los especialistas a englobar a estas construcciones dentro de la categoría de edificios religiosos. En el siglo V a. C. las comedias se hicieron muy populares, introduciéndose tramoyas y decorados en la skene, perdiendo así las representaciones parte de su significado original (25).

Al Teatro de Epidauro le sigue el Coloso de Rodas, cuya inclusión en la lista supone una rareza dentro de los contenidos de la asignatura. Considerada una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, la figura representaba al dios Helios y fue construida para conmemorar la victoria de los defensores de la isla sobre una fuerza invasora comandada por Demetrio I de Macedonia en el 315 a. C. El encargado de convertir el proyecto en realidad fue el escultor Cares de Lindos quien, agobiado por los cada vez más elevados costes de la construcción, cayó en bancarrota y acabó suicidándose. Varias de las referencias que tenemos sobre la estatua se las debemos a Plinio el Viejo y Estrabón, así como a las crónicas del emperador bizantino Constantino VII.

Imagen idealizada del Coloso de Rodas. 

La figura medía 35 metros de altura e hicieron falta 200 toneladas bronce para su elaboración. Mediante un elaborado tratamiento, las planchas de bronce salían del taller en dirección al lugar donde estaba emplazada la obra. Allí eran ensamblabas sobre un esqueleto de madera. El documental echa por tierra la idea de que la figura se encontraba formando un arco con sus piernas en el puerto de Rodas -a través del cual transitarían los barcos-, puesto que habría sido necesario que los pedestales sobre los que se descansaba hubiesen estado más próximos entre sí. De no haber sido así, el ángulo de separación de las piernas habría tenido una forma ridícula y antinatural. Hoy sabemos que, en lugar de haber sido construida en el propio puerto, la estatua estuvo situada sobre una montaña que dominaba la bahía. Un castillo medieval marca el lugar del emplazamiento.
Faltaba por solventar la cuestión de equilibrar la figura, lo cual se consiguió haciendo que el manto que sostenía Helios hiciese las veces de punto de apoyo. Este ingenioso (y disimulado) recurso no impidió que el Coloso se derrumbase sesenta años después por la acción de un terremoto (la teoría que nos da el documental sobre cómo los ondulantes movimientos de la figura hizo que se quebrase por las rodillas es muy interesante). Los habitantes de Rodas trataron de reconstruirla, pero el oráculo les advirtió que ello traería consigo toda clase de desgracias y malos augurios, de manera que cuando los musulmanes llegaron a la isla en el 654, los restos del Coloso todavía continuaban allí.
Como hemos visto, todas estas construcciones tienen un punto en común, y es haber sufrido la acción de los terremotos: tanto el Palacio de Cnosos como el Templo de Apolo originales fueron destruidos por un seísmo y solo el empeño de sus constructores hizo que volvieran a levantarse. Pero si hubo una víctima de la fuerza de la naturaleza, esa fue la isla de Thera (hoy la actual Santorini), destruida por una erupción volcánica hace 3.600 años y cuyo desastre muchos han vinculado con el mito de la Atlántida.

El antes y después de la isla de Thera.
Perteneciente al archipiélago de las Cícladas y considerada uno de los enclaves más importantes de la cultura minoica, las últimas investigaciones nos hablan de un desastre de proporciones devastadoras (26). Estableciendo analogías con otras erupciones volcánicas, se sabe que el sonido que provocó la explosión del volcán fue tan poderoso que se escuchó en Escandinavia. En un área de 400 kilómetros el sol permaneció invisible durante varios días, la lluvia de cenizas (la cual formó en la isla depósitos de hasta 60 metros de grosor) llegó hasta Asia Menor y los tsunamis azotaron otras islas del Mediterráneo. Buena parte de la isla desapareció (quedando dividida en cuatro partes) y no fue habitada hasta varios siglos después, sobreviviendo únicamente aquellas especies animales y vegetales que habitaban en las cumbres más altas.
El desarrollo de la región no puede explicarse sin Thera. Su pueblo, eminentemente marítimo, mantenía relaciones comerciales tanto con otras islas como con territorios tan lejanos como Egipto. El comercio de objetos tan exóticos como el ámbar del Báltico fue una constante durante su existencia. Su importancia comercial fue tal que, tras el desastre, las aguas del Mediterráneo se hicieron innavegables e impidieron el tráfico marítimo, siendo este el principio del fin de la civilización minoica. El hecho de que estemos hablando de una cultura muy desarrollada y económicamente poderosa hace que pensemos en el mito atlante de inmediato.
Las excavaciones en Santorini empezaron a mediados de los 60. En los primeros trabajos se descubrieron las estructuras completas de tres casas y parte de otras diez. Como si de una Pompeya griega se tratara, se han localizado varios restos arqueológicos en un excelente estado de conservación. Llama la atención la amplia presencia de frescos y murales, cuyos fragmentos pueden encontrarse a simple vista en las montañas de la isla (27). Dichas piezas han permitido reconstruir el modo de vida de sus antiguos habitantes, mostrándonos a un pueblo dedicado al comercio y las artes (el propio documental nos recuerda la importancia de estos restos). Así, los hallazgos de cerámicas y vasijas son muy frecuentes.
Si bien las excavaciones han seguido su curso, se han empleado nuevas técnicas arqueológicas para evitar remover el suelo y así dañar los restos. En Akrotiri, uno de los yacimientos más importantes, se han utilizado métodos tan innovadores como el escáner láser o el uso de georadares, gracias a los cuales sabemos que las casas de Thera disponían de conductos para las aguas pluviales y residuales y que en las despensas había recipientes para la fruta, la harina y la verdura. Resulta especialmente interesante el descubrimiento de un molino comunal en el que se molía el cereal para luego ser distribuido a los vecinos. Gracias a este método, sabemos que muchas de las casas de Akrotiri tenían al menos tres plantas, algo verdaderamente fuera de lo común. Normalmente, y junto a cada puerta de entrada, había una ventana que permitía iluminar todas las estancias de la casa.

Una embarcación huye de la isla durante la catástrofe.

Las casas de Akrotiri formaban calles estrechas y tortuosas. Debido a que los temblores de tierra debían ser algo habitual en la vida de los isleños, la estructura de las casas estaba hecha para ser capaz de soportarlos. Para ello, sus cimientos se construían sobre un estrato de piedras volcánicas que permitía atenuar los temblores. Las casas también disponían de escaleras de piedra y madera que estaban construidas sobre pilones de barro y vigas de madera. Se pretendía así que las paredes fuesen más resistentes y que no se hundieran con las escaleras en caso de seísmo.

Gracias al uso de técnicas modernas y su aplicación al estudio de la arqueología, los investigadores han podido hacerse una idea de cómo era la vida de los habitantes de Thera. Las recreaciones digitales van de la mano con los últimos descubrimientos, permitiendo a los investigadores ofrecer contenidos didácticos al gran público gracias a recreaciones en 3D (28). Al tiempo que se reconstruyen los edificios, se resucita digitalmente a sus antiguos moradores, tomando como modelo a los personajes que aparecen en los frescos. Al ampliar sus horizontes, nuestra disciplina ha adquirido al mismo tiempo un carácter multidisciplinar, respetando en todo momento su naturaleza científica e histórica.

Volviendo al continente, no todas las aportaciones de Grecia a la cultura tuvieron un carácter material y los Juegos Olímpicos se encargan de demostrárnoslo. Celebrados para honrar la memoria de los dioses (29), en un principio estas actividades tuvieron un carácter festivo cuya finalidad era entretener al público. Sin embargo, con el paso del tiempo adquirieron la categoría de auténticas competiciones. Las festividades tenían un carácter local o bien panhelénico y están consideradas como el catalizador de la conciencia griega, estando por encima de las diferencias de los pueblos que conformaban la Hélade (30). Los juegos panhelénicos tenían una duración diferente dependiendo de donde se celebrarán. Los Juegos Ístmicos y los Nemeos (celebrados en honor a Poseidón y Zeus, respectivamente) se celebraban cada dos años; por su parte, las Panateneas, los Píticos y los Olímpicos (organizados como tributo a Atena, Apolo y el Zeus Olímpico), cada cuatro. Y serán precisamente de los Juegos Olímpicos de los que hablaremos en esta parte de la práctica.
La importancia de los juegos fue clave en la cultura griega, hasta el punto de que su cronología se basaba en la Era de las Olimpiadas (31) (la batalla de Salamina, por ejemplo, tuvo lugar en el 480 a. C., año de la 75 Olimpiada). Las fuentes son bastantes amplias, apareciendo referencias de estas competiciones en obras como “La Iliada” y “La Odisea”. Así, la presencia de construcciones deportivas como estadios era bastante común en el paisaje griego. Al igual que había ocurrido con el teatro, el estadio fue uno de los edificios clave que toda ciudad griega debía tener si quería considerarse como tal (32). En el caso del estadio de Olimpia, este medía alrededor de 192,27 metros, siendo tan solo superado por el de Pérgamo, que medía 210 metros. Aun así, sus proporciones eran monumentales, pudiendo alojar en su interior a 40.000 espectadores (33).

Los juegos de Olimpia se celebraban en el mes de agosto, estando durante todo ese tiempo prohibida la guerra. El Santuario de Zeus atraía a la ciudad a muchos peregrinos, por lo que conseguir una victoria en las competiciones era motivo de orgullo. El ganador recibía el honor en nombre de Zeus, consistiendo el premio en una cinta para la frente, una corona de olivo y una rama de palmera para saludar al estadio. Tras proclamar su triunfo, el heraldo anunciaba el nombre del padre del ganador y su ciudad de origen. Tras regresar a su tierra podía elegir a la mujer que quisiese y disponer de la casa que desease, así como disfrutar de por vida de prestigio y respeto. Se cuenta que el prestigio de la victoria era tal que una ciudad derribó parte de sus murallas para dar la bienvenida a su campeón, de manera que pudiera ser recibido cruzando una puerta por la que nadie hubiera pasado antes (34).

Deportistas compitiendo.

En cualquier caso, los juegos se trataban de una actividad eminentemente masculina, pues tanto la participación como la asistencia solo estaba permitida a los hombres. Y más concretamente, los que pertenecían a la élite. Pese a todo, existían pruebas adaptadas a los niños, así como juegos destinados a las mujeres y en honor a Hera.

Considerados como una versión deportiva de la guerra, las competiciones incluían pruebas como carreras de 200, 400 y 5000 metros (la carrera del estadio (35), existiendo modalidades como el diaulos (de doble recorrido), el dolicos (de seis estadios) y la carrera con armas. Cuando la distancia superaba las proporciones del estadio, se llegaba al final de este rodeando una columna que servía como límite y se volvía al punto de partida las veces que requiriese la prueba (36).

Mientras que en las pruebas de salto de longitud los participantes llevaban unas pesas en las manos (halteras) para limitar sus movimientos, en la lucha ganaba aquel que era capaz de derribar a su rival sin agarrarle de las piernas o golpearle la cabeza. Si en mitad del combate veían que iban a ser vencidos, los contrincantes podían rendirse levantando el brazo. Se cuenta que los espartanos no competían en esta prueba para evitar reconocer su derrota (37). Algo muy similar ocurría en el pugilato o el pancracio. De este último se nos cuenta que todo estaba permitido menos hundir los dedos en los ojos del rival, librándose el combate en un terreno embarrado. La lucha llegaba a tales extremos que Pausanias nos habla de una brutal pelea en la que un participante llegó a arrancarle las vísceras a otro (38). Por otro lado, en el Pentatlón, se corría, se luchaba, se saltaba y se lanzaba el disco y la jabalina, teniendo los finalistas que disputar la victoria en una lucha de púgiles. El hecho de que hayamos incidido en las actividades de contacto físico no es casual, dado que en Olimpia se encontraban el tanto el primer gimnasio como la primera escuela de lucha del mundo.

Recreación del pugilato.

Pero las competiciones iban más allá de lo estrictamente deportivo. Tenemos constancia de que en Olimpia también se llevaban a cabo concursos de trompetistas y heraldos (las dependencias destinadas a estas prácticas estaban fabricadas de tal manera que permitían la amplificación del sonido), así como carreras de carros y caballos en el Hipódromo. Llama la atención, por otra parte, que un pueblo ligado al mar como lo fue el griego no organizase pruebas de natación (39).

Los juegos sobrevivieron 1.200 años y fueron adoptados por los romanos en su expansión por el Mediterráneo. Finalmente serían abolidos por Teodosio en el 393 por considerarlos una costumbre pagana. Con todo, resucitarían en 1896 en la propia Atenas bajo el impulso del barón Pierre de Coubertin, siendo uno de los referentes de la cultura clásica que más ha perdurado.

Pero si debemos hablar de uno de las construcciones más emblemáticas de la antigua Grecia ese es el Partenón. Construido en torno al 450-430 a. C., para sustituir a un templo anterior destruido por los persas durante las Guerras Médicas (el Hecatompedón), es una obra que ha sobrevivido al tiempo, siendo utilizado como lugar de culto para Atenea primero y como edificio de múltiples usos después (desde iglesia durante la época bizantina hasta mezquita tras el fugaz paso de los persas por la región). En 1687 fue testigo de la guerra entre Venecia y el Imperio Otomano, resultando seriamente dañado tras el bombardeo de la flota veneciana contra las tropas turcas, que habían convertido el templo en un depósito de armas. A comienzos de siglo XIX y con el auge del coleccionismo de antigüedades, parte del edifico fue expoliado por las principales potencias europeas. A iniciativa de Lord Elgin, el embajador inglés en Turquía, los conjuntos escultóricos fueron trasladados a Londres, donde todavía hoy pueden admirarse en el Museo Británico (40).

Panorámica del Partenón.

Diseñado por Ictinos y Calícrates, el edificio tiene elementos dóricos y jónicos, si bien su clasificación no entra en esta última categoría. Fidias se encargó del diseño de las esculturas que ocuparon los frontones y el friso de las Panataneas, así como de la monumental estatua crisoelefantina de Atenea, hoy perdida. La escultura de la diosa es una obra tan extraordinaria que merece su propio epígrafe. Construida con oro y marfil, está considerada como la obra cumbre de Fidias, a quien también se atribuye la estatua de Zeus en Olimpia, elaborada con los mismos materiales. El oro con el que estaba compuesta la estatua valía más que la propia construcción del Partenón -se dice que la suma equivalía a una flota de 250 trirremes), lo que fue aprovechado por los enemigos de Fidias para acusarle de haber robado el oro con el que fabricó la escultura (acusaciones a las que se sumaron el hecho de que Fidias se hubiese representado a sí mismo en algunas de las estatuas que decoraban el edificio... y las críticas a Pericles, bajo cuyo gobierno se construyó el Partenón y a quien se acusó de despojar de recursos a las demás ciudades griegas para embellecer Atenas).

El Partenón posee ocho columnas en su parte frontal y diecisiete en sus laterales, lo que lo convierte en un edificio octásilo. El interior sigue el esquema propio de estas construcciones: en primer lugar encontramos la pronaos, el pórtico que servía de acceso al templo; le sigue la naos o cella, donde se exhibía la estatua de Atenea; por último, encontramos el opistodomos, donde se guardaban los objetos de valor y destinados al culto (en el caso del Panternón, era en esta área donde se guardaba el tesoro de la ciudad de Atenas).

Uno de los frisos del Partenón.

Todas las partes de la fachada tienen características propias del orden dórico (41). Sobre el estilobato se levantan columnas que, aunque estilizadas, presentan un imperceptible ensanchamiento del fuste en su parte central (éntasis). Sus capiteles tienen equinos casi planos y ábacos ligeros. Sobre el arquitrabe se encuentra el friso, decorado con triglifos y metopas. El tejado posee un alero cuya decoración recuerda a la de los templos primitivos. Su doble vertiente deja un espacio triangular, el frontón, decorado con esculturas de bulto redondo.

El documental hace un interesante análisis sobre los métodos empleados en la construcción del edificio. Las piedras que componen el templo eran muy pesadas, por lo que los griegos debieron de disponer de grúas y otras máquinas similares para levantarlas. En algunas partes de la estructura se aprecian una serie de protuberancias fijadas en la roca que servían para elevar las piedras. Normalmente se cortaban hasta alisar la piedra, pero las continuas disputas entre los pueblos de la Hélade interrumpieron el trabajo. Así, también llaman la atención las “grapas” de hierro que, colocadas de forma interna, mantenían las piedras unidas y reforzaban la estructura. Es preciso señalar cómo el templo presenta una serie de particularidades que hacían que mantuviese unas proporciones perfectas independientemente de la distancia desde la que se observase... aunque eso significase alterar esas mismas proporciones. Tanto el estilobato como el entablamento están curvados en sentido inverso, puesto que de haber sido completamente planos habrían dado la impresión de estar abombados (42). Otro tanto ocurre con las columnas, cuyos capiteles están inclinados hacia el interior para disimular la impresión que darían de estar inclinados hacia el exterior (43). Las propias columnas que están en los extremos del templo son más anchas que las demás, lo cual se hizo para que, recortadas contra el cielo, no pareciesen más delgadas que las que se encontraban en la parte central (44).

BIBLIOGRAFÍA:
  • ALCALDE, J., La arqueología soñada, en Revista Muy Especial: La nueva arqueología, 2003, número. 60, pp. 62-67.
  • ALDANA NÁCHER, C., Mito y concepción del Santuario de Apolo en Delfos, en Revista Ars longa: Cuadernos de Arte (Universidad de Valencia), 1996, número 7-8, pp. 7-13.
  • ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B., Historia del arte, Editorial SM, Madrid, 2001.
  • MAR ZARZALEJOS, Prieto, GUIRAL PELEGRÍN, Carmen, SAN NICOLÁS PEDRAZ, Mª Pilar, Historia de la cultura material del mundo clásico, UNED, Madrid, 2012.
  • MENÉNDEZ, J., Elegidos para la gloria, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp.84-87.
  • STORCH DE GRACIA, J., Crónicas Helenas: desde la conquista de Troya hasta la invasión por Roma, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp. 47-67.
  • VVAA, Enciclopedia Santillana: datos, hechos y nombres imprescindibles. Grupo Santillana de Ediciones, Madrid, 2001.
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1. Con la finalidad de atraer la atención del espectador, el documental incide en la recreación de una escena en la que el Minotauro está a punto de acabar con unos desafortunados que han quedado atrapados en el Laberinto. Si bien hay varias versiones sobre su nacimiento, la más arraigada cuenta que la criatura fue producto de la relación entre Pasífae -la esposa del rey Minos- y un toro del que se había enamorado. Para que la relación se consumase, Pasífae encargó al artesano Dédalo la construcción de una vaca hueca de madera. Cuando Pasífae dio luz al monstruo, Minos lo encerró en el famoso Laberinto en el que viviría hasta ser asesinado por Teseo (STORCH DE GRACIA, J., Crónicas Helenas: desde la conquista de Troya hasta la invasión por Roma, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp. 47-67).
2. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B., Historia del arte, Editorial SM, Madrid, 2001, (p. 57).
3. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 57.
4. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 57.
5. Como veremos más adelante, la región en la que se desarrolló la civilización griega era muy proclive a sufrir terremotos. Se consideraba que estos fenómenos eran obra de los dioses y que solo podían ser detenidos si se les apaciguaba. En Creta llegaron a ser tan cotidianos que los minoicos recurrieron al sacrificio de un príncipe para pedir clemencia. En Anemospilía, un santuario situado muy cerca del Palacio de Cnosos, se ha encontrado vestigios de un ritual de sacrificio. Todo parece indicar que, mientras los presentes estaban llevando a cabo la ceremonia, un terremoto derribó el templo matando a todos los que se encontraban en su interior (STORCH DE GRACIA, J. Op. Cit., p. 51).
6. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., pp. 44-45.
7. STORCH DE GRACIA, J. Op, Cit., p. 48.
8. ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 44.
9. En las dependencias dedicadas a estas tareas se han encontrado archivos con tablillas de cuentas (STORCH DE GRACIA, J. Op, Cit., p. 49).
10. La gran cantidad de jarras y tinajas que se han encontrado en el yacimiento así parece demostrarlo. Se calcula que la cantidad de miel, vino y aceite que se almacenaba en el palacio pudo llegar al medio millar de litros, así como su equivalente en kilos de higos, cereales o almendras (STORCH DE GRACIA, J. Op. Cit., p. 49).
11. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 47.
12. STORCH DE GRACIA, J. Op. Cit., pp. 48-49.
13. ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 47.
14. ALDANA NÁCHER, C., Mito y concepción del Santuario de Apolo en Delfos, en Revista Ars longa: Cuadernos de Arte (Universidad de Valencia), 1996, número 7-8, pp. 7-13.
15. ALDANA NÁCHER, C. Op. Cit., p. 8.
16. ALDANA NÁCHER, C. Op. Cit., p. 8.
17. Para la descripción del templo y sus alrededores, nos ceñiremos al ya citado trabajo de Cristina Aldana Nácher.
18. Hay constancia de que las pitonisas siguieron lanzando sus augurios a los emperadores romanos, tal y como fue el caso de Juliano.
19. ALDANA NÁCHER, C. Op. Cit., p. 9.  
20. Muchas de las predicciones de la pitonisa eran frases cortas y de difícil significado. Sin embargo, algunas de sus sentencias invitaban a la reflexión. En muchas de ellas se hacía referencia al gran poder de los dioses en comparación con la débil naturaleza de los hombres (“Gnothi seautón”, cuya traducción es “Conócete a ti mismo”. Otras, en cambio, tenían un carácter más general (“Medén ágan”, cuya traducción es “Usa la medida”). Tanto una como otra estuvieron grabadas a la entrada de templo de Apolo (STORCH DE GRACIA, J. Op, Cit., p. 57).
21. MAR ZARZALEJOS, Prieto, GUIRAL PELEGRÍN, Carmen, SAN NICOLÁS PEDRAZ, Mª Pilar, Op. Cit., p. 143.
22. MAR ZARZALEJOS, Prieto, GUIRAL PELEGRÍN, Carmen, SAN NICOLÁS PEDRAZ, Mª Pilar, Op. Cit., p. 144.
23. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 62.
24. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 62.
25. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 62.
26. Para el comentario de este epígrafe, recurriremos al artículo “El supervolcán que destruyó Thera”, publicado por la edición española de National Geographic el 22 de enero de 2015. El artículo está disponible en el siguiente enlace.
27. El análisis y posterior reconstrucción de estos frescos puede durar varios años, puesto que los investigadores los separan y estudian uno a uno.
28. La empresa austriaca “7reasons”, especializada en arte y diseño, colabora activamente en las investigaciones que se han desarrollado en la isla en los últimos años. Enlace a la página: https://www.7reasons.net/. 
29. “Todos los juegos griegos tuvieron su origen en los rituales funerarios y el culto a los héroes” (MENÉNDEZ, J., Elegidos para la gloria, en Revista Muy Especial: La Grecia Clásica, 1999, número 44. pp. 84-87).
30. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 84.
31. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
32. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 85.
33. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
34. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
35. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
36. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
37. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 86.
38. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 87.
39. MENÉNDEZ, J., Op. Cit., p. 87.
40. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
41. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
42. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
43. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.
44. Véase ANTONIO RAMIREZ, J., ARIAS M., GARCÍA FUERTES, M. A., DEL CASTILLO, B., PALLOL, B. Op. Cit., p. 68.