lunes, 7 de septiembre de 2015

Warhammer: los muertos y los condenados (Jonathan Green)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: Warhammer: los muertos y los condenados
  • Autor: Jonathan Green
  • Género: Novela
  • Plataforma / Editorial: Timun Mas
  • Precio:
  • Número de páginas: 935 (Formato PDF en letra grande)
Mi primera aproximación al mundo Warhammer se remonta a mediados de los 90. Por entonces, yo no tendría más de diez años y, muy de vez en cuando, solía ir con mi hermano a casa de un amigo a jugar al “Cruzada Estelar”. El planteamiento del juego era muy sencillo: a través de un tablero desmontable, el jugador tenía que llevar su comando de Marines Espaciales a través de una abandonada nave espacial repleta de orcos, goblins, androides y aliens (los temibles “Robagenes”). Dependiendo de cómo moviéramos a nuestros hombres y la suerte que tuviéramos con los dados, podríamos terminar victoriosos la partida, algo nada sencillo. Los Marines del Caos podían aparecer en cualquier momento para hacerte polvo y si la carta del Dreadnought salía en mitad de la partida, ya podías echarte a temblar.

Años después descubrí que el “Cruzada Estelar” era una variante de una serie de juegos mucho más extensos y con toda una épica historia detrás. El jugador podía elegir entre ambientar sus aventuras en un mundo medieval fantástico (el Warhammer original) o bien en un futuro distópico en el que la Humanidad ha logrado colonizar el Universo (el Warhammer 40.000). En cualquier caso, la violencia y las ostias estaban garantizadas. Eso, y las figuritas que encarnaban a los ejércitos que partían hacia la batalla, claro. El juego es muy popular en la actualidad, llegando a organizarse eventos multitudinarios en donde diferentes jugadores trazan estrategias y desplazan sus tropas por un gigantesco escenario. Si ver una partida desde fuera ya es la caña (el acabado y el realismo de algunas figuras hacen las delicias de los amantes del modelismo), participar en ella ya ni os cuento. Por temática y por ser un forofo de la literatura artúrica, mi versión favorita siempre fue el Warhammer original.

Cualquier cosa que hayáis visto o leído en un libro de fantasía épica la encontraréis en Warhammer multiplicada por mil. No importa lo muy absurdo que sea. El universo Warhammer va mucho más allá de la contenida fantasía épica de Tolkien y nos traslada a un mundo (extraño pero a la vez reconocible) en el que todo puede pasar. ¿Ratas humanoides que viven en las profundidades del Imperio? Darlo por hecho. ¿Salvajes guerreros reptilianos que visten a la manera de los antiguos aztecas y que tienen dinosaurios como bestias de guerra? ¡Coño! ¿Por qué no? ¿Elegantes caballeros medievales que conviven alegremente con regimientos de arcabuceros? La Historia nos dice que la aparición de estos últimos supuso la desaparición de la caballería, pero poco de eso importa aquí. Después de todo, una de las variantes del juego consiste en una primitiva versión del fútbol americano en el que orcos, elfos y humanos se zurran mutuamente por ver quién es el primero en anotar un tanto.

Otra cosa que también me fascina de este tipo de juegos es que cualquier unidad de los “buenos” tiene su equivalente en el Caos. Los elfos, los caballeros bretonianos, la infantería del Imperio... Todo tiene su contrapartida oscura. ¡Hasta los enanos! Sí, también hay Enanos del Caos, aunque nunca he conocido a nadie que tenga a esta raza como su civilización favorita (ni aun cuando luchan al servicio del Bien). Como veis, todo obedece a que el jugador no se quede sin alternativa a la hora de escoger bando. 

La influencia que ha tenido Warhammer en la cultura popular ha sido enorme. Creo que no estaría muy equivocado si dijera que los chicos de Blizzard (las mismas mentes pensantes que idearon “World of Warcraft” o el inolvidable “Starcraft”) le deben mucho a esta franquicia. Me consta que varios escritores aficionados han ambientado sus relatos tanto en las salvajes tierras del Imperio como en lo más oscuro del espacio. Si tenemos en cuenta que cada manual de instrucciones venía con una historia propia para sumergirnos en la atmósfera del juego, no sería nada raro que antes o después surgieran novelas dedicadas a despertar la imaginación del jugador.

EN CUANTO A LA NOVELA...

El que diga que las novelas basadas en videojuegos o en franquicias nacidas fuera de la literatura tienen una calidad más que dudosa, es un imbécil elitista que no tiene ni la más remota idea de lo que habla. Y “Los muertos y los condenados”, ambientada en el universo Warhammer, con todos sus defectos y virtudes, es una buena prueba de ello.

La banda de mercenarios de Badenov es una de la más intrépidas y aguerridas que hay en todo el Imperio. Por un precio razonable, están preparados para combatir allí donde sea que vayan. El grupo lo componen el cínico Oran, el joven Yuri, el experimentado Alexi, el elegante Krakov, el gigantón Stanislav, el romántico y fatalista Pieter y el afable y valiente Torben (ojito con hacer alguna coña con el tío de Putalocura.com que nos conocemos). Todos ellos, originarios de Kislev y veteranos en mil y un batallas. La novela cuenta las andanzas de estos personajes a lo largo de un año, tiempo en el que tendrán que vérselas con todo tipo de enemigos: desde fantasmagóricos guerreros del Caos, hasta despiadados orcos, pasando por brujas, vampiros, zombies y adoradores de entidades malignas tan antiguas como el hombre.

Visto lo visto, la novela es una sucesión de topicazos como una casa (uno no puede evitar acordarse de la deleznable “Equalia” de “Los Simpson”), pero están tan bien distribuidos que hasta el lector más exigente podrá pasarlos por alto. Me hice con esta novela gracias a un pack de literatura zombie que me descargué por ahí hace ya varios meses. Y entre los enormes montones de basura (pero basura de verdad) que me he ido encontrando, esta es una de las pocas cosas que se salva del incinerador. Aunque al principio cuesta distinguir a cada personaje (en este caso, hablamos de seis vikingos barbudos y armados hasta los dientes) conforme nos vamos metiendo en harina lograremos identificar los rasgos más característicos de todos ellos. No puede decirse que cada personaje esté bien definido (Yuri y Stanislav son perfectamente prescindibles), pero resulta grandioso imaginarse a esta partida de guerreros en el fragor de la batalla.

Las historias no siguen un nexo de unión, salvo el estar protagonizadas por los integrantes de la banda. Un primer relato está dedicado a un señor del Caos que resucita cada cien años para combatir a un mago inmortal; una segunda historia nos muestra como Torben y compañía las pasan moradas para recuperar una valiosa reliquia de manos de un poderoso hechicero orco; en una tercera, la banda tendrá que vérselas con vampiros... Hasta llegar a la última historia donde (ahora sí) tendrán que salvar una comarca de ser arrasada por los zombies. Todo ello adornado con el romanticismo y la épica de una Edad Media reimaginada (Kislev no es otra cosa que el Principado de Kiev, el germen de la futura Rusia; y Ostermark no deja de ser una comarca del Sacro Imperio Germánico). Y para los que se lo estén preguntando, sí, la novela me sigue pareciendo infinitamente mejor que ese petardo pseudohistórico que es “Juego de Tronos”.

Una posible crítica es que el final es demasiado cortante, dejando a los personajes exactamente en el mismo punto en el que empezaron. Durante la aventura, Torben se pregunta por el futuro de su banda y qué haría en el caso de que esta se separase, pero no se va más allá. Los personajes se ven obligados a elegir entre estar muertos o estar “condenados a estar muertos” (de ahí el título de la novela), una disyuntiva que, a mi juicio, no tiene mucho sentido si tenemos en cuenta el desarrollo que ha tomado la historia. Sí, es un final pesimista, pero uno se esperaba más de unos héroes que han salido airosos de todos los peligros. Lo de Pieter era esperable aunque, tratándose de mi personaje preferido, me habría gustado que tuviera un final más digno. Porque ese es otro de los puntos fuertes del texto: ante todo lo que se les viene encima, los héroes sangran tanto que el lector piensa que no van a conseguirlo.

Aun con todo, la novela promete y es muy entretenida, recordándonos tan pronto a un capítulo de “Hércules y sus viajes legendarios” (sí, el cutre telefilm de Kevin Sorbo) como a la deliciosa “El Ejército de las Tinieblas” (en un capítulo, la banda de mercenarios llega a refugiarse en un molino para hacer frente a una horda de duendecillos). La narración es sencilla y algo previsible, pero no por ello deja de tener su encanto. Los amantes de la fantasía vuelven a estar de enhorabuena.

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