lunes, 26 de noviembre de 2012

La última isla (Luis Baselga)

FICHA TÉCNICA:
  • Título: La última isla
  • Autor: Luis Baselga Calvo
  • Género: Novela / Ciencia Ficción / Aventuras
  • Precio: Papel (18 euros) / Formato digital (2,96 euros)
  • Número de páginas: 326 páginas (formato PDF)
  • Editorial: Ediciones Hades
  • Valoración: 4,5
Advertencia: Con el fin de facilitar al autor aquellos puntos que, en mi opinión, podrían mejorarse (así como exponer de forma más clara y concisa la trama), esta crítica contiene spoilers a mansalva, de manera que si te interesa leer el libro... ¡deja de leer inmediatamente! ¡Gracias!

Finales de 1999. Una flota de naves alienígenas se acerca a la Tierra dispuesta a barrer cualquier rastro de vida humana sobre su superficie. La llegada de los invasores está prevista para el año 2012 y nadie es consciente de la terrible amenaza que se cierne sobre el planeta... Hasta que Juan Guzmán, colaborador del Programa SETI y uno de los investigadores más brillantes de nuestra época, descubre los malévolos planes de la avanzadilla alien y decide organizar un grupo de resistencia. Para ello contará con la ayuda de los mejores científicos de cada área, desde físicos hasta biólogos, pasando por antropólogos, ingenieros... ¡Y mercenarios expertos en armamento y técnicas de guerrilla! Cualquier ayuda es poca para hacer frente a las aviesas intenciones de una civilización extraterrestre mucho (¡muchísimo!) más avanzada que la nuestra.

Convencidos de que la derrota es inevitable, Guzmán y sus amigos deciden retirarse a una apartada isla del Océano Índico para construir allí el último bastión defensivo de la Humanidad. Y como en la "Utopía" de Tomás Moro, el conocimiento y el progreso serán los estandartes que marcarán el inicio de una reconquista que promete ser larga.

Varios de los elementos que aparecen en la novela nos recuerdan irremediablemente a las obras de Verne o Salgari. Pese a que el estilo de Luis está muy lejos de parecerse al de estos autores (desafortunadamente, no cuenta con su misma agilidad narrativa y tampoco es que la estructura del libro se preste muy bien a ello), sí es cierto que el concepto de "novela de aventuras" está presente en todo el trabajo. Y eso lo vemos, por ejemplo, en pasajes como el que protagonizan nuestros héroes cuando deciden explorar la isla, o bien en su primera confrontación con los arquilianos. Por otro lado, la influencia del cine o la televisión es más que notable, encontrándonos con situaciones que nos recordarán a películas como Stargate (y nos referimos tanto al filme como a las sucesivas series de TV que han ido sacando a lo largo de los años, como es el caso de Atlantis), Independence Day, Campo de batalla: la Tierra (un referente bastante malo, la verdad), la aclamada (y a veces incómoda) Más allá del límite e incluso pinceladas de videojuegos como el fantástico Perfect Dark. Si tuviéramos que definir el libro con una frase, lo haríamos con un rotundo "Cuando Julio Verne conoció a Roland Emmerich". 

Ahora bien, desde mi punto de vista, el libro contiene muchísimos apartados que podrían mejorarse. Y hablamos tanto de la trama como del propio estilo del autor. Sin ir más lejos, tenemos una historia repleta de agujeros argumentales que, en algunos casos, llega a resultar irreal (cuando no absurda), y que arrastra, por consiguiente, a todo lo demás: personajes, descripciones, pasajes... El tono de la narración (en tiempo presente) tampoco es que nos ayude a meternos en situación, pero será mejor que vayamos por partes.

Empecemos con la trama. La novela parte de una idea muy interesante. Es cierto que muchos pensarán que el tema de una invasión extraterrestre ya está muy visto, pero no creo que esto importe demasiado. Una invasión es una invasión. Da igual que ya nos lo hayan contado antes. La personalidad de cada autor siempre hará de una historia algo nuevo y especial. Personalmente, disfruto mucho de estas historias y el caso de la novela de Luis no es una excepción. El esfuerzo se le reconoce.

El problema viene cuando, en lugar de enfrentarnos a una invasión alienígena, lo hacemos con una infinidad de agujeros argumentales. Ya desde las primeras páginas nos llevamos las manos a la cabeza. Accidentalmente, Guzmán recibe una comunicación extraterrestre que pronostica el fin del mundo en 2012. Consciente de la gravedad del momento, llama a sus compañeros para que confirmen sus datos. Hasta aquí todo bien... Ahora viene el momento de tomar una decisión: ¿Qué es lo normal en estos casos? ¿Avisar a las autoridades y que ellos se hagan cargo de la situación? Pues sí, sería lo más lógico. Además, seguro que incluirían a nuestros héroes en un hipotético proyecto de defensa (si no, está claro que no habría novela). Pues no. Para empezar, lo primero que se les ocurre es ocultar la información y organizar un cónclave de mentes pensantes. ¿Y qué sacan en claro de esa reunión? Pues que la guerra está perdida (!) y que nos les queda más remedio que fundar un grupo de guerrilla interestelar  Aunque lo mejor es ver cómo todos aceptan con naturalidad la situación. Sí, hay algunos gestos de incredulidad pero el optimismo es la nota predominante (algún día venceremos -afirma JB y levanta los dedos con la “V” de victoria). Pese a tratarse de un grupo de personas que apenas se conocen entre ellas, la camaradería y el buen rollo abundan por doquier. 

El resultado de esta reunión lo veremos un par de años después: gracias a una tecnología sacada de Dios sabe dónde, Guzmán y compañía han convertido una remota isla del Pacífico en un búnker inexpugnable en la que disponen de aeronaves capaces de llegar al espacio. Nadie conoce su localización. Ni siquiera China, Estados Unidos o Rusia, países en los que parece que la investigación y los avances científicos están prohibidos... Lo que guardan los laboratorios chinos o estadounidenses carece de importancia para los protagonistas. No, hay que empezar de cero y nadie debe enterarse de lo qué pasa. Si la invasión nos coge con la mitad de las cosas por hacer, no será culpa nuestra.

Veamos... Entiendo que la intención de Luis era crear una historia desprovista de cualquier significado político. Ningún país debería de llevar el peso de la defensa de la Humanidad, teniendo esta última un carácter universal (nunca mejor dicho). Pero los planes defensivos trazados por estos científicos repentinamente metidos a soldados bordean lo ridículo. ¿Por qué no informar a la ONU de lo qué ocurre? La propia ONU tiene un departamento dedicado a qué hacer en caso de contactar con una civilización extraterrestre. ¿Por qué no colaborar con la NASA o la Agencia Espacial Europea? ¿Acaso un profesor universitario cuenta con muchísimos más medios de los que disponen estas agencias? ¡Caramba, para que luego digan que nos recortan en investigación! ¿Por qué no organizar una defensa global en coordinación con los países más poderosos del mundo? Sí, vale, estoy seguro de que tarde o temprano hubieran surgido diferencias entre unos y otros, pero no es tan absurdo como fundar una colonia futurista y ultrasecreta en medio de ninguna parte. ¿Qué es mejor: a) poner todos los recursos económicos del planeta al servicio de su defensa o b) confiar tal misión a un desconocido empresario del que nadie sabe absolutamente nada (con todas las limitaciones logísticas y de tiempo que eso conlleva)? Y esto es sólo por poner algunos ejemplos.

Tales cuestiones se cargan el argumento a los pocos segundos de empezar la lectura. Pongámonos en situación: un meteorito se acerca a la Tierra y el futuro está en manos del astrónomo que lo ha descubierto. ¿Qué es lo más sensato: a) avisar a la NASA o b) que él mismo se saque de la manga un escudo antimisiles para desviarlo (todo ello llevado a cabo con el mayor de los secretos, cuidado)? Pues eso. Personalmente, creo que, de haberse tenido en cuenta los puntos que enumeraba anteriormente, la novela hubiera salido más larga y compleja, sí, pero también más realista y mucho más seria (casi tanto como un novela de Carl Sagan). Es más, hubiera sido un interesante retrato de cómo nos comportamos cuando estamos a punto de desaparecer como especie. Las posibilidades de profundizar en esta cuestión habrían sido infinitas y fascinantes. Pero en lugar de ello, Luis prefirió simplificar la historia con el resultado que ya hemos expuesto. Lo dicho, una pena.

Por no hablar de esa sociedad perfecta y elitista que vive en la isla. Sólo los elegidos por el comité de sabios puede sobrevivir. Empezamos mal. Ver a unos personajes normales y corrientes actuando como dioses es algo con lo que no puedo. ¿Quién demonios les ha dejado al mando? ¿Y cómo pueden permitirse bromear cuando han sentenciado a muerte al 99% de la Humanidad? Las bromas que el equipo de protagonistas intercambian entre ellos llegan a resultarnos incómodas e inmorales. Esto nos lleva a plantearnos lo siguiente (y que, de paso, entronca con lo que comentábamos antes): si tenían tanto interés en que la Humanidad sobreviviera, ¿por qué con contactaron con los gobiernos de todo el mundo para salvar al máximo número de personas? A mayor número de supervivientes, mayores posibilidades de organizar un contraataque, ¿no? Mientras los arquilianos lanzan su ofensiva, vemos cómo los héroes se lamentan ante el exterminio: "¡Que pare tanta muerte inútil!", "¡Cuánta vida desperdiciada!", "¡Pagarán por lo que están haciendo!"... ¡Pero si sois vosotros los responsables de lo que está pasando! ¡Sois vosotros los que habéis dado la espalda a la mitad del planeta! ¡Sabíais que esto iba a pasar y os lo callasteis! ¿A santo de qué lamentarse entonces?

Sorprende ver cómo los personajes van del llanto a la alegría en apenas un par de líneas. Un ejemplo: poco después del ataque arquiliano, las naves alienígenas van tomando posiciones sobre el planeta. Nuestros héroes piensan que es la ocasión perfecta para derribar una de ellas y se lanzan a la ofensiva. El problema está en que en esa nave hay medio millón de personas que, antes del ataque, habían sido abducidas por los aliens de cara a esclavizarlos. Lo que prometía ser una decisión que torturaría las conciencias de los "protas" se convierte en una mera anécdota cuando reducen la nave a escombros. Ni una lágrima por los rehenes que iban dentro, ni un sólo remordimiento... Después de todo, ¿qué más da? Era necesario. Punto y final. ¿Lo del Enola Gay e Hiroshima? Una tontería al lado de esto. Menos mal que Suki va a estar ahí para alegrarnos el día con sus bromas.

Lo cierto es que merece la pena profundizar en esta cuestión, dado que no es la primera vez que veo algo similar. Basta con remontarse a la primera temporada Galáctica: Estrella de Combate, la nueva (y maravillosa) versión del clásico de los 70. En uno de sus capítulos, Lee Adama, protagonista de la serie, se ve obligado a destruir una nave civil que, en teoría, está controlada por el enemigo. Adama cumple con su misión, pero la culpabilidad le persigue a lo largo de varios capítulos, algo que, por otro lado, es completamente normal. Sin embargo, en la novela de Luis no ocurre eso. Ni siquiera hay un minuto de silencio por las víctimas. No hay dramatismo. El espectáculo debe continuar.

Las Leyes de la Improbabilidad se llevan muy bien con los agujeros en la trama. Y esto queda demostrado cuando una expedición localiza en la isla los vestigios de otra raza extraterrestre que se refugió en la Tierra tras haber sido aniquilada por los arquilianos. No podían haberlo hecho en otro lugar del mundo, no... Tenía que ser en la propia isla. De verdad, me gustan estos giros argumentales, pero sorprende ver lo fácil que encajan todas las piezas. Este tipo de cosas le resta verosimilitud a la trama y hace que no podamos tomarla en serio. En mi opinión, creo que había otras formas de solucionar esta cuestión (un descubrimiento fortuito, la entrada en liza de un último superviviente de esa raza, entre otros). Hay que evitar caer en el error de crear una trama extremadamente compleja, pero también hay que respetar la inteligencia del lector.

Pasemos ahora a analizar a los personajes. Es muy difícil seguir correctamente el hilo a una novela que cuenta con más de catorce protagonistas... Y más cuando su descripción es vaga y superficial, encontrándonos con un esbozo de lo que podían haber sido. En ocasiones, cuesta muchísimo poner rostro a los personajes y, a veces, incluso olvidamos quién es quién. Da la sensación de que Luis pretende ser Verne sin conseguirlo. Este es otro de los grandes problemas de la novela: los personajes carecen de vida. Si ahora mismo me preguntaran por ellos sólo sería capaz de nombrar a unos pocos: Juan Guzmán, el descubridor de la señal extraterrestre; Suki, el (insoportable) bromista del grupo; Azriel, el multimillonario; y John Breita, el especialista en armamento. El resto no son más que meras comparsas. En una novela, un personaje debe definirse por lo que hace, y no puede decirse que el resto del elenco haga mucho más. Es más: hay personajes que mueren en el curso de la historia y en ningún caso llegamos a sentir su pérdida... Esto es así porque, sencillamente, ni siquiera llegamos a conocerlos. Para solventar este problema, recomendaría una división del libro atendiendo a la importancia que los personajes juegan en la trama (algo así como en Juego de Tronos). De esta forma, el autor tendría más tiempo para explayarse en su descripción (cosa que aquí no hace) y acercarnos más a ellos. 

Si los personajes no aparecen muy bien descritos, la narración no se queda atrás. Es cierto que Luis profundiza mucho en determinados aspectos científicos (lo que nos vuelve a recordar a Verne), pero no sucede lo mismo con la descripción que hace del entorno en el que se mueven sus personajes. Las descripciones son bastante primarias y en ocasiones algo forzadas. El peso de las mismas es llevada por los protagonistas, pero si éstos aparecen mal perfilados ya podemos imaginarnos lo demás. Todo en esta novela sucede de forma muy rápida. No hay necesidad de ir a doscientos por hora. Es necesario que el autor se detenga y haga las consiguientes pausas para respirar. Así nosotros también respiraremos. También le pido a Luis un mayor esfuerzo a la hora de describir a sus alienígenas. Que las dos especies que aparecen en el texto tengan más o menos la misma apariencia (para que os hagáis una idea, son como los humanos pero un poco más altos) denota una gran falta de imaginación o bien una limitación del lenguaje descriptivo (lo mismo que le sucede a los directores de pelis de Serie B, vaya).

No me gustaría terminar sin antes hablar un poco de la estructura del texto. Luis utiliza el Presente de Indicativo para contar su historia, algo que tal vez puede resultar chirriante si tenemos en cuenta que la novela comienza en el 2049 y que los hechos relativos a la invasión hace años que tuvieron lugar. Esta perspectiva Presente/Futuro llega a resultar confusa y no termina de encajar. Es posible que como novela juvenil sí que funcione (tanto el ritmo como la forma del texto me recuerda al de aquellos libros de "Elige tu propia aventura"), pero aún así tampoco termino de verlo. Creo que el uso de fórmulas verbales relativas a tiempos pasados (como el clásico Pretérito Perfecto Simple, el Pretérito Imperfecto o sus derivados compuestos) serían los más idóneos para esta historia.

VALORACIÓN FINAL:

Una buena idea que no termina de despegar. Así es como podríamos resumir La última isla. El argumento de la invasión extraterrestre es fantástico, pero la cosa no pasa de ahí. La trama bordea lo incomprensible en varias partes, los personajes aparecen muy difuminados (estereotipos humanos combatiendo a estereotipos alienígenas) y las descripciones brillan por su ausencia. Espero que, de publicarse una segunda edición, todos los errores que he enumerado anteriormente hayan sido subsanados. En caso contrario, me gustaría que la segunda parte de la novela (en cuya redacción trabaja el autor en estos momentos) recoja todas esas mejoras... Al menos en lo que al apartado estilístico se refiere, porque creo que la ocasión lo merece.

2 comentarios:

  1. Te agradezco tu crítica, esta realizada a conciencia y he tomado nota de todas tus indicaciones. Intentaré corregir los errores cometidos y espero mejorar la nota en el próximo "examen".
    Muchas graccias Daniel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es de agradecer ver que hay personas que lo que quieren es mejorar y aceptan una crítica objetiva sin intentar buscar escusas como hacen la mayoría.Ole tú.

      Eliminar

Si has llegado hasta aquí es que te has leído el artículo de cabo a rabo. ¡Deja un comentario, anda! ¡No me seas cenutrio!