miércoles, 28 de septiembre de 2016

El Código de Hamurabi (1)

Se trata de una compilación de leyes y edictos auspiciada por Hamurabi, rey de Babilonia, que constituye el primer código conocido de la Historia. Una copia del mismo, esculpida en un bloque de piedra negra de dos metros de alto, fue encontrada por un equipo de arqueólogos franceses en Susa, Irak, en el invierno de 1901-1902. El bloque, roto en tres pedazos, ha sido restaurado y se encuentra hoy en el Museo del Louvre de París.

El origen divino del Derecho escrito se representa en la piedra por un bajo relieve en el que el rey aparece recibiendo el código del dios Sol, Shamash (o Samas), divinidad asociada en la tradición local con la idea de justicia. El Código está compuesto por columnas horizontales en escritura cuneiforme: 16 columnas en el anverso y 28 en el reverso. El texto comienza con un prólogo que explica los cultos religiosos de Babilonia y Asiria. Más que un código en el estricto sentido, parece que los 28 parágrafos de que consta el Código de Hamurabi componen una serie de enmiendas al Derecho común de Babilonia: Comienza con una guía de procedimientos legales, imposición de penas por acusaciones injustificadas, falso testimonio y errores judiciales. A continuación se recogen disposiciones sobre el derecho de propiedad, préstamos, depósitos, deudas, propiedad doméstica y derechos familiares. Los artículos sobre daños personales indican que ya en aquellos tiempos existían penas por práctica médica incorrecta, así como por daños causados por negligencia en actividades diversas. Asimismo, en el código se fijan los precios de diferentes tipos de servicios en no pocas ramas del comercio.

El Código de Hamurabi no contiene normas jurídicas acerca de temas religiosos. Las bases del Derecho penal derivan del principio, común entre los pueblos semitas, del “ojo por ojo”. La protección del Código se ofrece a todas las clases sociales babilónicas: el Derecho protege a débiles y menesterosos, mujeres, niños o esclavos contra la injusticia de ricos y poderosos.

La mayor parte de los preceptos protegen a los propietarios de tierras o regulan los casos en los que sus intereses chocan con los de otras personas de igual posición social. A cambio, el arrendatario quedaba protegido para aquellos casos en los que no obtuviera el rendimiento acordado, sin que pudiera imputársele la culpa, por ejemplo debido a catástrofes naturales. En estos casos estaba autorizado a exigir del dueño de la tierra que se prolongase por otro año el contrato de arrendamiento. Sólo después de transcurrido este año se dividía el producto obtenido según las cuotas fijadas. Pero si el arrendatario había hecho efectivo el precio de arriendo antes de que sucediese la catástrofe, no podía reclamar una devolución no ningún tipo de indemnización. Una de estas catástrofes libraba también del pago al acreedor de los préstamos de cereal hechos o de los intereses de los mismos en el mismo año de la catástrofe.

martes, 27 de septiembre de 2016

El Período Dinástico Arcaico de Mesopotamia

Se denomina período Dinástico Arcaico o período protodinástico de Mesopotamia a la etapa de la historia de Mesopotamia comprendida entre 2900 a. C. y 2334 a. C. Basándose en hallazgos arqueológicos, se ha podido dividir cronológicamente en varios subperíodos:

Protodinástico I (2900-2775 a. C.), que cubre desde el final del período primitivo de Yemdet Nasr hasta la aparición de tablillas de barro arcaicas en Ur. Protodinástico II (2775-2600 a. C.), cuando se inicia el amurallamiento de las ciudades sumerias. La Lista Real Sumeria menciona que en Kish gobiernan Mebaragesi y Aka. En la zona septentrional de Sumeria y la región del Diyala, se detecta una amplia colonización semita proveniente de más al norte. Protodinástico IIIa (2600-2500 a. C.), que se inicia con Mesilim, lugal de Kish y los archivos de Shurupak y de Abu Salabij. Protodinástico IIIb (2500-2334 a. C.), período mejor conocido por textos hallados en Girsu y Ebla. Comienzo de la dinastía de Ur-Nanshe en Lagash, época de las tumbas reales de Ur y concluye con la unificación de la región por Sargón de Akkad.

A principios de este período se produjeron importantes cambios en el paisaje de la Baja Mesopotamia; los cursos fluviales se concentraron, reduciéndose el número de pequeños ríos y aumentando el caudal de los mayores.3 Se han observado capas de limo en diferentes excavaciones en los registros correspondientes al 2900 a. C. aproximadamente,4 lo que podría indicar que, o bien se alternaron inundaciones de importancia en diferentes regiones, o bien se produjo un único evento catastrófico que inundó completamente la región.

La concentración de los caudales fluviales propició el crecimiento de las ciudades situadas a las orillas de los grandes ríos en detrimento de las zonas agrestes. Este movimiento demográfico se vivió especialmente en la Baja Mesopotamia, si bien también tuvo representantes más al norte. La aparición de numerosas ciudades rivales llevó al fin de la hegemonía de Uruk, que había dominado la región durante los siglos anteriores, en lo que de hecho se denomina el período de Uruk. No se conoce mucho de la historia durante estos primeros siglos debido a la escasez de registros escritos, si bien, tomando como referencia los textos posteriores, se supone que estuvo marcada por las distintas alianzas y facciones de ciudades posiblemente enfrentadas entre sí. De hecho, es en este período cuando las ciudades se rodean de murallas. A finales del período los registros escritos reaparecen y demuestran haber sufrido una gran transformación desde los pertenecientes al período de Uruk. En estos nuevos textos se vislumbra la situación bélica que vivía la región. La más antigua de estas inscripciones (2600 a. C.) se ha hallado en un vaso de alabastro y sólo contiene el nombre de un lugal (rey) de Kish, Mebaragesi. Es el primer documento donde aparece la palabra lugal para referirse a un gobernante. Otras inscripciones mencionan a Uhub, considerado hijo de Mebaragesi y el Agga de la lista Real Sumeria y a los reyes de Ur, Meskalamdug y Mesanepada.

En Shuruppak se han encontrado unas tablillas que hablan de forma poco clara sobre la llegada de un contingente, posiblemente militar y aliado, para una tarea que no se especifica pero que bien podría tratarse de la defensa de la ciudad ante un previsible ataque. De hecho, tiempo después la ciudad fue incendiada; si bien ningún otro documento atestigua que Sharrupak se viese envuelta en conflicto alguno.

Sin embargo, es en el último siglo del período cuando las inscripciones se convierten en verdaderos textos conmemorativos que narran con detalle las victorias y logros de sus protagonistas. Uno de los más importantes de los que se tiene noticia es la llamada estela de los buitres, en la cual se narra una disputa entre las ciudades de Lagash y Umma. El conflicto habría sido tratado inicialmente de forma diplomática, con el arbitraje del rey de Kish, Mesilim. Al parecer esto no fue suficiente y unas generaciones después Akurgal, nuevo rey de Lagash, reanudó la guerra contra Umma. La guerra duró hasta el reinado de su hijo, Eannatum (hacia el 2500 a. C.) quien no sólo logró la victoria sobre Umma, sino que se impuso en toda la región de Sumeria, venciendo también a Mari en Asiria y al reino de Elam (actual Irán). Tras esto, Lagash mantuvo la hegemonía hasta el reinado del sobrino de Eannatum, Entemena quien tuvo que enfrentarse de nuevo contra Umma. Pese a que Lagash resultó victoriosa de nuevo, perdió la posición hegemónica sobre al resto de la región.

Hacia el siglo XXIV a. C. llegó al trono de Umma un nuevo rey, Lugalzagesi, quien comenzó la conquista de las ciudades vecinas enfrentándose a Urukagina de Lagash. Urukagina se había hecho famoso por sus reformas, que habían disminuido los privilegios de la monarquía y el clero y rebajado los impuestos al pueblo. Lugalzagesi venció a Urukagina y, tras conquistar también Ur, Uruk y Kish, se impuso en toda Sumeria. Finalmente mandó una expedición hacia el Mediterráneo siguiendo el cauce del Éufrates río arriba. No llegó a completar su imperio debido a la repentina aparición de un nuevo conquistador: Sargón de Acad.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Uruk, la primera urbanización

A principios del s. XX se produjeron importantes descubrimientos sobre los orígenes de Mesopotamia, los cuales revelaron que en el IV milenio a.C. existió el país de Sumer, importante civilización con unas instituciones y una economía altamente desarrolladas. Los primeros hombres llegaron a Mesopotamia hace unos 100.000 años (durante la interglaciación Riss-Würm), llevando una forma de vida nómada típica del hombre prehistórico. En la primera mitad del V milenio aparecen las primeras ciudades (Jarmo, Hassuna, Halaf), desarrollando paralelamente la sensibilidad artística con ejemplos de cerámica decorada. Este periodo (en el que destacan ciudades como Eridu, Ur y Uruk) llegó a su apogeo a finales del V milenio (El Obeid), y, cinco siglos más tarde, aparecieron en el sur de Mesopotamia los sumerios, los primeros pobladores de la zona. El periodo en el que se establecieron es llamado “Época de Uruk”, y en los ocho siglos que duró la primera civilización de Uruk, apareció la primera escritura, que con el tiempo se convirtió en cuneiforme. Al final de este periodo de Uruk empieza la verdadera historia de Sumer, con la llamada “Época Protodinástica”.

Uruk fue el centro de irradiación del fenómeno del urbanismo, conocido en la baja Mesopotamia y en la región de Acad. Su cultura se extendió a otras zonas próximas del curso medio y superior del Éufrates e incluso a Anatolia Sudoriental, Irán sudoccidental y Siria. La revolución urbana trajo consigo la aparición del Estado y una determinada estratificación económica y social, así como el uso de la escritura. Con ella se asiste a una separación entre la producción primaria de alimentos y a las técnicas especializadas. Las aldeas, encargadas de la producción de alimentos, no tardaron en quedar subordinadas a los grandes centros urbanos. Aparecen ahora las grandes organizaciones de los templos y los palacios, que diferenciarán substancialmente la ciudad de las aldeas. Los excedentes se acumulaban en los almacenes de los palacios, y en estos se realizaban también tareas artesanales mediante la escritura y los archivos. Templos y palacios disponían de edificios donde vivían los empleados dedicados a ellos. El personal especializado trabajaba para el estado; vivía de él directamente o recibía tierras para cultivar. Eran auténticos siervos y formaban una élite social, política y económica. Los trabajadores del palacio eran muy variados, como se desprende de las listas de profesiones conocidas. Los objetos se producían en serie, formándose una jerarquía entre maestros artesanos, obreros y aprendices. El pago del trabajo dependía de la capacidad del obrero y del puesto que desempeñaba, lo que llevo a una verdadera estratificación laboral. 

El centro de irradiación de la llamada “Revolución Urbana” fue la ciudad de Uruk, bien conocida gracias a las excavaciones. Era el más importante de los centros urbanos sumerios, como lo indican su superficie, templos y edificios administrativos. Contaba con un gigantesco santuario en uno de los recintos sagrados en el que más tarde se construiría el Zigurat. Controlaba el territorio circundante, lo que demuestra que era una verdadera capital, en detrimento de aldeas próximas a ella, que desaparecieron. Otros centros urbanos de menor importancia estaban sometidos también a Uruk. Estos se caracterizaban por ofrecer idéntica estructura en los templos, así los de Eridú o Tell Oiugair. Se trata de pequeños enclaves comerciales de Uruk en territorio indígena, o de centros autóctonos con una organización urbana procedente de la de Uruk. Al primer grupo pertenecen Godin Tepe, en los montes Zagros y Hassek Hüyük, en el alto Éufrates. Esta época se caracterizo por una gran riqueza, como lo prueban las excavaciones efectuadas en Nippur, ciudad que también formaba parte de la cultura de Uruk, al igual que los centros de Susa y Habuba Kebira. Susa tiene templos, muralla y un urbanismo procedente de Uruk. Otros centros importantes, en torno a 2900 a.C., fueron Ninive y Tell Brak, en la región de Jabur. 

La existencia de estas colonias de Uruk obedece a razones comerciales y concretamente, a la necesidad de obtener metales, piedras duras y maderas. En ellas vivían gentes procedentes de Uruk y es posible que contasen con una cierta organización política. El periodo de máximo esplendor de estas ciudades se fecha en Eanna IV. La crisis de la cultura de Uruk no parece que obedeciera a una crisis de la metrópoli, sino a un rechazo de ella por parte de las culturas indígenas. Los grupos humanos se van trasladando a los oasis del interior de la península de Omán, donde se han encontrado necrópolis que contienen cadáveres enterrados en la postura “sol poniente de verano” y “sol naciente de invierno”. Tras secarse el manantial que abastecía a estos grupos humanos, se marchan. Se han encontrado en Yebel Hafit 70 túmulos (pero hay alrededor de 200), en los que había cerámica propia de Mesopotamia (Jemdet Nasr), con lo que había importaciones. Esta cerámica también se ha encontrado en Hili y en Yebel Buhais y los enterramientos con cerámica de Yebel Hafit (antes mencionados) son indicadores de que hubo contacto de grupos mesopotámicos del período de Uruk Tardío con grupos del Golfo Pérsico, creando una cerámica autóctona.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Fuentes y disciplinas auxiliares para el estudio de la Antigüedad

La mayoría de las fuentes escritas que tenemos para Oriente próximo son de carácter administrativo. Algunas narraciones literarias tenían un carácter oral, por lo que se han  perdido. Aun con todo, algunos autores consiguieron transcribirlas y conservarlas. No hay, por otro lado, un registro narrativo de las hazañas mitológicas egipcias. Entre las fuentes externas sobre Mesopotamia y Egipto que se conservaron, destaca en Antiguo Testamento. Muchas obras de autores clásicos como Estrabón y Heródoto recogieron el mundo persa y helenístico. Muchos de estos autores mostraron su extrañeza ante las costumbres de los pueblos locales (diferencias de patrones culturales). Así, los autores sirios y bizantinos de la épica medieval recogieron muchas referencias de la actualidad.  Para el estudio de la Antigüedad nos ayudan disciplinas como la filología, la papirología y el estudio de los nombres (onomástica, topografía...).  Entre las más destacadas sobresalen:

La papirología es la disciplina que se encarga del estudio de los papiros (Fuente).

La epigrafía funeraria: Junto las fuentes escritas, también podemos estudiar la Historia Antigua de la Humanidad a partir de las fuentes derivadas de excavaciones arqueológicas. La arqueología permite obtener nuevas fuentes de investigación, como la epigrafía, la glíptica, la numismática, la paleografía… En general, los textos epigráficos (es decir, las inscripciones funerarias) son textos breves y repetitivos, por lo que hay que encontrar grandes cantidades para poder obtener una buena información, para contrastarla y compararla con otros hallazgos, y así poder determinar unas características comunes. En el caso de los epígrafes mortuorios, lo más usual es que se pueda extraer tres tipos de datos: quien murió, cuando murió, y a veces, quién era su familia. En el caso de los cargos públicos romanos, lo más normal es que también se indique que cargo o cargos públicos tuvo en vida.

Ejemplos de sellos mesopotámicos (Fuente).

La glíptica: Es el estudio de los sellos y las improntas que dejan los sellos. Pueden ser de dos tipos: cuando a la superficie se rebaja lo que está escrito se conoce como in tablio, mientras que si lo que se pone en relieve es el texto o dibujo, se llama cameo. Los sellos antiguos varían su estética, por lo que se puede saber a qué generación pertenece un sello a partir de su morfología.

La numismática: Es una ciencia auxiliar de la Historia que tiene gran importancia para el mundo clásico, mientras que en el próximo Oriente no es tan importante, ya que su economía funcionaba siguiendo un patrón de cálculo en el que no existía la moneda tal y como la conocemos actualmente, pero tampoco existía el trueque. Las monedas en Próximo Oriente se inventan solo a finales de la historia antigua en la ciudad de Lidio. Eran metales que tenían una cara con una autoridad refrendada, y el número de metal que llevaban.

La paleografía: Otra de las ciencias auxiliares de la historia antigua es la paleografía, es decir, el estudio de cómo se escribían las letras. Las letras cambian su forma de escribirlas dependiendo de la época. En Egipto se podía saber que dinastía gobernaba a partir de la forma de escribir. Se conservan más escritos paleográficos de Oriente Próximo y Egipto que del mundo clásico debido a las características paleo climáticas y geológicas del suelo.

sábado, 24 de septiembre de 2016

La destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor

El texto a comentar corresponde a un fragmento de II Reyes (también conocido como el Libro Segundo de los Reyes), uno de los 45 libros que componen el Antiguo Testamento. El título del mismo no es casual, ya que tanto este como el Libro Primero de Reyes (I Reyes) narran los hechos más relevantes del reinado de Salomón, hijo del rey David y el último monarca del Reino de Israel antes de que este se fragmentase. La periodicidad del libro abarca desde la muerte de Salomón hasta la destrucción de Jerusalén por parte de las tropas de Nabucodonosor, lo cual provocó la deportación de la población judía a Babilonia, siendo este el eje sobre el que gira nuestro documento.

Salomón visto por Pedro Berruguete (Fuente).

Si bien las evidencias arqueológicas que nos permiten conocer la historia de Israel no son tan numerosas como las de otras civilizaciones que se desarrollaron en la zona, los hallazgos sí han permitido a los expertos cotejar las evidencias materiales con las escritas. No obstante, la confianza excesiva en estas últimas ha supuesto varios problemas a la hora de reconstruir la historia del país desde un punto de vista crítico, encontrándonos en una situación en la que la fe religiosa se enfrenta al rigor histórico.

Otro de los problemas a los que se enfrentan los historiadores es que los textos bíblicos fueron escritos mucho tiempo antes de los hechos que narran, lo que nos obliga a someterlos a un cuidadoso análisis crítico, puesto que existe la posibilidad de encontrarnos con irregularidades, una información imprecisa o, directamente, intereses promovidos por el poder (no sería la primera vez que la historia se reconstruye para establecer un paralelismo entre los héroes antiguos y el monarca, encontrando así una justificación en el gobierno de este último) [1]. Teniendo en cuenta esta situación, habría que preguntarse qué fiabilidad podría darnos este documento.

Imagen idealizada de Nabucodonosor (Fuente).

Bajo el reinado de David, Israel había alcanzado un gran poder. La unificación de Palestina en un solo Estado supuso que sus monarcas fueran quienes establecieran su poder sobre las demás provincias [1], convirtiéndose así en el núcleo de la nueva configuración política de la región. El poder del reino se vio reflejado en la ambiciosa política de infraestructuras liderada por ambos reyes. Un claro ejemplo de ello lo encontraremos en la construcción del Templo de Jerusalén, construido bajo el reinado de Salomón en su política de obras públicas. Tal y como veremos en el texto, la turbulenta historia de Jerusalén hará que esta construcción tenga un carácter mítico.

Tras la muerte de Salomón, la unidad del reino comenzó a resquebrajarse, rompiéndose por completo cuando Roboam ascendió al trono. Palestina quedaría fragmentada en la propio Israel, el reino de Judá y las regiones de Edom y Moab, así como las zonas controladas por los filisteos y los amonitas.


Judá (en cuyas fronteras se encontraba Jerusalén) trató de mantener el legado mítico de David y Salomón, si bien Israel continuó siendo el reino más extenso. Como estado sucesor del Reino, Israel pretendió imponer su hegemonia a las demás regiones, provocando constantes focos de tensión entre ellas y profundizando en su división. Esta coyuntura fue la que se encontraron los asirios y, posteriormente, los babilonios, cuando invadieron y sometieron Palestina.

El siglo VIII fue clave para la supervivencia de los pueblos de la región. Los monarcas de las antiguas provincias del Reino comenzaron a ver con preocupación cómo los soldados asirios [2] hacían incursiones en sus fronteras. Esta situación desembocó en una guerra abierta cuando Israel se negó a pagar un tributo a Asiria por el cual el Imperio pondría fin a estas escaramuzas. Tras la pérdidas de sus fronteras exteriores, en pocos años casi todo el país estaría bajo control asirio. Las diferentes regiones, en lugar de unirse contra el invasor, adoptaron diferentes tácticas, que fueron desde el colaboracionismo hasta la resistencia a ultranza. En cualquier caso, las luchas internas existentes antes de la llegada de los asirios hicieron imposible una alianza contra el enemigo, habiendo casos en los que llegaron a felicitarse por la destrucción de la provincia vecina.

La división de Israel (Fuente).

En cualquier caso, las políticas empleadas por los reinos permitieron la subsistencia de unos u otros. Tal y como afirma Liverani, Judá pudo mantener cierta autonomía gracias a su política de sumisión. No ocurrió lo mismo con la ciudad de Samaria, que fue destruida. Los pueblos del sur pudieron resistir los embates asirios gracias a su proximidad con Egipto y Jerusalén pudo soportar un asedio en 701, aunque sufrió importantes destrozos.

Es cierto que Palestina ya había sufrido la presión de otros estados (como Egipto), pero la intervención de Asiria supuso una catástrofe para su economía, abandonándose una buena parte de los campos de cultivo y las infraestructuras de irrigación. A eso se le debe sumar el descenso de su población, que sufrió la pena del destierro y sentó las bases de lo que sería la invasión de Nabucodonosor. En contraposición a los campesinos, la población urbana fue desterrada. Las ciudades palestinas entraron en un período de decadencia política y se convirtieron en núcleos de poder asirios.

Soldado asirio lanzándose al asalto (Fuente).

Por otra parte, se consideraba que la invasión asiria era un castigo a Palestina por haber abandonado el culto ceremonial a Yahvé y haber traicionado el legado de Dadid y Salomón. Durante la ocupación asiria, se reivindicó el culto y la actividad religiosa, pues se esperaba que la fe ayudara a Israel a hacer frente a sus enemigos. Tanto Ezequías en Judá como Josias en Israel trataron de reorganizar el Estado en torno a la religión. Ezequías no solo reforzaró el culto, sino que además defendió Jerusalén de Senaquerib. Josías pretendió incluso reconstruir el reino de David, llegando a reconquistar algunos territorios arrebatados por Asiria, pero la amenaza de Egipto en el sur y la aparición de los babilonios frustraron sus intenciones.

Las fuentes babilonias consideran a Nabucodonosor como un monarca justo cuyas campañas fueron incruentas. A diferencia de los asirios, los babilonios trataron de construir una imagen amable de sus conquistas. En la realidad, los babilonios practicaron una política bastante cruenta en las regiones que ocupadas y las revueltas fueron duramente reprimidas. Tanto Tiro como Jerusalén sufrieron duros asedios (es curioso señalar cómo ambas provincias aprovecharon el vacío de poder dejado por los asirios para obtener un alto grado de autonomía).

Sedecías, el último rey de Judá (Fuente).

Tal y como reza el texto, Nabucodonosor convirtió Jerusalén en un estado vasallo (586 a. C.), destruyéndolo algunos años después (597 a. C.). Después de pasar tres años como feudatario de Nabucodonosor, Joaquím se rebeló contra él. Tras su muerte, su hijo Joaquín prosiguió la lucha contra el rey babilonio, quien finalmente decidió intervenir. Joaquín terminaría por ser depuesto y sustituido por su tío Sedecías, quien posteriormente también sería expulsado del trono y asesinado. Durante el asedio que sufrió la ciudad, Sedecías y su corte escaparon, pero fueron apresados por los soldados babilonios y trasladados a Riblá. Sus hijos morirían ejecutados por orden de Nabucodonosor. Por su parte, Sedecías sería torturado y llevado a Babilonia como prisionero. En su avance, las tropas de Nabucodonosor no solo derribaron las murallas y destruyeron el Templo (teniendo en cuenta la importancia política e ideológica del Templo, no resulta nada extraño ver cómo el cronista enumera las riquezas que había en su interior), sino que deportó a Babilonia a la élite que gobernaba la ciudad, así como a buena parte de la población (Liverani calcula que unas 3.000 personas fueron deportadas en la incursión de 797, mientras que en la de 586 el número sería de 1.500). Aun con todo, y pese a que en el texto (así como en la historiografía tradicional) aparece como un monarca cruel, lo cierto es que deportó a menos personas que los asirios [3].

Deportación de la población judía (Fuente).

En su destierro, la élite judía tratará de mantener la pureza de su lengua, costumbres y religión y siempre verá en Palestina (y en especial Jerusalén) su tierra. Se verán a sí mismos como el grupo legítimo que ha sobrevivido a la destrucción del reino, despreciando a aquellos que no fueron deportados y sentando así las bases de su poder tras el edicto del rey persa Ciro, quien les otorgaría la libertad cincuenta años después de su destierro, en el 537 a. C. 

BIBLIOGRAFÍA
  • LIVERANI, Mario, El antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía. Crítica, Barcelona, 1995, 795 páginas
  • LIVERANI, MarioMás allá de la Biblia, Crítica, Barcelona, 2005, 532 páginas.
______________________________
1. LIVERANI, 1995, pp. 516-517.
2. LIVERANI, 1995, p. 520.
3. LIVERANI, 1995, p. 529.
4. LIVERANI, 1995, p. 530.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El tratado egipcio-hitita

*El documento original (convenientemente analizado) puede consultarse aquí.

Nos encontramos ante una fuente escrita, cuyo autor, un alto funcionario egipcio, recogió las palabras de Ramsés II en relación a un tratado de paz firmado con Hattusil, monarca del Imperio Hitita.

Estatua de Ramsés II en el Templo de Luxor (Wikimedia Commons).

El texto fue escrito durante la última etapa de la historia del Antiguo Egipto, el Imperio Nuevo (1600-1100 a. C), en el que destacaron los faraones Tutmosis III y Ramsés II. Estos dos monarcas extendieron el Imperio Egipcio hasta Palestina y Siria, pero es la figura de Ramsés II la que ha cobrado un mayor protagonismo de cara a la Historia.

Fronteras del Imperio Nuevo (Fuente).

Ramsés II perteneció a la XIX dinastía. Reinó de 1304 a 1327 a.C.  Sucedió a su padre Seti I (al cual se hace referencia varias veces en el texto) y guerreó contra los hitititas para arrebatarles Siria, pero tras una larga guerra optó por pactar con Hattusil para repartirse el territorio. Fue un gran constructor. Embelleció los templos de Karnak y Luxor en Tebas y ordenó construir los de Abu Simbel en Nubia. En lo que respecta al medio geográfico, la vida del Antiguo Egipto se había desarrollado en la estrecha zona cultivable que se extiende a uno y otro lado del río Nilo y que se encuentra limitada por los desiertos Arábigo y Libio. Al sur, estaba limitado por el País de Kusch (Nubia y Etiopía), con el que mantenía fuertes relaciones. Al Este y Oeste, los desiertos constituían una frontera y una protección. Al Norte, se encontraba el mar Mediterráneo y una pequeña frontera con tierras asiáticas, por la que recibía inmigraciones de pueblos nómadas y que era a su vez una zona de posible expansión.

Hattusil junto a sus soldados (Fuente).

La política desarrollada por los monarcas del Imperio Nuevo se basaba en el expansionismo y en la conquista de nuevas tierras. El Imperio Nuevo fue la época de mayor esplendor del Antiguo Egipto. Las fronteras de su Imperio abarcaban parte del Desierto de Libia e iban más allá de la Segunda Catarata. Tuvo como tributarios a los príncipes de Fenicia, Arabia y Etiopía. En este período, Palestina y Siria cayeron bajo influencia  egipcia, pero la política militar del estado hitita originó un conflicto que no terminó hasta que ambos estados decidieron repartirse el territorio sirio, tal y como comentábamos anteriormente. El estado hitita constituyó un imperio en Asia Menor. Los hititas eran una aristocracia militar que sometió a los restantes pueblos de Anatolia. Durante el reinado de Mursil I, lograron penetrar hasta el norte de Siria. Ya en el Imperio Nuevo, conquistaron el reino mitanni y combatieron contra las fuerzas de Ramsés II. El Imperio Hitita desapareció debido a la acción de los pueblos del mar. El tratado de paz que firmaron con Egipto y alrededor del cual gira este comentario fue de escasa duración.

Ramsés combatiendo a las tropas hititas (Wikimedia Commons).

Durante esta época, transcurrió la historia de Moisés, que posteriormente sería narrada en el éxodo Bíblico. Su gesta de desarrolló en el Egipto del siglo XIII. 

En los primeros párrafos del texto se hace referencia a los responsables de los dos estados (Ramsés y Hattusil) y la hermandad y buenas relaciones existentes entre ellos. También son partícipes de este tratado sus antepasados y los dioses.

Monarca egipcio con prisioneros hititas (Fuente).

En el terreno militar, ambos pueblos se comprometen a respetar sus fronteras y a prestarse ayuda mutua en caso de una amenaza, ya sea interna (si los nobles del país de Hatti cometen un agravio contra su monarca (…) el rey del país de Egipto tomará venganza sobre ellos) o externa (si un enemigo extranjero viene contra el país de Egipto (…) Hattusilis, rey del país de Hatti (…) acabará con mis enemigos).

Soldados hititas y egipcios combatiendo. (Fuente).

También se hace mención al tratamiento que deben recibir los súbditos de cada reino. En este caso, los criminales evadidos que han llegado hasta uno de los dos reinos, serán devueltos a su país de origen para ser juzgados. Al igual que en los casos anteriores, este procedimiento debe de llevarse a cabo por las dos partes. El término criminales no se hace patente en el texto pero es el único nombre que pueden recibir aquéllos que huyen de la autoridad del estado. No obstante, también puede hacer referencia a aquellos individuos que se adentran por error en las fronteras de uno de los dos países.

El tratado egipcio-hitita fue una respuesta de Ramsés II ante la imposibilidad de derrotar al Imperio Hitita en la lucha por el control de Siria. El tratado tiene ciertas similitudes con otros que se firmaron posteriormente. En el siglo XX encontramos una gran variedad de ejemplos, como es el caso de los países que combatieron en las dos Guerras Mundiales. En ambas circunstancias, los estados partícipes se asistirían mutuamente en caso de cualquier amenaza. La única diferencia reside en que los acuerdos contemporáneos reflejaban su apoyo únicamente ante una  agresión externa. Aun así, la similitud es innegable. 

Bibliografía:
  • José L. Asián PeñaManual de Historia Universal, Barcelona, 1951, Editorial Bosch, 598 páginas.
  • Varios autoresEnciclopedia Santillana. Datos, hechos y nombres imprescindibles, Madrid, 2001, Grupo Santillana de Ediciones, 1.734 páginas.
  • Varios autoresGeografía e Historia, Madrid, 1996, Grupo Santillana de Ediciones, 240 páginas.
  • Víctor Alonso TroncosoLa conquista de la civilización, Muy Especial, nº 58, 98 páginas.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Arqueología y género: mujer y producción en la Edad del Bronce Europea (y 8)

Arqueología funeraria e identidad femenina.

Aparte de la cantidad y cualidad de los objetos que componen los ajuares, hay otras formas de identificar la actividad femenina y es mediante el estudio de los restos óseos, la forma y la orientación de los restos, el número de personas enterradas,  el estado de salud y otros marcadores que denotarían el esfuerzo físico que las mujeres habrían realizado a lo largo de su vida. Hablamos de mujeres distintas con experiencias distintas que se ven reflejadas en sus cuerpos. Los descubrimientos que se han llevado a cabo en el Cerro de la Encina son una buena prueba de ello [1]. Muchos de los restos hallados en diferentes yacimientos europeos poseen las garantías de conservación y la aplicación de una metodología arqueológica que nos permiten el acceso a la información que precisamos.

Esto se ve claramente en el exhaustivo análisis de los restos óseos en donde se aprecian, entre otras cosas, el deterioro físico y los problemas relacionados con la salud.

Los análisis paleoantropológicos realizados a mujeres y hombres dan una información precisa en lo que se refiere a las distintas actividades que pudieron realizar. Los restos pueden indicar unas condiciones físicas coincidentes para ambos sexos causadas, por ejemplo, por la situación de los poblados en terrenos escarpados; y otras muy diferentes en lo que se refiere a la práctica de una economía mixta en la que, probablemente, las mujeres realizan una actividad física intensa con los miembros superiores, pero no con los inferiores. Trabajos como el transporte, la molienda o la preparación de alimento coincidirían con esos patrones de lesiones, en los que el mayor esfuerzo físico se realiza con la parte superior del cuerpo.

Pero además de esas diferencias con los individuos masculinos, las mujeres también presentan condiciones físicas dispares entre sí, esto se ve evidenciado primeramente con el ajuar con el que se han hallado a algunas de las mujeres, siendo este el perteneciente al de una clase social superior al de las otras mujeres, viéndose también en el análisis de sus restos, que salvo una excepción, muestra una vida acomodada, al no verse evidencias de la realización de trabajos que requirieran mucho esfuerzo.

Aunque es bastante difícil conocer el sexo de los individuos infantiles, a través de los restos osteológicos podemos intentar aproximarnos a los ciclos de vida con relación al género en individuos infantiles a través de los serie de cambios graduales en los ajuares funerarios. La identidad de los infantiles se define a través del uso de objetos ornamentales que aparecen en los ajuares de las tumbas ya que sus identidades cambian a la vez que los individuos infantiles progresan en sus vidas. El estatus diferencial entre estos niños se marca a través del uso de ciertos metales como la plata y especialmente el oro en los objetos ornamentales. Como ya vimos en su momento, las diferencias de género no parecen ser especialmente significativas en los primeros años de vida y la profusión de elementos ornamentales sugiere una clasificación más ligada a la edad que al género, una tendencia que empieza probablemente a cambiar como los ciclos reproductivos de mujeres y hombres cambien y el tipo de trabajo que cada individuo desarrolle. El hecho más significativo es la progresiva introducción de útiles metálicos a medida que la edad se incrementa por la adquisición de dagas, cuchillos y punzones por los infantiles de edad más avanzada.

El mundo religioso y el pensamiento simbólico.

El ámbito religioso quizá es uno de los pocos aspectos de la esfera pública donde la mujer pudo desarrollarse. Ya fuera ejerciendo como sacerdotisas o bien elevadas a los altares como divinidades, la información de la que disponemos al respecto es muy abundante, sobre todo en los mundos minoico y micénico, donde encontramos una símbología religiosa con fuertes connotaciones femeninas. Es el caso de las representaciones de  hiedras y lirios, los cuales aparecen enmarcados dentro de un rito de fertilidad. En los Fresco de Thera, ubicado en la isla de Santorini, vemos a un grupo de doncellas recogiendo flores para llevarlas a un altar mientras otras mujeres las guían (Kristiansen y Larsson, pp. 171-173). No obstante, resulta llamativo ver cómo de un total de 370 individuos solo diez tengan rasgos típicamente femeninos. Aunque no podamos fiarnos de la información las representaciones, tenemos constancia de que en el minoico/micénico las sacerdotisas de los templos jugaron un papel muy importante. Hasta nosotros han llegado algunas tablillas que nos informan del traslado de jóvenes sirvientas a un templo, casi siempre coincidiendo con una fecha a una consagración a un dios.

Dickinson (2000) llega a plantearse si las figurillas que aparecen en el registro arqueológico son juguetes, desechando al momento esta teoría al explicarnos el contexto en el que se descubren, puesto que ni hay restos óseos de niños ni las figuras cumplen un cometido pedagógico. En todo momento hemos de ser conscientes de que estamos hablando de objetos con un marcado carácter simbólico y mágico. También se ha planteado que algunas de ellas representaban a un miembro de la familia que las poseía, si bien “esto no explica que se hayan encontrado varias en una misma tumba”. (Dickinson, 2000, p. 208).

Las figuras más grandes suelen medir entre 70 cm y 1,35 m. Estas esculturas suelen representar a mujeres elegantemente vestidas con trajes ceremoniales a la manera minoica y llevar adornos de guirnaldas o collares. Se piensa que podrían haber adornado los palacios que se levantaron por toda la geografía cretense.

Por otro lado, En el mundo egeo, estas estatuillas no se fabricaban únicamente para ser parte del ajuar que conformarían las tumbas (pese a que algunas de ellas cumplen de sobra esta función). Se piensa incluso que toda la población contaría con una, aunque de un material de menor de calidad que las que poseían las élites de poder (tal y como ocurre con la famosa Diosa de las serpientes, que está fabricada en loza).

En cuanto a los diferentes tipos de estauillas, cabe destacar las llamadas Plastiras, las cuales poseían rasgos masculinos y femeninos, así como las FBC (acrónimo de Figurillas con Brazos Cruzados), donde vemos a personajes femeninos adornados con joyas y, en ocasiones, con claros síntomas de embarazo. Este último modelo se opone a las del tipo “cazador-guerrero”, representado siempre por un hombre. Como podemos observar, nos encontramos ante una situación muy similar a la que vimos cuando analizamos la importancia de los ajuares en las distinciones de género: mientras que las armas son propiedad del hombre, la mujer queda relegada al ámbito doméstico.

En el mundo micénico también encontramos con objetos similares. La pose más característica es la ver a una mujer a pie y con los brazos realizando diferentes tipos de posturas, si bien hay casos en los que llegan a sostener niños (Dickinson, p. 214) o bien mantienen las manos en alto, como las diosas minoicas. Independientemente de su forma, sabemos que algunas son claramente imágenes de culto, como la Dama de Filakopi.

Lógicamente, el culto a la fertilidad está relacionado con la mujer. El hecho de encontrarnos con estatuillas  femeninas viajando a bordo de carros equipados con ruedas gemelas  (Kristiansen y Larsson, pp. 171-173) ya nos hace pensar en una suerte de culto solar que traspasó las fronteras y se instaló en Centroeuropa, convirtiendo a la figura de la mujer en un objeto de culto y veneración. Ello nos lleva a recordar de nuevo el papel de la maternidad en estas sociedades, pues si bien no era una actividad eminentemente productiva, sí servía, en cambio para asegurar la continuidad de esas poblaciones.
CONCLUSIONES:

Consideramos que buena parte de la bibliografía consultada integra a la mujer en los estudios históricos, objetivo que compartimos, pues este razonamiento obedece a la intención de reunir a los géneros masculino y femenino dentro de una sola área de estudio, pero sin que cada uno de ellos pierda su identidad. Es preciso recordar que cuando estamos haciendo historia de las mujeres, también estamos haciendo historia de los hombres. O  parafraseando a Natalie Zemon Davis: “Es preciso estudiar igual a las mujeres que a los hombres”. Creemos que para realizar un estudio coherente y útil de la Historia es necesario contar con la visión de ambos géneros, algo que los estudios femeninos aplicados tanto a la Prehistoria como a la arqueología están consiguiendo. Queda claro que la historiografía de género planteará muchos retos en el futuro. Entre otras cosas, se insta a los historiadores a no reproducir en nuestra sociedad actual sus conclusiones en torno a los estudios del pasado. Dicho de otro modo: lo que fue válido para el pasado, no puede serlo para el presente.

Por otro lado, en algunas ocasiones hemos tenido la sensación de que, lejos de ser las protagonistas directas de la Historia, las mujeres se nos aparecen en algunos textos como sujetos pasivos, lo cual es comprensible debido a los años que llevan en la segunda línea de la Historia. Pese a todo, creemos que hemos sido capaces de localizarlas y hacerlas visibles, al menos en lo que a la esfera privada se refiere.

Observamos también que hay algunas lagunas importantes en los temas a tratar por la historiografía de género. Tal es la situación de los estudios simbólicos y religiosos, en donde, pese a ocupar un papel predominante, apenas hemos encontrado referencias más allá de las que nos ofrecían los manuales de consulta de Dickinson o Kristiansen. Sabemos que las estatuillas funerarias ocupaban un lugar importante en la cosmología de estos pueblos, pero pensamos que hubiera sido oportuno profundizar en el papel que sacerdotisas y sirvientas desempeñaban en el interior de los palacios micénicos. Hemos encontrado también muy poco datos relativos a las uniones matrimoniales, a excepción de una breve referencia en la obra de Kristiansen y Larsson sobre los sistemas de parentesco (un tema recurrente en la antropología de género). Es posible que en el futuro algunos historiadores opten por esa vía a la hora de desarrollar sus investigaciones, si es que no lo han hecho ya. Por otro lado, encontramos también poca documentación relativa a la alimentación. Sabemos que las mujeres eran las encargadas de organizar la mesa, pero creemos que habría sido interesante profundizar mucho más en las tareas de recolección de alimentos, si bien es cierto que, con toda probabilidad, era una actividad de la que se encargaban los varones.

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1. Véase SÁNCHEZ ROMERO, M. 2009: “Cuerpos de mujeres: la construcción de la identidad y su manifestación durante la Edad del Bronce”. Arenal: Revista de historia de las mujeres, pp. 5-29.